Artículos‎ > ‎

DROGA: POLÍTICAS AHUMADAS Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 23 ago. 2012 6:12 por Semanario Voces
 

 

 

"Locura es hacer la misma cosa una y otra vez

 esperando obtener resultados diferentes”.

             (frase atribuida a Albert Einstein)

 

Hace un par de meses, la noticia de que el Estado uruguayo no sólo despenalizaría sino que tomaría a su cargo la producción y venta de marihuana causó un fuerte sacudón en la opinión pública. A algunos les generó alarma; a otros esperanza.

 

Después, los vaivenes de las declaraciones presidenciales y las marchas y contramarchas de los proyectos de ley terminaron por generalizar el desconcierto. Al punto de que, hoy, muchos dudan de que en algún momento haya existido voluntad oficial de modificar el régimen legal de la marihuana. Tienden a pensar que el tema fue usado para distraer la atención respecto de otras iniciativas legislativas de corte más represivo, como la reclusión compulsiva de los consumidores o el aumento de penas para quienes vendan pasta base. 

¿En algún momento se pensó realmente en la despenalización?

Las cambiantes declaraciones de Mujica inducen a la duda. El hecho de que un día haya afirmado que despenalizaría, al siguiente que sólo lo haría si la iniciativa contaba con el 60% de apoyo de la opinión pública, y, al tercer día, que saldría a hacer campaña por todo el país en respaldo a la iniciativa, así como que alternativamente haya anunciado que el Estado monopolizaría la producción y venta, o que lo haría un privado, no ayudan a dar credibilidad a la postura oficial. 

Es difícil decir si desde el gobierno se pensó seriamente en el asunto en algún momento. Eso, de por sí, no es buena cosa. Porque no es buena cosa que los gobiernos siembren desconcierto.

Pero, además, si el asunto no se pensó con seriedad, sería hora de pensarlo, porque en el Uruguay empezamos a tener, cada vez con mayor frecuencia, ajustes de cuentas, motines carcelarios y muertes por encargo que tienen por motivo el narcotráfico.

Las horribles experiencias de Colombia y de México, así como, en menor medida, las de otros países latinoamericanos, deberían alertarnos sobre los peligros de seguir embarcados en la inútil y costosísima “guerra contra la droga” desatada y financiada por los EEUU.

Treinta años de “guerra contra la droga” no han evitado –o han generado- un exponencial crecimiento del consumo, el enriquecimiento sin límites de las organizaciones de narcotraficantes, la corrupción y el quiebre del poder de los Estados, el desarrollo de una violencia demencial (más de 50.000 muertos sólo en México), y una sistemática pérdida de libertades al amparo de las políticas de excepción que promueve, recomienda o impone el gobierno de los EEUU.

¿Puede el Uruguay darse el lujo de carecer de estrategia propia en una materia tan delicada e importante? ¿Puede oscilar al ritmo de las encuestas de opinión o de los impulsos del Presidente?

Proponerse, al mismo tiempo, despenalizar la producción y venta de marihuana, recluir a los consumidores de drogas, y aumentar las penas para los vendedores de pasta base (con atenuantes si son padres de familia y venden cantidades chicas), ¿no es prueba irrefutable de la carencia de línea en la materia?

El problema no es la marihuana, ni la pasta base, ni ninguna sustancia en particular. El problema es la prohibición. Porque es la prohibición la que enriquece a las mafias del narcotráfico, la que corrompe a los Estados y la que distrae en represión verdaderas fortunas que serían más útiles si se las dedicara a la educación y a la atención sanitaria.

No son las sustancias. Si prohibiéramos los tomates, o la leche de vaca, no tardaríamos en tener mafias dedicadas a plantar tomates y a ordeñar vacas.

La cuestión, entonces, es definir una política y llevarla a cabo en forma consecuente. ¿Vamos a seguir la estrategia de “guerra contra la droga”, o nos vamos a sumar al creciente movimiento mundial que da esa guerra por perdida y propone cambiar de rumbo?

¿Eso significa que el Uruguay debe despenalizar todas las sustancias de un día para el otro?

Probablemente no, porque, desgraciadamente, la estrategia prohibicionista ejerce todavía demasiadas presiones y chantajes en el mundo. Pero la coherencia de una línea se demuestra dando pasos, grandes o chicos, en una sola dirección.

Si el gobierno cree que el tema “drogas” es un tema menor, en el que puede jugar y hacer equilibrios para desconcertar a la oposición y para contentar a la vez a los prohibicionistas y a los despenalizadores, se equivoca rotundamente.

El tema “drogas” es el enfrentamiento a una de las más poderosas y peligrosas multinacionales del mundo: la del narcotráfico. Una multinacional capitalista que crece y se enriquece sin control gracias a la prohibición.

Un gobierno de izquierda no puede carecer de línea en ese tema.     

 

 

   

 

 

 

Comments