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Educación y valores democráticos: la pedagogía del ejemplo Por Denise Vaillant*

publicado a la‎(s)‎ 13 jun. 2011 7:30 por Semanario Voces


La democracia es fundamentalmente una forma de vida, y la institución educativa debe impregnarse de lo que entendemos por cultura democrática y actuar en consecuencia. Y por ser la democracia mucho más una forma de gobierno, no basta con impartir materias aisladas en el currículo que refieran a gobierno, instituciones, derechos y obligaciones cívicas. Se debe hacer del centro educativo un verdadero espacio democrático.

Es en la dinámica cotidiana de la escuela donde se aprende a convivir. Y muchos de estos saberes forman parte del currículum oculto de toda institución: se aprende en la dinámica de las aulas, en los pasillos, en el patio… en las interacciones informales. De esto se desprende que la formación en valores cívicos no puede estar a cargo de una única materia (transversalidad e interdisciplinariedad), ni circunscribirse únicamente a las paredes de la institución educativa, sino que debe trascender a la vida cotidiana en general.

¿Cómo apoyarse entonces del centro educativo para inventar un modelo de “ciudadanía” capaz de combinar construcción  individual -con el conjunto de libertades que esa construcción supone- y reglas colectivas? ¿Cómo inventar dicho modelo a través la combinación de valores y experiencia, ya que los valores -si se los entiende como “reglas”-  ya no bastan  para asegurar la cohesión social, si no están acompañados de una experiencia que les confiere sentido? El problema ya no es más el de la “internalización” de los valores, sino el abismo que se abre entre los valores y las prácticas,  o sea la dificultad para concebir y poner en práctica una verdadera pedagogía del ejemplo.

Las propuestas curriculares existentes en muchos países latinoamericanos, han sido insuficientes para revertir el autoritarismo implícito en las estructuras y relaciones pedagógicas, sobre todo si consideramos que los módulos transversales de formación en valores, además de ser sintéticos, contradicen años de prácticas pedagógicas y de estilos de relación autoritaria. Por eso es importante la idea de una "escuela democrática" referida a la participación de docentes, padres y estudiantes, en la gestión del centro y en la toma de decisiones.

Una característica importante de la "escuela democrática" es la promoción de la participación activa y responsable de los estudiantes en la vida educativa cotidiana. Sólo si la ciudadanía se enfoca de manera democrática en los centros, podrán los estudiantes adquirir un comportamiento cívico activo. Una manera de conseguirlo es dándoles la oportunidad de crear o de participar en los órganos consultivos o de gobierno del centro educativo. Además, los centros educativos deberían ayudan a los niños y jóvenes a experimentar y a practicar un comportamiento cívico responsable, no sólo en la vida escolar diaria, sino también en la comunidad en su sentido más amplio (actividades extraescolares que puedan ayudar a aquellos que por razones varias, están en situación de vulnerabilidad).

Sólo un enfoque integral puede dar cuenta de las múltiples dimensiones que integran la temática de educación y democracia. Hay que pensar en los diversos aspectos que hacen al problema; desde quienes son los niños y jóvenes que hoy ingresan a los sistemas educativos, pasando por los planes de estudio, las estrategias pedagógicas y los docentes. Necesitamos una educación que cumpla dos condiciones fundamentales: que desarrolle en niños y jóvenes la capacidad para aprender a lo largo de toda la vida y que impulse actitudes, valores y capacidades que promuevan la solidaridad y la democracia. La tarea no es simple, pero sí urgente.

*Profesora universitaria, Secretaria Académica del Instituto de Educación de la Universidad ORT-Uruguay y  Presidente del Observatorio Internacional de la Profesión Docente.

 


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