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EL ESTADO DE LA NACIÓN Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 19 feb. 2014 23:33 por Semanario Voces

Para saber cómo estamos  alcanzaría con hacer algunas cuentas. Por ejemplo, multiplicar cuánta nafta gasta nuestro auto a lo largo del mes. Supongamos que tenemos un coche de baja cilindrada, que nuestro trabajo es el de agente viajero, por lo tanto recorremos el país semana a semana. Si la distancia promedio es 250 Kms, tenemos 500 ida y vuelta, más 50 por día en nuestra recorrida por los comercios. Digamos que tenemos un promedio de 750 kilómetros de lunes a viernes, y, durante el fin de semana, ya en casa, usamos el coche para otros 20 kilómetros. Total, 770 kms por semana. Nuestro coche es de baja cilindrada, consume un litro cada 15 Kms por tanto, cada semana utilizaremos 51.33 lts. de nafta, lo que, al precio de 40,60 pesos, nos da un gasto de 2084 pesos semanales, y 8 336 por mes. Ese no es el único gasto que tenemos con el coche, uno de los que más distorsiones causa es la patente de rodados. ¿Por qué es que la patente causa tantos inconvenientes, que acaban en deserciones? Veamos: Dejemos de lado el seguro, porque el obligatorio es de un precio casi simbólico, y si no lo pagamos corremos el riesgo de incurrir en un delito, a lo que se le suma los gastos de un posible accidente. Sin embargo es la patente la que ha sido motivo de controversia en este país, que con mucha fanfarria se festeja que se llegó a un acuerdo, que no será por mucho tiempo, por la sencilla razón de que está pensado para perseguir mejor al propietario de un vehículo no para darle un servicio, y eso, a la corta o a la larga, va a caer en los mismos vicios que tenía el antiguo sistema de Patentes de Rodados.

Volvamos al razonamiento de los gastos, nafta versus patente. Habíamos llegado a la conclusión que con nuestro coche, saliendo todas las semanas al interior del país, hacemos un promedio de 770 Kms. que nos ocasiona un gasto de 8323 pesos mensuales. Eso trasladado a un año, suma 99876 pesos, que lo distribuimos muy democráticamente, por todo el territorio nacional. Pagamos la patente en un departamento pero usamos y, por tanto, deterioramos calles y caminos de otros departamentos. Lo lógico, lo que debería recomendar cualquier funcionario que gane un sueldo para pensar y planificar el mantenimiento de la infraestructura nacional, es que se relacione muy directamente el uso de la vía pública con el pago de un gravamen que debería estar destinado, fundamentalmente, al mantenimiento de la misma. ¿Qué otro destino puede tener un gravamen que se llama Patente de Rodados? ¿Arreglar plazas o pagar el sueldo de los funcionarios?

Por el coche con que recorremos el país tenemos que pagar una patente de 12000 pesos por año. Si sumamos el pago de ese tributo al consumo de nafta tenemos un total de 111876 pesos por año. Si dividimos ese total entre 2 464 litros, que es el consumo anual de nuestro coche, nos da 45.40 pesos. Si la patente de 12 000 pesos por año estuviese incluida en la nafta nos daría un precio de 45.40 por litro, frente al precio actual de 40.60, casi 5 pesos más. En el actual esquema del tributo, un coche viejo ya se supone que pagó demasiado a lo largo de su vida y, por tanto, se le grava a la baja, o queda exento. De las tantas incongruencias se le concede a un coche antiguo una especie de pensión graciable, y, sobre todo, a su propietario, por tanto se podría concluir que se trata de un gravamen que tiene un contenido social, y bastante fuerte, algo así como las franjas de la contribución inmobiliaria que inauguró el Dr. Vázquez en su Intendencia. Un coche viejo, aparte de contribuir al deterioro de calles y caminos como el que más, posiblemente cause un mayor perjuicio al medioambiente que los más nuevos, y contribuya menos al ahorro de combustible. ¿Condenar, entonces, al que sólo puede comprar un coche viejo a pagar un combustible que lleve implícito un tributo municipal, por tanto, que implique un cierto nivel de injusticia al resultar, proporcionalmente mayor el componente tributario municipal en el precio del combustible? Estamos utilizando un coche promedio para seguir el razonamiento. Se supone que nadie va a utilizar un coche antiguo y de mayor consumo para utilizarlo en sus giras semanales al interior. Lo utilizará menos, por tanto consumirá menos combustible y pagará menos por ese tributo incluido en la nafta.

En la mayoría de los países funciona así. La recaudación es más fácil, y el contribuyente acabará ajustándose a un sistema que lo exime del tortuoso calendario de pagos, motivo de un alto nivel de morosidad, que acaba mal, para el propietario del vehículo que se ve en la necesidad de saltarse una cuota o todas, y para la Intendencia correspondiente, que podría percibir sus ingresos directamente de las estaciones de servicio de su departamento, y para eso bastaría con reformar la cuestión legal de este impuesto.

El país se ha acostumbrado a sufrir, y la democracia hace como que lo representa cuando, en realidad, actúa como un carcelero que se pasea frente a sus narices con las llaves en la mano. El ejemplo de la Patente de Rodados es uno traído al azar, de las tantas cosas que pasan sin que el sistema político reaccione. Se dirá que nunca hemos estados mejor que ahora. La pasada semana, en Voces, Diego Cánepa, Prosecretario de la Presidencia, afirmó que el salario real está llegando a los niveles que tenía a finales de la década del sesenta. Entonces… ¿en qué quedamos? ¿Para tener lo que ya teníamos es que se intentó hacer una revolución? Hasta se puede comprender semejante error de apreciación en aquella década que la Sierra Maestra, el Kremlin y el Libro Rojo mandaban una señal potentísima de cambios radicales sobre el Uruguay, pero hoy, cuando el Prosecretario afirma que todavía el salario real de los uruguayos no ha llegado  a los niveles de la década del sesenta… ¿no estará faltando algo de humildad y ubicación en tanto políticos, por antonomasia, los primeros servidores públicos? ¿Hasta cuándo se puede argumentar que si blancos y colorados lo hicieron antes, de alguna manera…? No, de ninguna manera. La política y la Administración del Estado deben pensar en facilitarle las cosas al ciudadano, en servirle, no en servirse. Insistimos, lo de la Patente de Rodados es sólo un ejemplo de cómo se puede y se debe transparentar el mecanismo y el destino de semejante recaudación. ¿Nadie pensó que algún día habría que sacar la madera con destino a las papeleras? ¿En qué estaban pensando los que elegimos como nuestros representantes? El impuesto municipal vía Patentes de Rodados hubiese fortalecido las Intendencias que tienen que arreglar caminos vecinales que rompen vehículos empadronados en otros departamentos, pero se prefirió este trabalenguas de aforos, que no soluciona el problema de fondo, salvo en la firma de un tratado de paz que hace como sí, pero sólo por algún tiempo.

El ciudadano está como en el Mar de los Sargazos, anonadado, forma parte de un empobrecimiento de su vida social, de la que la percepción de inseguridad es sólo un síntoma, y que en el brutal retroceso de la educación encuentra su cara más irresponsable. Cuidado, no juguemos con cosas que deberían ser sagradas, y que la voz de los leguleyos intenta relativizar a su favor. Cuidado. Después, a llorar al cuartito.


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