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Elecciones 2014: el punto de partida Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 4 oct. 2013 10:30 por Semanario Voces
 

La de hoy es la primera de muchas columnas que dedicaré, en Voces, a la campaña electoral. En la medida en que se vayan conociendo las propuestas de los candidatos, sus equipos, sus programas, tendremos materia prima para analizar e intentaremos analizarla. Estamos en el punto de partida porque estamos en octubre y en un año estaremos votando en las elecciones del Parlamento y en la primera de una o dos instancias, también al Presidente. Estamos en el punto de partida porque ya están todos los precandidatos más importantes en carrera, comunicándose con sus electorados de las maneras más diversas, como la más tradicional que consiste en las recorridas por barrios de Montevideo y localidades del Interior, hasta las meramente mediáticas y en todos los casos con ritmo de campaña. Estamos en el punto de partida porque ya se ha dado la mayoría de los realineamientos típicos de los períodos de pases preelectorales, que, como siempre, se fundamentan en la comunidad de ideas, principios y valores.

¿Cuáles serán los equipos y entornos más cercanos a cada precandidato y las personas más influyentes sobre ellos? ¿Qué y cuánto dirán sus respectivos programas de gobierno? ¿Qué rol desempeñarán los institutos, centros o fundaciones que suelen acompañar o, a veces tan sólo decorar, cada candidatura? ¿Cuán profundo irán los precandidatos en sus propuestas? ¿Serán del tipo “más vale ser rico y sano que pobre y enfermo” o lo serán de verdad? ¿Discreparán radicalmente con los adversarios mostrando una amplitud de opciones que sólo lo es para la tribuna o las propuestas serán relativamente próximas entre sí, como termina sucediendo cuando se accede al gobierno?

De hecho hay algunos temas que parecen dividir radicalmente a la dirigencia política según el partido al que pertenecen, pero en los hechos tengo la impresión de que no ha de ser tan así. Me refiero, por ejemplo, a los casos del IRPF, los “corporativismos” y las políticas sociales. Estoy seguro de que independientemente de quién encabece el próximo gobierno, el IRPF seguirá vigente, las corporaciones seguirán teniendo un peso singular (ya sean las que hoy tienen peso, ya sean otras que intentarán volver por sus fueros) y las políticas sociales tendrán cambios menores. Y esto, considerando tres de los temas que generan más discusión, polémica y enfrentamiento en el campo de la política. Es claro que no dije que esas situaciones se mantendrían sin cambio alguno. Digo que en sustancia se mantendrán gane quien gane y que en todo caso, los cambios serán de matices. Pero en plena campaña las diferencias tienden a ser exacerbadas y se da la impresión de que los caminos a seguirse pueden ser muy diversos en función de quién gane la elección.

Volviendo al título, cuando hablo del “punto de partida” no sólo me refiero a lo dicho antes en cuanto al tiempo en el que estamos, la cuenta regresiva que ya se inició y lo que están haciendo los precandidatos. Me refiero también, y especialmente, al punto de partida que presumiblemente tendrá el próximo gobierno, en lo que a la situación del país se refiere.

Y siendo quien esto escribe, un economista, razonablemente tiende a poner el ojo en los aspectos que hacen a la economía. ¿Cómo estaremos de aquí a 17 meses, cuando haya asumido el nuevo gobierno? Sin dudas que la pregunta suena osada cuando últimamente en el mundo se cambian dos por tres los principales pronósticos en función de los guiños del señor Bernanke. Sin pretender entrar a describir un escenario con lujo de detalles, ni mucho menos, creo que hay unas cuantas cosas que están claras.

Primero, el ambiente global estará menos amigable que en la actualidad y el del vecindario en el cual vivimos, bastante menos todavía. Lo que ocurra en Brasil estará directamente ligado a lo que suceda a nivel global. En Argentina las cosas pueden empeorar antes y más que en el mundo, pero podremos empezar a intuir cuánto y cómo en breve, en cuatro semanas, tras las elecciones legislativas.

Segundo, sabemos que tenemos fortalezas con las que no contábamos otrora ante situaciones externas adversas: flexibilidad cambiaria, deuda pública pesificada y financiamiento abundante. También tenemos un sistema financiero que esta vez no nos traerá dolores de cabeza.

Tercero, en materia fiscal tenemos un déficit elevado si se lo ajusta por el ciclo económico, es decir si se considera que se están cobrando más impuestos de los “normales” por estar en una situación mejor que la normal y que cuando ella se normalice se habrán de perder esos recursos excepcionales (por ejemplo si en vez de 55 mil autos nuevos por año se pasan a vender 30 mil, se pierden US$ 250 a 300 millones de impuestos). Además de tener un déficit alto, tenemos un gasto público bastante rígido, compuesto por salarios, jubilaciones y beneficios sociales que no se pueden ajustar por decreto como antes sucedía con las inversiones, uno de los primeros recursos de cada ajuste fiscal.

Cuarto, no tenemos ya las rigideces de las reglas cambiarias de antes, pero tenemos a diferencia de antes un mercado laboral muy rígido. Antes eran duras las reglas cambiarias y tenían poca cintura quienes las aplicaban, demorando más de lo debido en adaptarlas ante cambios en la realidad. Ahora son duras, rígidas, las reglas salariales y nada sabemos de la flexibilidad de quienes deben lidiar con ellas, porque aún no han sido probados en contextos adversos.

Quinto, sabemos que estamos muy mal en infraestructura y en capital humano. Van a haber pasado 10 años extraordinarios con tasas de interés muy bajas que no fueron aprovechados para invertir en infraestructura todo lo necesario. Y en el caso de la enseñanza pública hubo una transferencia de recursos sin precedentes que no ha dado lugar a resultados mejores sino todavía peores a los anteriores. De este modo, capital físico y humano constituyen serias limitantes para el crecimiento del país en los próximos años. Queda claro una vez más, a partir de lo sucedido en la enseñanza pública en estos años, que los recursos son condición necesaria pero no suficiente para el progreso. ¿Se decidirá a mandar en este ámbito el próximo gobierno? ¿Se introducirán reformas en materia de diseño institucional y de gestión?

Sexto, cuando asuma el próximo gobierno también habrá asignaturas pendientes en materia previsional y de salud, con necesarios ajustes a los sistemas vigentes, cuyas tendencias financieras son preocupantes. En el primer caso, porque casi 20 años después de la reforma, es necesario volver a ajustar los principales parámetros. En el segundo, de reciente diseño, porque parece que los números se les han escapado.

Séptimo, como en toda campaña electoral que se precie, el tema impositivo habrá de estar en el tapete. A las dos visiones que hay en el gobierno, la de Paraguay y Colonia y la de Plaza Independencia, en conflicto en estos años, se sumarán las de los precandidatos de la oposición, las que lógicamente serán más osadas cuanto menos chance de ganar tengan. Creo que el ideal en este capítulo sería volver a las pautas originales de la reforma de 2007, que ordenó la casa más allá de gustos personales, porque casi enseguida de su lanzamiento e incluso antes de su vigencia, empezó a sufrir un claro deterioro desde “filas amigas”.

Octavo, también estarán sobre la mesa las políticas sociales, que no las inventó el FA en el país que (según dijo el Presidente Mujica ante la ONU) inventó la socialdemocracia hace muchas décadas, y que, como el IRPF, llegaron para quedarse. Seria sabio de parte de la oposición, hacer propuestas fundadas y no ideológicas para mejorarlas, pues deben ser mejoradas.

Noveno, y no quiero dejar en el tintero otros temas de similar jerarquía, ¿hará finalmente el próximo gobierno una reforma del sector público? ¿Pretenderá, como otros, hacer la madre de todas las reformas y nada volverá a pasar? ¿O iniciará una “guerra de guerrillas” que pueda ir derribando obstáculos gradualmente, a la uruguaya? Y en materia de inserción internacional, ¿se tendrá el coraje de abrir la cancha, a pesar del Mercosur, aplicando el criterio de los hechos consumados, o se seguirá siendo rehén de un bloque que perdió su propósito original?

Como se ve, el próximo gobierno habrá de comenzar con luces y sombras, con fortalezas y debilidades, con una agenda frondosa, de corto y largo plazos. Esperemos que la campaña que se inicia nos permita asistir a una discusión inteligente de estos y otros temas importantes y que tengamos abundante materia prima para procesar juntos desde Voces.

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