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DE LO BUENO A LO PEOR: ES LO MEJOR Por José Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 16 sept. 2011 11:49 por Semanario Voces
 

 

 

 

 

Hace unas semanas, el ministro de Economía y Finanzas, Fernando Lorenzo, en un seminario que reunió a representantes  de partidos progresistas de Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, adelantó que nuestro país tendrá este año un ingreso per cápita de 15 mil dólares –recordando que en 2006 había sido de 5.974 y el pasado año por primera vez había superado los 10 mil-.

Imparable. De la carreta sin bueyes de blancos y colorados, al tren bala, mejor dicho, al tranvía modelo para armar, del FA, línea Astori y Cía. Ltda.

En medio de crisis histórica del capitalismo, Uruguay fue de los muy pocos países que mantuvieron el crecimiento del producto interno. Ajeno a las perplejidades de los que saben todo menos que van a morir. Previendo hasta lo imprevisible. Anticipándose a zozobras, jugarretas y trampas para elefantes. Sobrevolando recesión ecuménica; caída de bolsas; estallidos en cadena de super novas financieras; fraudes sistémicos; mafiosa globalización. Con Wall Street convertida en arenas movedizas y el Imperio,  jodedor arruinado (a fuerza de tanto querer robar), en mendigo con poderío nuclear (que lo mantiene en el podio). Ocupación al tope, mientras las potencias centrales se hunden en el desempleo. Con equilibrio fiscal, endeudamiento razonable y vencimientos bajo control.  Sin rutina de pensamiento ni esquemas falsamente ideológicos.

Algo que, como la fresa en el nervio, regocija a los insignes Jorge Batlle, Sanguinetti y Lacalle, ex jefes de la esclerosis, ex presidentes del tuyo-y-mío, ex gerentes de plaza financiera, ex administradores de la tapera, ex demoledores de sus partidos y la Nación; ex …; fueron; son conservadores de los de antes; ya no encandilan a nadie; chau.

Deben preocuparnos, en cambio, los compañeros que siguen aferrados a las consignas de hace medio siglo –cuando el FA era sólo una esperanza; la Unión Soviética, la mitad del planeta; se peleaba la guerra fría; Cuba no estaba regida por ancianos que se relevan unos a otros; apretábamos los dientes por reforma agraria y nacionalización de banca y comercio exterior; soñábamos con el hombre nuevo; había tiros en las calles y pasó lo que tuvo que pasar para que los demenciales del  foco llegaran a ser gobierno-. Hay activistas del archivo; coagulados en el ayer; abonados a la negativa; protestando por el qué/ el cómo/ el cuándo/ el para qué/ ¿cuál es el tema, así me opongo?/ siempre en la vía.

Y algunos dejan de hacer, contemplando sus reclamaciones, sólo porque son votos.

 

 Ferrocarril en siglo XXI/ asociaciones público-privadas/ electrificación/ multiplicar fuentes de energía/ puerto de aguas profundas/ minería/ educación para los cambios/ investigación/ industrializar nuestra materia prima/ comida o agua por tecnología/ relaciones sin fronteras ideológicas/ apertura y cerrazón al mundo/ proteccionismo focalizado/ sentido práctico/ estar al golpe del balde/ implican cierto grado de lucidez.

Las garantías de pureza llegarán a su debido tiempo. Mientras los novios avanzan hacia la boda.

El que únicamente confía en sí mismo se llama Onán.

 

Lorenzo señaló –al igual que Enrique Iglesias- a la productividad como el gran tema que el país tiene planteado para logar acuerdos “porque estamos muy cerca de haber logrado la utilización plena de nuestras capacidades”.

Indicó tres pautas de trabajo: mantener el ritmo de crecimiento, porque sin él no se sostendrían las mejoras obtenidas (¡ah, las inversiones!); amplio esfuerzo de desarrollo institucional; y redistribución del producto nacional.

      

El ingreso per cápita es cifra promedio y, por lo tanto, indicativa (de prosperidad sectorial y macroeconómica), pero equívoca (como toda síntesis que se expresa en un número): 15 mil dólares (en alza) por año y por cabeza, aquí o donde sea, es motivo de satisfacción. Sin duda. Comparativamente, dejamos el pelotón de rezagados. Ojalá podamos seguir así –aunque la realidad sea que unos ganan a rolete, en tanto la mayoría se encarga de rebajar el promedio-.

Por eso, como mayor igualdad es democracia: la imprescindible redistribución.

Ahondando esfuerzos en los que sobreviven en la marginalidad de la pobreza.

 

Quienes se oponen a Aratirí dicen que al cabo de su explotación, dentro de 50 o 60 años, quedará un brutal socavón, como ocurre con toda minería a cielo abierto. ¡Ya padecemos la tal lacra! Surge a la vista cuando la tele, todas las semanas, muestra el incendio de una casilla de plástico y cartón y mueren madre y cuatro niños/ un par de ancianos/ un muchacho/ una vieja que no pudo salir… ; o a la policía copando por un rato barrios alarma roja; o la inundación de lo que sea, agua podrida o simple mierda,  en asentamientos implantados entre la última brazada y la especulación; o la predación de escuelas por ladrones de la zona, donde comen sus hermanos o sus gurises –y los dejan sin comer-; o los efectos del viento en muros de bolsa y techos de lata;  o la transa de pasta base; o la prostitución infantil… ¡Basta! ¿A qué seguir? ¡Todos lo sabemos! ¡Agujero enormísimo en la periferia del engreimiento!

¿Cuántos son? ¿700 mil? ¿Medio millón? ¿200 mil? Cualquier cifra será demasiado.

Otros códigos. Otros valores. Otra manera de sobrevivir. Otra incivilidad. Otro idioma. Otro modo de pensar. Otro ingreso per cápita. Otro país en las entretelas de ¿un país? ¡Hay que llevar presos a los padres por formar hijos rapiñeros! ¡Pero si los padres son chiquilines al garete, recluídos en los ghettos basura que el resto de la sociedad les brinda para no verlos! Unos y otros, cuando visitan la civilidad, vienen también con lo que nosotros le hicimos para que sean lo que van siendo.

 

Con lo que rinda Aratirí (o las que sean) hay como para ir enderezando esa torcedura tan terrible y natural. Sería capaz de rezar para que se empiece de una vez, con todas las fuerzas del Estado, en contemplar solidariamente, como es debido, esa zona de derechos humanos dejada a la buena de Satán –cuna y fábrica de desgracia propia y ajena-.

Pero descuento que un presidente tupa, antes que oraciones de no creyentes, precisa equipo y tenaz ejecución ¡ya!, cosa que en medio siglo se noten algunos cambios…     

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