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EJERCITO: ¿PARA QUÉ? por José Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 21 dic. 2012 7:30 por Semanario Voces

En el inicio de ¡Ya! –diario flamígero que ardió durante algunos meses de 1971-, con Blankito decidimos publicar en portada una foto del Presidente rodeado por sólo militares, a la que titulamos “Pacheco junto al pueblo”. La humorada nos costó varios días de clausura y fuertes pérdidas casi antes de empezar.

De mudanza, revisando papeles, la vi, malamente trabajada por el tiempo transcurrido. Me sobresaltó. Es la misma imagen que, con motivo de alguna celebración, suele repetirse con frecuencia del embastonado  ministro Fernández Huidobro –adusto, algo teatral, prócer recién inflado, mentón al frente, boca gastada de mucho decir nada, opaca mirada hacia un futuro de fiambrera, en el infinito, o a dos pasos de distancia-, posando entre una multitudinaria cáfila de milicos coronel para arriba. La solemnidad de cúpula es tan solemne que todo casi parece una broma cuartelera. Cuando veo esa coagulación de vida, representativa de un mayúsculo yacimiento inerte, como reflejo condicionado, siempre me viene la misma idea: “¡Cuánta gordura al pedo!”. (Se sabe: nadie es dueño de su magma inconsciente; brota con la incontinencia del vómito).

 

El Ministerio de Defensa Nacional tiene asignado un presupuesto mayor al de los de Turismo/ Industrias/ Educación/ Trabajo, en conjunto; encuadra a más de 35 mil funcionarios públicos, parte sustancial de la burocracia estatal; detenta el monopolio del arsenal guerrero nacional; es cúspide de brutal división clasista entre señores oficiales y tropa; luce no estar pero está; y, al servicio de la oligarquía y encajando en estrategias imperiales, ha sido agonista en las peores crisis institucionales del país.

Hoy, época de misiles, submarinos nucleares, bombas atómicas y NASA en Marte, la tropa sigue apegada a su tradicional tarea de cuidar cuarteles –donde encalan árboles, podan césped, marchan a paso redoblado y toman mate-, y los señores oficiales, a mantenerlos bajo disciplina para cuando tengan que ser usados, las Fuerzas Armadas: ¿para qué sirven?

¿Qué creen defender? ¿Contra qué eventuales agresores? ¿Con cuánto poder de fuego y resistencia? ¿Al servicio de qué sectores de la sociedad? Cada vez que entraron en acción, la Patria, copada por sus mandos, se desintegró.

¿Imaginan  guerra con Argentina por Martín García? ¿O con Brasil, para recuperar las Misiones? ¿Invadir Bolivia por gas y estaño para las latas de duraznos en almíbar?  

Mientras las fronteras nacionales y soberanías se van diluyendo irreversiblemente en una globalización transnacional y la paz cobra valor planetario, nuestro Ejército sólo es fuerza de represión interna. Configura un costoso reservorio de violencia (primitiva, perimida, ajena al contexto internacional). Operan a cuerda -dada por los que al mayor nivel cortan el bacalao-. En escena, han sido ocupantes del propio país.

No han terminado de incluirse entre la gente porque al salir de los cuarteles “perdieron los puntos de referencia” y, luego, en democracia, con hilos de su brutal imposición,  niegan todo dato esclarecedor, asumiendo, con el mafioso Yabrán, que únicamente la impunidad es verdadero poder.

¡Caramba, Ñato (según era previsible), comandás un peligro casero entre obsoleto y bastante más que virtual!       

Ha habido reuniones, aquí, de dirigentes castrenses del hemisferio para armonizar el papel de los ejércitos, donde a nada concreto se arribó.

Están la UNASUR, el Pentágono, la OTAN, los silenciosamente vigentes acuerdos de Yalta, China, las logias y centros militares locales, los pichones de Napoleón caídos del nido, los sindicatos patronales, el anticomunismo de mil sinónimos, los alarmadores públicos, el cerrado conservadurismo de lo que a algunos sirve para algo, en fin, está la esclerosada maquinaria armada (de cuarta) que sigue pesando como una lápida sobre el costo país y su porvenir.

 

¿Guardia Nacional, como en Costa Rica?

¿Fuerzas Conjuntas con la Policía?

Quienes dicen saber, sabrán.

Que los milicos también propongan novedades que los saquen del aburrimiento y el gasto inútil y sirvan a la sociedad con otra funcionalidad.

Que el gobierno del FA se plantee, no copar con partidarios las FFAA, sino guardar nuestros cielos y aguas jurisdiccionales, transportar con naves de bandera nacional y ayudar de inmediato a las víctimas de quebrantos de salud y de accidentes naturales, haciendo cosas tangibles día a día, mutando la tracción a sangre por equipamiento de última generación.

Es preciso encarar el tema sin prejuicios y con lucidez.

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