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Elección en el FA ¿MÁS DE LO MISMO? Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 30 mar. 2012 7:18 por Semanario Voces
 

 

Cuatro candidatos fueron admitidos por la estructura orgánica para competir por la presidencia del Frente Amplio. Demasiados candidatos… o muy pocos, según se mire.

Si las candidaturas pretenden reflejar la diversidad de posturas ideológicas y de organizaciones político-partidarias que conviven en el Frente, los candidatos son muy pocos. Pero, si se pretende que la elección refleje la real correlación de fuerzas existente en la interna frenteamplista, son demasiados. 

En el Frente, lo tradicional era la heterogeneidad. Fue siempre una organización compleja, compuesta por partidos doctrinarios, sectas históricas de la izquierda, viejas listas emigradas de los partidos tradicionales, agrupamientos ocasionales en torno a figuras relevantes y un enorme número de militantes y adherentes independientes. Por eso, históricamente, la estructura orgánica se integró en base a criterios de representación no demasiado conmensurables, haciendo lugar, a la vez, a representantes de los  grupos políticos, a individualidades influyentes y a representantes territoriales, provenientes de los comités de base y las coordinadoras.

Sin embargo, desde hace algún tiempo, esa heterogeneidad tiende a simplificarse, a ser “aspirada” por dos grandes polos: el MPP y el Frente Líber Seregni (FLS), o, caricaturizando un poco, por el “mujiquimo” y el “astorismo”.  

Alrededor de ese tenso eje, compuesto por el MPP y el FLS, gira la orgánica frentista y sobreviven, es cierto, algunos partidos y decenas de grupos, listas, agrupaciones y frentecitos que porfían en mantener su identidad, aunque buena parte de ellos sean simples “sellos”, sin existencia ni significado político real.

Hay dos grandes razones para esa polarización.

Una es de fondo. La composición social del Frente Amplio es una clara alianza entre capas medias de la población y otros sectores, social, económica y culturalmente más desfavorecidos e incluso semimarginales. Esa alianza no puede menos que manifestarse en sensibilidades, discursos y aspiraciones diferentes.

La otra razón, circunstancial, es que la llegada del Frente al gobierno obliga a traducir las vagas intenciones programáticas en medidas concretas, en las que es más difícil disimular las diferencias, tanto de sensibilidad como de intereses.

El astorismo, en el que predominan las capas medias, se jacta de manejar exitosamente la política económica, que privilegia a la inversión privada extranjera y, en el fondo, más allá de algunas políticas sociales, confía en el “derrame” de la riqueza.

Desde el MPP, en el que predominan los sectores sociales menos favorecidos e incluso alguna sensibilidad marginal, se emiten periódicos gestos y/o “bufidos” de disconformidad en reclamo de políticas más populares, aunque el sector no logra proponerse ni plasmar una gestión económica alternativa.

En torno a estos dos grandes bloques tienden a alinearse los otros partidos y grupos del Frente. Incluso una figura como Tabaré Vázquez debe inclinarse a menudo hacia uno u otro bloque, como lo hizo, hacia el astorismo, en las elecciones internas de 2009

Sin embargo, los dos sectores se necesitan. El control de la economía, que es el principal crédito del FLS, sería imposible sin los votos y el aval político del mujiquismo. Y parece evidente que el MPP no se atreve a asumir por sí la gestión económica, ni siquiera para imprimirle un sesgo más popular. Es decir que ninguno de los dos, por sí solo, puede por ahora ganar elecciones ni gobernar

Desde esta perspectiva, la próxima elección (en la que presumiblemente votarán más los militantes activos que los simples adherentes) tiene fuertes chances de convertirse en una nueva pulseada “fraterna” entre los dos bloques. Las candidaturas de Mónica Xavier, socialista pero apoyada expresamente por el FLS, y de Ernesto Agazzi, tupamaro y por tanto del riñón del MPP, expresan esa tendencia.

Es probable que el FLS, al hacer alianza con el Partido Socialista, haya jugado mejor sus cartas electorales. Además, en materia de imagen, cuenta con la ventaja de que el equipo económico es visto como competente y exitoso (“eficaz para hacer lo que hace”). En cambio, la gestión en otras áreas del Estado –salvo por algunos chispazos, a menudo del propio Mujica- deja dudas sobre la capacidad del MPP para definir y ejecutar políticas y para manejar la institucionalidad.

Resta preguntarse dos cosas.

La primera es si la postulación de un miembro del MLN, sin alianzas con otros sectores, es un error estratégico del MPP o es señal de que el sector renuncia a controlar a la vez la presidencia de la República y la del Frente Amplio.

 La segunda pregunta es si la candidatura de Enrique Rubio, o la de Juan Castillo, lograrán una convocatoria significativa de frenteamplistas que se resistan a la polarización planteada.

Por el momento, cabe pensar que la presidencia del Frente quedará en manos de uno de los dos grandes bloques.

Eso, más allá de ajustes de cuentas sectoriales, augura pocos cambios en la gestión del Frente y en la de gobierno. En definitiva, más de lo mismo.   

 

 

 

 

 

  

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