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El discurso del Pepe Por Omar Paganini

publicado a la‎(s)‎ 8 oct. 2013 6:06 por Semanario Voces

El Pepe hizo su discurso en la Asamblea General de la ONU 2013. Se dio el gusto. Un discurso filosófico, que proyecta al mundo su visión de viejo luchador con cicatrices y  aprendizajes. Acá en Uruguay, el discurso generó comentarios positivos. Muchos se sienten identificados con su filosofía anti-consumo, anti-poderosos, pro-paz, pro-medioambiente, pro-América Latina. Los que critican, le cuestionan que no puede pasar del dicho al hecho, que no puede ejecutar lo que sueña. Que no es un buen líder. En fin, no le critican la filosofía, sino la práctica.

 

 

 

 

Sin embargo, a mí es su filosofía lo que me preocupa. Sobre todo, la falta de anticuerpos que tenemos contra ella, razón de que haya llegado a ser nuestro presidente. Una filosofía que nos hizo encandilar con la revolución en los sesenta y ahora, más experientes, nos hace soñar con un impreciso socialismo de poco laburo y mucho empleo público. Una filosofía cuyas consecuencias en última instancia son el subdesarrollo.

 

Me explico. Para el Pepe la humanidad está en una loca carrera de consumo que agota los recursos naturales mientras nos promete una falsa felicidad de bienes materiales. Según él, hemos sacrificado los dioses de antaño al Dios Mercado, y el marketing gobierna todo, desde los cementerios a las maternidades. Para peor, lo financiero se impone a lo productivo y, simultáneamente con esto, los poderosos cultivan la guerra y atropellan a los pueblos pobres.

 

¿Cuál es el problema con esta visión? Que ese mundo supuestamente tan apocalíptico del mercado, ha sacado más gente de la pobreza en cincuenta años que cualquier otra alternativa. Que si hoy somos siete mil millones hace cincuenta años se hablaba de la catástrofe terrible de la superpoblación... ¡con tres mil millones! Que la expectativa de vida en casi todos los países mejora, que las mujeres de a poco van ganando un lugar equitativo, que la diversidad racial, de credos y de culturas, de orientación sexual y de ideologías de a poco se va extendiendo por el mundo, cuando hace solo setenta años millones de personas eran asesinadas en guerras de escala global. O sea, ni somos más pobres, ni hay más guerras, ni muertos en la guerra, vivimos más y tenemos acceso a mas bienes tangibles e intangibles. No está tan mal, ¿no?

 

 Hace 50 años, un niño del interior del Uruguay tenía acceso a menos libros que los que se cuentan con los dedos de una mano. No tenía televisión, ni luz, ni teléfono. ¡Y era el Uruguay de Maracaná! Iba a caballo a la escuela. Hoy todo eso ha cambiado, y hasta tiene Internet. Lo llevan en moto o auto. Está conectado con el mundo. Tiene cobertura de salud. Va a vivir setenta y cinco años, no cincuenta.

 

Que hay problemas sociales, es evidente Algunos gravísimos. Algunos relativamente nuevos, como el SIDA. En algunos países hay inestabilidad política, o el resurgir del pensamiento integrista y fanático. Todavía hay pocos países realmente democráticos. La violencia en las ciudades es creciente, ciudades que se agrandan con fragmentación social. No es el paraíso, y hay mucho para hacer, seguro.

 

Mujica sabe que estamos mejor, por eso dice “lo cierto es que la población de multiplicó por cuatro y el PIB creció por lo menos veinte veces en el último siglo”. Cada persona accede a cinco veces más recursos, aunque seamos cuatro veces más que hace cien años. Ese mercado tan criticado además ha generado algunas sociedades de las más plurales, prósperas y libres de la historia (pensar si no en Holanda, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Nueva Zelandia entre otras). Es cierto que en las sociedades modernas el estado juega un papel regulador y a veces orientador. Claramente no se trata de una antinomia Estado versus Mercado, Bien versus Mal. “No nos comamos esa pastilla”.

 

Además, nos guste o no, el Dios Mercado no es más que un mecanismo de decisiones descentralizado: es el consumidor el que decide y asigna recursos, al comprar una cosa u otra.  Que hay fallas del Mercado, ¡claro que sí! Que hay que regularlo para evitar concentraciones y abusos de posición dominante, o facilitar el acceso a sectores excluidos… ¡Por supuesto! ¿Los mercados pueden ser cortoplacistas y sufrir "efectos de manada" y "burbujas"? Sí, lo sabemos y los hemos sufrido. Pero el temido "Dios Mercado" somos nosotros mismos. Y cuando alguien lo critica, hay que preguntar qué está proponiendo a cambio. Cuando Mujica lo personifica en un supuesto "Dios", está caracterizando al mercado como algo externo y malo. Tal vez para él las multinacionales del consumo, la Coca Cola, Nike, Apple, Mac Donalds, sean la encarnación de este Dios maligno. La culpa la tienen esas entidades externas, que podemos responsabilizar y contra quienes podemos despotricar.

 

En el “sentido común Mujica” al maligno Dios Mercado se agregan otros dos socios. Primero, el temible Sistema Financiero. Los bancos son “la cúspide del poder mundial”, dice: el capital financiero, especulativo, que acumula sembrando hambre y miseria. Pero todos sabemos que los bancos son un mecanismo imprescindible para canalizar el ahorro hacia la inversión, otorgar crédito a los emprendimientos productivos para que puedan desarrollarse. ¿Hay distorsiones en el sistema financiero? Todos lo hemos sufrido. ¿Cuesta dejar caer un banco, porque maneja los ahorros de muchos? Hasta el gobierno del Pepe lo sabe. ¿Algunos se pasaron de listos y generaron burbujas y crisis? Por eso hay que regularlos y controlarlos. Pero no existe esa separación tajante entre “lo productivo” y “lo financiero”. Sin lo financiero lo productivo no existe. Calloia lo sabe mejor que nadie. Y Mujica lo apoya.

 

Finalmente, nos presenta su tercer villano: los “Estados Poderosos”. “Las grandes naciones, como quieren retener el poder bloquean a la ONU,... cercenan a la historia el germen del acuerdo de paz”. “Difícil inventar una fuerza peor que el nacionalismo chovinista de las grandes potencias”. Parece que no existieran conflictos locales, son las potencias las que quieren “cercenar el germen de paz”. Que ellas operan, es evidente, pero en general lo hacen sobre “incendios” locales. Defienden sus intereses, pero en territorio fértil. Y la ONU ha moderado, suavizado y prevenido conflictos y guerras. Ni Serbia, ni Kosovo, ni siquiera Siria, fueron las terribles guerras que podrían haber sido, por la ONU y los mecanismos de negociación y contención que operan. Como toda institucionalidad internacional, es débil, y el poder de las potencias incide. No hay que ser ingenuo, pero es el único camino viable.

 

Se les reclama a los países ricos que nos saquen de la pobreza. Según Pepe es su responsabilidad. Pero ¿hasta qué punto los japoneses, holandeses o franceses son responsables de la pobreza en Uruguay? Aceptemos que las grandes potencias tienen poder y deben ayudar, pero si en nuestro país hay pobreza, dediquémonos a solucionarla, prosperando, creciendo y desarrollándonos. Esforzándonos y produciendo para el mundo.

 

En la visión del presidente, entre el Dios Mercado, el Capital Financiero y los Estados Poderosos, está “el Mal”. Son las fuerzas que nos impiden volver a un idílico estado de naturaleza, tomando mate en el campo mientras los gurises juegan a la pelota. Y estos demonios tienen tres características: están en el Norte, solamente les importa acumular y son grandes. Nosotros, en el Sur, somos chicos, pobres y humildes, somos rústicos pero solidarios, rurales y campechanos. Sin embargo no podemos ir contra ellos. Jugamos en su cancha. Nos reunimos con sus líderes. Pero sí podemos criticarlos, porque somos sabios. No tenemos más remedio que funcionar en el mundo, pero displicentemente. Vamos al futuro “reculando”, a media máquina. Orejanos y baguales, aunque nos hayan puesto el freno... Filosofamos contra el mundo y sus mecanismos, pero los tenemos que aceptar. Tal vez, muy en privado, reconocemos que nos gustan un poco, que no nos va tan mal…

 

Con esas ideas tan contradictorias ¿cómo motivarnos para crecer y desarrollarnos? ¿Cómo educar hijos? ¿Resignarlos a la frustración ante un mundo “malo”? ¿No hay una alternativa más sana, como la de intentar construirnos un lugar en el mundo, con esfuerzo, habilidad, dedicación? Buscar la prosperidad con nuestro trabajo, atrayendo inversiones, desarrollando nuestras capacidades con la educación. Muchos países lo están logrando, pero no juegan “a media máquina”, no justifican sus fracasos, aprenden de ellos. Se hacen cargo de sus problemas. No se refugian en la falsa modestia de aquel que “la va de humilde” pero se siente mejor que todos, más sabio y mejor persona, porque culpa a otros de nuestros problemas.

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