Artículos‎ > ‎

El caso Suárez. LA DICTADURA DE LO “POLÍTICAMENTE CORRECTO” Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 16 feb. 2012 8:05 por Semanario Voces
 

 

 

El hecho de que Luis Suárez sea un gran jugador de fútbol no debería incidir en la forma en que es juzgado por sus actos. El hecho de que sea sudamericano tampoco. De la misma manera, el hecho de que Patrice Evra sea de raza negra no debería otorgarle a sus palabras más credibilidad que a las de cualquier otra persona.

 

Sin embargo, la FA (la asociación inglesa de fútbol) sancionó al jugador uruguayo Luis Suárez, con ocho partidos de suspensión y el pago de una multa de más de sesenta mil dólares, en base a la declaración de la supuesta víctima, el jugador negro Patrice Evra, que acusó a Suárez de decirle “negro” más de una vez en el curso de una acalorada discusión que mantuvieron durante un partido de fútbol.

Observo lo que llevo escrito y veo que he usado varias veces la expresión “no debería”. ¿Qué quiere decir “no debería? ¿De acuerdo a qué códigos, la condición de gran jugador de fútbol, la de sudamericano, o la de negro, no deberían aparejar diferencias en el trato o en la credibilidad? Porque toda referencia a un “deber” o a un “no deber” implica, necesariamente, la aplicación de un código, de un criterio acerca de lo que es debido o indebido. Pues, bien, ¿qué código o criterio estoy aplicando en este caso?

No tengo más remedio que admitir que estoy aplicando viejos –muy viejos- criterios jurídicos acerca de las garantías que deben rodear a cualquier acto de juzgamiento.

Esos viejos criterios establecen que, no importa cuán grave sea la acusación hecha contra una persona, debe tenérsela por inocente hasta que se pruebe su culpabilidad. También establecen que es el acusador quien debe probar la culpabilidad del acusado y no el acusado quien debe probar su inocencia. Y establecen que las pruebas deben ser objetivas, es decir perceptibles por otras personas, o, lo que es lo mismo, bastante más que la simple palabra o testimonio del acusador.

El fundamento de estos criterios es la vieja y garantista noción de que es preferible que un culpable escape al castigo antes de que un inocente sea injustamente castigado.

La cuestión es que todos estos criterios parecen haber sido ignorados por la asociación inglesa de fútbol.

Luis Suárez fue condenado tomando a las acusaciones de Evra como principal y casi única prueba. La resolución de la FA que sancionó a Suárez parece no haber tomado en cuenta que, durante la discusión, el propio Evra habría aludido a la condición de sudamericano (¿sudaca?) de Suárez y que lo habría amenazado con darle un golpe de puño. 

He podido leer algunos pasajes de la resolución de la FA y debo decir que la transcripción de la discusión entre los dos jugadores es sencillamente inverosímil. Según el documento de la FA, Evra (que habla español) le habría inquirido a Suárez acerca de por qué lo había empujado. Y Suárez le habría contestado “Porque eres negro” (sic).

Como todos sabemos, los uruguayos somos afectos a aludir a aspectos físicos del rival para insultarlo o provocarlo, en especial en los deportes. Los términos “gordo”, “pelado”, “petiso” (o “enano”), “cabezón”, o  “negro”, son usados habitualmente para agraviar o irritar al rival. Sin embargo, raramente son usados solos. Es mucho más usual que se le grite (al rival o al juez) “pelado de m…..”, o “gordo c… roto”, o “enano chupa p…”. Para cualquiera que conozca la técnica uruguaya del agravio, es muy difícil que Suárez (o cualquier jugador uruguayo), estando enojado, se hubiera contentado con decirle a Evra: “porque eres (sic) negro”. Nooo. Eso es increíble. Suena a insulto de preescolares. Como mínimo, cualquier jugador fogueado habría dicho “negro (o gordo, o pelado, o enano) de mierda”. Es lo mínimo.

¿A qué quiero llegar? A que la declaración de Evra es falsa. Seguramente centró la acusación en la palabra “negro” porque sabía que eso despertaría las iras de la “corrección política”, para la que, inexplicablemente, ser tratado de “negro” es mucho más grave que ser tratado de “de mierda”.

El caso Evra-Suárez es anecdótico. Hablamos de dos jugadores archifamosos y millonarios. Ninguno de los dos sufrirá hambre o dejará de ganar millones por haber participado en este episodio. De hecho, ni siquiera estoy defendiendo a Suárez, aunque cuenta con toda mi simpatía como jugador. Pero el caso es revelador de la forma en que se está tendiendo a impartir justicia en el mundo.

En primer lugar, el juzgamiento, que ha concitado la atención mundial, no se realiza ante un tribunal estatal, sino ante un organismo futbolístico. Nótese que, si hubiese habido una injuria real, es decir un delito, seria el Estado inglés el que debería haber intervenido. Pero no fue así. Todo el asunto se trató ante un organismo privado, no estatal, un organismo corporativo que regula al mundo del fútbol, regido, como es sabido, por intereses muy poco límpidos y transparentes.

En segundo lugar, como ya dijimos, se saltearon todas las garantías que deben rodear a cualquier acto de juzgamiento.

En tercer lugar, se adoptó un criterio arbitrario (aunque “políticamente correcto”), por el que un insulto en particular (en caso de que “negro” lo sea) es considerado más grave que cualquier otro (ya fuera proferido por Suárez o por Evra) e incluso es considerado más grave que la amenaza de agresión física.

En cuarto lugar, la gravedad del supuesto insulto no es medida por la intención de dañar de quien lo profiere ni por el sufrimiento de quien lo recibe, sino por el interés político en demonizar cierto tipo de conductas.

Para terminar, por sobre todas las cosas,  la “discriminación positiva” convierte en un delito gravísimo cualquier alusión a la raza (negra) de una persona, en tanto tolera que, en el mundo, millones de personas de esa misma y de otras razas mueran de hambre o de enfermedades curables.

Suena demasiado a hipocresía destinada a aliviar conciencias del primer mundo, ¿no?. De ese primer mundo que, al mismo tiempo, bombardea a países africanos y discrimina sin rubores a los “sudacas” y a los inmigrantes africanos que buscan trabajo en Europa.

Sancionar a Suárez (y aparentar proteger a Evra) es mucho más barato que abrir las fronteras de Europa o hacer más justos los intercambios comerciales con los países de los que provienen el “sudaca” Suárez  y el “afrodescendiente” Evra.

La “discriminación positiva” y su aura de “corrección política” son en el fondo grandes coartadas para disimular la falta de justicia real.

El hecho de que esa pseudojusticia la imparta un tribunal de fútbol no hace más que confirmar el carácter paródico de todo el asunto           

 

     

 

  

Comments