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EL ACTO DEL 26 DE MARZO Por Ignacio De Posadas

publicado a la‎(s)‎ 26 mar. 2011 12:17 por Semanario Voces


VOCES  me ha invitado a responder: ¿qué reflexiones tuve al día siguiente y cuáles tengo hoy?

No recuerdo haber reflexionado sobre el acto al día siguiente, pero sí tengo viva una memoria del mismo 26.

 

A la sazón yo trabajaba para la candidatura de Wilson Ferreira, cuya sede partidaria quedaba en los altos de la Quesería Villarmarzo, sobre la calle Yí. Como vivía en Canelones y Ejido, solía ir a pata y el 26 –obvio- incluí en mi recorrido la Explanada Municipal, en la que promediaba el primer acto de un fenómeno político atípico, llamado Frente Amplio.

Mis recuerdos no son de reflexiones muy  sesudas (lo que tampoco era mi estado natural permanente) sino, por el contrario, de típicos cálculos políticos: la Explanada estaba repleta, cosa que los partidos de izquierda nunca habían conseguido. O sea: ¡qué peligro!

Con ese sentimiento llegué a reunirme con Wilson. Sus primeras palabras fueron: “¿Qué tan grande es el acto?” Más baqueano que yo, temía un batacazo. Hay que tener presente que en aquellos tiempos no había tanta tele ni, mucho menos aún, tanta encuesta, con lo que la cosa se medía por metro cuadrado lleno en los actos.

“Bruto acto”, fue mi respuesta, entrando en los detalles típicos: si llegan de Ejido hasta Médanos, si la gente estaba muy o poco apretada, etc. Wilson no se julepeó con el informe: “Si metemos la mitad en Belvedere (primer acto montevideano de su campaña), no hay problemas de ese lado”

Para mí, la reflexión fue más por el lado de dudar si se trataba de un quiebre sustancial en la larga historia de desavenencias y fracturas de la izquierda uruguaya. No recuerdo si lo juzgué con escepticismo, pero estoy seguro de no haber imaginado la evolución que ese fenómeno político iba a tener.

En los tiempos inmediatos, de cara a la elección del ’71, nuestras preocupaciones estaban centradas en el Partido  Colorado y, algo menos, en la capacidad de la otra vertiente nacionalista para arrimar votos. Pasada (y perdida) la votación, los hechos (y deshechos) posteriores atrajeron nuestros ojos hacia otros temas. No guardo recuerdos acerca del Frente en esa época.

La segunda parte de la pregunta (y de la penca, que parece haberse armado en VOCES, acerca de si yo agarraba viaje para escribir), ya me cuesta bastante más. Evaluar al Frente hoy, para empezar me tinca a medio impertinente. Imagino cómo me caería a mí una evaluación del Partido Nacional por parte de Couriel o Lorier (por mencionar algunos ejemplos al azar). Pero como espero que me toque algo de la penca, van aquí algunas reflexiones.

En cuanto a estrategia electoral, creo que no hay dudas de su éxito, sobre todo a partir de los ’90 y hasta el presente. Más difícil (y más impertinente), es intentar una evaluación acerca del contenido político del Frente y sus influencias sobre la realidad del país. Daría para mucho tiempo. Pero coloco aquí apenas algunas reflexiones.

Con la caída del Muro de Berlín (y la ayuda que significó el cúmulo de errores y horrores de la dictadura), el Frente recibió dos estímulos casi a la vez; la liberación de la mochila marxista y la aureola de una resistencia heroica. Fueron  inyecciones de vitalidad pero, andado el tiempo, el primero revela su ambivalencia: utilísimo electoralmente pero ambiguo  (o directamente negativo), en cuanto al fondo. Si hoy existiera todavía la URSS, con su andamiaje ideológico y sus vínculos con parte de nuestra izquierda, su atractivo político electoral sería muchísimo menor, pero la desaparición del llamado Socialismo Real (precedida de igual camino por el Eurocomunismo), hace que sus contornos ideológicos sean mucho más difusos. Buena cosa a la hora de captar votos, pero débil pegamento y flaco atractivo a la hora de gobernar.

Las viejas banderas: Reforma Agraria, Estatización, Proteccionismo, Democracia Industrial…, hoy piantan votos, pero, ¿qué le ha quedado al Frente de contenido filosófico o ideológico? Bajo Vázquez las raíces de los árboles ni sintieron el paquete de políticas aplicadas: equilibrios macroeconómicos, prudencia financiera, algunas medidas en materia laboral y las llamadas Reformas (tributaria y de la salud).

 No digo que fueran necesariamente malas líneas de política, sino que deben ser muy poco “llenadoras” para la izquierda. Y el fenómeno está produciendo efectos bajo el actual gobierno, donde los esfuerzos del Presidente por calmar ardores partidarios son notorios.

El Frente capturó al batllismo y así ganó las elecciones, pero luego el batllismo ha capturado al Frente y le dificulta la tarea de gobernar.


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