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DOS COSAS DISTINTAS, BIEN DISTINTAS Por Pedro Bordaberry

publicado a la‎(s)‎ 16 mar. 2012 9:52 por Semanario Voces
 

Con las limitaciones de los 140 caracteres twittereanos, fruto de los tiempos de reducción del análisis que vivimos, tuvimos un interesante y estimulante intercambio de opiniones con Alfredo García la semana pasada.

Él afirmaba que yo no debía permitir que el diario La República publicara la columna de opinión que todos los Domingos escribo. Esa columna se publica en el referido diario hace tiempo, y también en el Diario Cambio de Salto, en Crónicas de Soriano, en Reconquista de San Carlos, en Palabras Cruzadas de Salto, en mis páginas de Facebook,  mi cuenta personal de Twitter, y en varios portales de internet, además de La República.

Para Alfredo, alguien a quien respeto mucho pese a que nos encontramos en veredas distintas, el hecho de que La República mantenga una deuda impaga con la U.T.E. era motivo suficiente para que yo no permita la publicación de la misma.

Ahora, sin la limitación reducidora de los 140 signos constructores de la expresión, Voces me hace preguntas vinculadas con el tema.

Las mismas creo, tienen evidente respuesta.

Primera pregunta: ¿La resolución de U.T.E. de cortar la luz a un deudor es un ataque a la libertad de prensa?

Obvio que no lo es.

Si el corte está motivado por deudas, no hay ninguna duda que puede y, a mi juicio, debe realizarse. Me consta además que la deuda con U.T.E. existe y fue reconocida. La libertad de prensa no es una patente de corso para no pagar las cuentas.

Así de claro y sencillo.

El principio, contenido en nuestro Código Civil y que nos viene del Derecho romano, “exceptio non adimpleti contractus” (excepción de contrato no cumplido) permite que cualquier persona a la que no se le cumple con una obligación, puede dejar de cumplir por su parte. Si no se paga el servicio de luz, este puede cortarse.

Distinto sería que la U.T.E. cortara el servicio porque se escribe en un diario en contra de ella.

Pero claramente esta no es la situación.

Segunda pregunta: ¿Es lógico que un medio de prensa no pague sus cuentas al Estado?

Obvio que no lo es. Todos debemos pagar nuestras cuentas. Los medios de prensa, los ciudadanos, las instituciones de beneficiencia, el Presidente de la República, todos.

Tercer pregunta: ¿Es importante salvar a este medio para mantener el pluralismo político en la prensa?

Es importante que haya pluralismo político, pero me parece que confundir este con el financiamiento de los medios de prensa por parte del Estado a partir de no cobrar cuentas es un error grueso.

Una cosa es la libertad de expresión, la libertad de prensa, el pluralismo, y otra bien distinta la financiación de los medios.

Lo decimos desde la tranquilidad de que en momentos en que nuestro Partido estaba en posiciones de privilegio cerraron por motivos económicos medios como El Dia, La Mañana o El Diario, identificados en sus orientaciones editoriales con nuestra colectividad.

Cuarta pregunta: ¿La preservación de una fuente de trabajo justifica mantener una empresa?

Esa es una decisión política pero creo que en principio debería responderse negativamente. En especial por la injusticia que encierra frente a quienes si cumplen con sus obligaciones y financian con el pago de sus impuestos a quienes no lo hacen.

Porque de lo contrario, todas las empresas podrán decir que mantienen fuentes de trabajo y entonces nadie pagará sus cuentas.

Existe el seguro de desempleo, los programas de capacitación y reconversión, y por ende cuando una empresa no puede afrontar sus obligaciones debe reconvertirse o cerrar.

Lamentablemente este gobierno no ha sido claro muchas veces frente a estas situaciones. Lo que alienta situaciones como esta.

Quinta y última pregunta: “¿Cuál es el límite entre la libertad de prensa y la libertad de empresa?”

Son dos cosas distintas a mi juicio.

En el Libro de Estilo del diario El País de Madrid se dice, creo que con acierto, que “la defensa de la libertad de expresión pasa por el establecimiento de mecanismos de transparencia en el ejercicio de esta profesión, a fin de no arruinar el único patrimonio del periodismo: la credibilidad”.

Por ello en El País de Madrid procuran que en el diario “las opiniones – equivocadas o no – hayan sido siempre nítidas, sus dueños conocidos, sus cuentas auditadas desde el comienzo, y sus motivaciones públicas”.

La libertad de expresión es un derecho fundamental que permite la libre difusión de ideas. De él deriva la libertad de imprenta, y está contenido en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La Convención Interamericana de Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica contiene este derecho en su artículo 13.

Ese mismo artículo expresa que dicho derecho no puede cercenarse por vías o medios directos o indirectos.

Por lo que cabría plantearse si el caso de que se corte el suministro de energía por no pago a un medio de prensa ingresa dentro de la prohibición prevista.

El propio artículo 13.3 contesta de forma categórica esta pregunta: lo que no se puede hacer es “restringir el derecho de expresión por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares de papel para periódicos, de frecuencias radio eléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por otros medios encaminados a impedir la comunicación y la circulación de ideas y opiniones”.

Está claro que aplicar la “exceptio non adimpleti contractus” por no pagar la luz no es un medio prohibido por el artículo 13.

El punto por lo claro no merece mayor análisis.

Pero no quiero terminar esta manifestación de mi pensamiento sin hacer referencia a la controversia que mantuve con Alfredo García, quien generosamente me abre la posibilidad de referirme a ella.

Quiero empezar por reconocerle un punto a su favor. Mi columna, por imperio de las circunstancias que hoy vivo como es ocupar un escaño en el Senado de la República, no es la de un simple ciudadano.

Por ende que un medio de prensa publique bajo mi firma una columna los domingos, puede ser interpretado por el lector desprevenido como una suerte de aval de la situación económico financiera del medio de prensa y el no pago de sus cuentas.

Pero creo que ello no es así por los mismos motivos por los que la libertad de empresa no puede influir sobre la libertad de expresión.

Los problemas de la empresa son comerciales y afectan su futuro comercial. Los temas de la libertad de expresión son distintos de los de la libertad de empresa y refieren a mi exclusivo derecho a dar a conocer mi pensamiento.

Por eso la U.T.E, puede cortar el suministro de energía. Por eso el director colorado y de Vamos Uruguay en U.T.E., Dr. José Garchitorena, puede votar, como votó, en contra de una nueva refinanciación a las deudas de U.T.E. y cuenta con mi pleno respaldo y coincidencia cuando lo hace.

Pero al mismo tiempo yo puedo seguir manifestando mi opinión.

Es que una cosa es la publicación de mi opinión, la libertad de expresión y otra la obligación de una empresa de pagar la cuenta de la luz.

Notoriamente, además, no tengo ninguna vinculación ni comercial ni editorial con el referido diario. Por lo contrario, creo que estamos muy alejados en esos campos y ello es evidente, claro y está fuera de toda discusión.

Sería como pedirle a los periodistas que trabajan en La República que  renuncien a su trabajo porque el referido diario no paga sus cuentas a la U.T.E..

¿Qué debería hacer en el futuro cuando me llame un periodista de un medio de prensa a preguntarme sobre un hecho de la vida política del país?

¿Pedirle que me traiga los recibos de B.P.S., Antel, U.T.E., O.S.E., impuestos municipales y nacionales, antes de contestar?

¿Hoy debo preguntarle a Alfredo García y Voces, a Diario Cambio, a Palabras Cruzadas, a Reconquista, a Crónicas, a Facebook, a Twitter, si están al día con sus cuentas?

No.

Creo que no debo hacerlo y solamente seguir escribiendo la Columna los Domingos y dejar que cada uno se ocupe de lo suyo.

 

 

 

 

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