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Dr. Helios Sarthou: LA MUERTE DE UN HERMANO por José E. Diaz

publicado a la‎(s)‎ 8 jun. 2012 5:58 por Semanario Voces
 

Semana dura la pasada. El viernes, en Las Piedras despedíamos al compañero Angel Spinoglio, viejo socialista de toda la vida, y el domingo al compañero Helios Sarthou, referente señero de la izquierda nacional. Conocí a los dos hace más de sesenta años, que es decir, exactamente  en los albores de los años 50, en lugares distintos de la militancia, estaban ahora en distintos sectores, pero los dos “compañeros del alma, Compañeros”.

Hace unos años, cuando murió Raúl Sendic, un redactor de “Mate Amargo” me pidió una nota y le puse el mismo título de ésta, con  idéntico sentido inequívoco: más allá de los avatares personales de tiempos ora turbulentos, ora tranquilos, las trayectorias políticas y éticas, que siempre concebimos íntimamente unidas, y la diáfana y radical opción por los pobres, por los trabajadores, nos hermanó para siempre, hasta el último día de nuestras propias vidas.

De Sarthou puedo, pues, dar testimonio de su larga, fecunda y multifacética vida desde su juventud rebelde y comprometida. Como olvidar su militancia en el Centro de Estudiantes de Derecho (CED, miembro co-fundador de la FEUU), en el tramo final de su carrera, brillando en arduas y difíciles Asambleas, donde nuestra agrupación: “Lucha Universitaria” era minoría.

En sus intervenciones ya se pre-figuraban todas las características salientes de su personalidad: su humanismo radical y su insobornable espíritu libertario que fue nutriendo con plurales aportes ideológicos, los de la Reforma Universitaria de 1918, los del socialismo abierto a todas sus fuentes, sin el menor atisbo dogmático, los del anti-imperialismo latinoamericanista sin claudicaciones. De la etapa estudiantil recuerdo, más específicamente, su encendida defensa de la autonomía universitaria en 1951, por la que la FEUU decretó una huelga por tiempo indeterminado, a raíz de un intento blanqui-colorado de cercenarla en una de las tantas reformas constitucionales del siglo pasado: y sus formidables exposiciones contra el Tratado Militar con Estados Unidos en 1952, desde las originales posturas de un tercerismo estudiantil sin concesiones frente a los imperialismos en pugna, en plena Guerra Fría.

Terminada su carrera, se especializó en Derecho Laboral destacándose como docente excepcional, de excelente producción académica, pero sobre todo como asesor de decenas y decenas de sindicatos, cooperativas y organizaciones sociales hasta que lo sorprendió la muerte, “al pie del cañón”, trabajando en su Estudio, que sólo sirvió la causa de los trabajadores y los hombres, mujeres y jóvenes del pueblo. Difícil encontrar aquí o en otra parte, un abogado de los trabajadores de la capacidad, abnegación y entrega sin desmayo de este gran compañero. Inclusive le veíamos atenderles, en sus ratos libres, en su siempre poblado despacho parlamentario.

Pero también le conocí de cerca en sus definiciones políticas, a partir de su  izquierdismo independiente de los primeros tiempos. Pero ya en 1961, con otros compañeros de similar extracción político-ideológica, conforman la Agrupación Nuevas Bases, y, al año siguiente, junto con el Partido Socialista, la lista 41 del PN, el Frente de Avanzada Renovadora (de extracción demo-cristiana) y personalidades independiente, es co-fundador de la Unión Popular, ensayo unitario que con el Frente de Izquierda de la misma época, abrió el camino, diez años después, al surgimiento del Frente Amplio. Y Sarthou fue baluarte frenteamplista desde el inicio.

Y desde esa condición y como abogado de los trabajadores y sus sindicatos, enfrentó los golpes de Estado de 1973, el inicial del 8-9 de febrero, y el definitivo o golpe de gracia a las instituciones, del 27 de junio, con la disolución del Parlamento, dispuesta por un Presidente perjuro.

Sobrellevó en el país, sin concesiones, los largos años de la dictadura, como los doctores. José P. Cardoso, Juan J. Crotoggini y otros grandes frenteamplistas, invisibles pero reales banderas desplegadas en la larga noche.

 Y ya en la segunda legislatura post-dictadura, fue elegido, junto al inolvidable Hugo Cores, diputado nacional, encabezando la primera lista parlamentaria del MPP.

¡Qué dupla parlamentaria constituyeron!  No había tema importante que no estudiaran a fondo, en sus respectivas comisiones, y que brillo imprimían a sus intervenciones en el plenario, firmes en su mirada crítica de izquierda, inteligente en la propuesta alternativa que no olvidaba su visión de clase.

¡Que bien les vendría a nuestros parlamentario de hoy volver a las actas de las sesiones donde se registraron las intervenciones, algunas imperdibles, de estos dos grandes compañeros!.

En la legislatura siguiente, Sarthou encabezó la lista al Senado del MPP y fue su solitario exponente, brillando en la bancada del Frente y en el cuerpo, sin abandonar la firmeza y radicalidad de sus posiciones pero siempre ganándose el respeto de compañeros y adversarios. Recuerdo las opiniones laudatorias del Dr. Luís E. Mallo,  senador del PN, también un gran senador, con el que había cultivado una gran amistad en el periodo parlamentario anterior.

Recuerdo que a los inicios del primer gobierno frenteamplista, le vi por TV, junto a Jorge Zabalza, en el primer escrache en la cercanía del domicilio de uno de los esbirros civiles de la dictadura. La Policía, con nuevas directivas, mantuvo airoso el orden sin impedir la libre expresión de la libertad de reunión. Les cité al Ministerio, para recoger su versión, su consejo y su ayuda, para que estas manifestaciones discurrieran pacíficamente. Me dieron su versión, orientándome hacia los organizadores de este tipo de forma de lucha, y lo que no era poco, en momento que arreciaban las críticas de la derecha más desembozada, me expresaron su reconocimiento a las  nuevas formas de encarar esa difícil área de gobierno. Siempre sentí la calidez de su mano solidaria, ante los ataques sin pupila del populismo de derecha de los adversarios y las debilidades sin cuento de otros.

No obstante, y desde sus argumentos siempre coherentes consigo mismo, con sus posiciones y las del Frente fundacional que siempre defendió, al poco tiempo, con dolor, renuncia a la fuerza política que había contribuido a formar y que había representado en mil combates.

Ayer, un periodista radial me preguntó qué había sentido cuando me enteré de la renuncia de Sarthou al Frente Amplio. No vacilé y le dije: la misma dolorosa sensación que sentí cuando, en 1966, Raúl Sendic renunciara al PS. Que se nos iba una parte insustituible de  nuestra mejor identidad socialista y revolucionaria. Que teníamos que seguir el camino, pero andando sin ellos. Más duro, más cuesta arriba, más solos. Y, ya viejos, aferrados al mástil, que diría Quijano en uno de sus notables editoriales de “Marcha”, manteniendo las viejas banderas de una izquierda nacional, hechura nuestra, “sin copias ni calcos”, como nos enseñara nuestro común maestro, el marxista peruano José Carlos Mariátegui.

 

Por aquí me quedo, en la premura de entregar esta nota a “Voces”, a sabiendas de su modestia, consciente de que es muy pobre expresión periodística para abarcar, como quisiera, la rica e irrepetible personalidad de un gran compañero. Y expresar nuestro dolor ante la muerte de un hermano.

 

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