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EL FA ANTE SU OPORTUNIDAD HISTORICA. (2º parte) Por Wladimir Turiansky

publicado a la‎(s)‎ 16 mar. 2012 9:36 por Semanario Voces
 
Terminé la nota anterior con la afirmación que, en el conjunto de aspectos que definen la estrategia de la etapa, lo esencial, el eslabón capaz de sostener al conjunto, es el referido a “la conformación del bloque social y político de los cambios”.

Ahora bien, hay que empezar por ponernos de acuerdo acerca del concepto.  En efecto, ¿QUE ES EL BLOQUE SOCIAL DE LOS CAMBIOS?

 

Dice el Documento sobre estrategia en su punto 4º:

“Un concepto estratégico fundamental es que las clases, fracciones de clase, capas o estratos, y las organizaciones que expresan a las grandes mayorías  nacionales, conformen un bloque social y político de los cambios. Un bloque que no está exento de contradicciones, pero que comparte en lo esencial un proyecto de país y debe constituir el soporte de las transformaciones. Su fragmentación, los enfrentamientos a la interna, tanto en el plano económico como ideológico, el distanciamiento de alguno de estos sectores, debilitan al conjunto y favorecen a la derecha. Por el contrario, mantener y ampliar la conformación del bloque social y político de los cambios, fortalecer sus lazos y su influencia sobre el conjunto de la sociedad, son líneas estratégicas claves para la  próxima etapa. El FA y su Gobierno tenemos responsabilidades claras en este sentido”.

 

¿Cuáles son “las clases, fracciones de clase, capas o estratos” a los que se refiere el Documento, y que componen socialmente el bloque de los cambios?

En el punto 3º, “Una nueva etapa en la confrontación de proyectos de país”, se dice: “Hay dos proyectos de país en disputa. La derecha y sus soportes sociales, ideológicos y políticos apuestan a un país fracturado, cada vez más desigual, donde una minoría se apropie de partes crecientes de la riqueza, con crecimiento concentrador y excluyente, sujeto a las crisis internacionales que, como siempre, operan como redistribuidoras regresivas de la riqueza, haciendo recaer sus costos sobre las clases populares. Los sectores más conservadores de los partidos tradicionales,-colectividades que mantienen contradicciones en su seno-, actúan como representantes de la minoría dueña de capitales, tierras, empresas, y grandes medios de comunicación. Promueven un Estado restringido a las funciones de vigilar, castigar, y permitir la acumulación de riqueza por sectores minoritarios de la sociedad. Apuestan a la flexibilización en un marco de relaciones laborales donde el capital se beneficie y la tasa de ganancia crezca a expensas del salario”.

“La derecha predica un discurso anti-solidario, centrado en la inseguridad y la represión,  criminalizando a la juventud, utilizando la violencia social como chivo expiatorio, lo que ha sido históricamente el mensaje de los sectores más retrógrados de la sociedad. Apuesta al miedo que permita manipular a la población, restringir sus derechos, promoviendo la división del tejido social.”

Y más adelante señala: “El FA debe dar una gran batalla de ideas a nivel general, como lo ha hecho desde su origen, por la conciencia de la mayoría de la población en torno a un sistema de valores solidarios y de justicia, que ponga en el centro de la discusión la necesidad de una sociedad igualitaria con democracia y libertad”

“El modelo de desarrollo productivo sustentable en lo económico, en lo social, y en lo ambiental, y la democratización profunda de las relaciones sociales, económicas y políticas constituyen la profundización del proyecto progresista como expresión de las grandes mayorías nacionales.”

 

Como se deduce del texto citado, el proyecto de país que el FA se propone desarrollar es nacional y popular. Es nacional en cuanto apunta a la ruptura de la dependencia y el subdesarrollo, rémoras de nuestros orígenes como nación nacida en el marco del dominio de las grandes potencias colonialistas, Gran Bretaña primero, EEUU luego, que introdujeron un capitalismo deformado y dependiente, en una división internacional del trabajo que nos condenó a meros productores de materias primas; y es popular en cuanto propende a la igualdad social, a una más justa distribución de la riqueza y a la plena vigencia de la libertad y la democracia.

A partir de aquí podemos intentar definir socialmente el bloque de los cambios.   El proyecto así delineado refleja los intereses y aspiraciones, en primer término de la clase trabajadora, y en forma más genérica de los asalariados de la ciudad y el campo. Junto a tan vasto sector de la sociedad, debemos sumar la masa de los pequeños y medianos productores urbanos y rurales, ya sea en su forma de explotaciones individuales o familiares, ya sea colectiva, del tipo de las cooperativas u otras modalidades de autogestión, todas las cuales pueden o no incluir trabajo asalariado. Con intereses comunes se ubica el comercio minorista, los artesanos y trabajadores por cuenta propia. Por otra parte, siendo un proyecto que apunta al desarrollo económico y social, a la ruptura de la dependencia a través de la transformación de nuestra matriz productiva mediante una fuerte política de desarrollo industrial, se trata de un proyecto de país que interesa aún a sectores no pequeños de los industriales nacionales, aún no subordinados a las grandes multinacionales. Finalmente a todo ello deben agregarse capas sociales como jubilados, profesionales universitarios, estudiantes, artistas e intelectuales.

 

He aquí expresadas en su composición social las grandes mayorías nacionales a las que apunta el cambio. Este vasto mundo, heterogéneo, y como señala el documento, no exento de contradicciones, es, objetivamente, el bloque social de los cambios.

Lo es objetivamente, y la tarea consiste en subjetivarlo, es decir, hacerlo conciente para las grandes mayorías que lo componen. Ello requiere pensar en las fuerzas motrices capaces de impulsar tamaña tarea, cual es avanzar en el desarrollo de la conciencia social, en la construcción de una nueva hegemonía   acorde a las nuevas bases materiales que el cambio va generando.

Las fuerzas motrices capaces de impulsar tamaña tarea en ese conglomerado tan diverso, y tan complejo, tan cargado de contradicciones, no obstante no antagónicas, se encuentran sin duda en sus núcleos organizados, sus vanguardias, si no cae mal el uso indebido que a menudo se le dio a ese término en el pasado.

Ahora bien, es claro que el grado de compromiso de cada uno de los sectores que componen objetivamente el bloque social expresión de las grandes mayorías nacionales, depende del interés particular que lo motive. Por ello “mantener y ampliar la conformación del bloque social y político de los cambios, fortalecer sus lazos y su influencia sobre el conjunto de la sociedad”, como  plantea el documento sobre la estrategia de la etapa, implica en primer lugar encontrar los caminos para la confluencia de lo que pudiera denominarse “núcleo duro” en el conjunto de las fuerzas motrices del cambio, aquel capaz de impulsar con él al conjunto, de fortalecer sus lazos y de generar las condiciones de una mayor amplitud en las alianzas y de una mayor profundidad en los objetivos.

Ese núcleo duro existe, y fue construido en el largo proceso de acumulación  de fuerzas que ha caracterizado la historia reciente del Uruguay. Está constituido por el movimiento obrero organizado sindicalmente, el movimiento universitario e intelectual generador del pensamiento avanzado y progresista, y la izquierda política básicamente constituida por el FA.

Por causas que de alguna manera se explicitaron a lo largo del debate desarrollado en nuestro Frente, la confluencia de esas vertientes sociales y políticas generadoras de las transformaciones revolucionarias que se han venido generando en la sociedad uruguaya a lo largo del tiempo, se ha debilitado y, lo que es peor, se agudizan contradicciones y desencuentros en su seno.

Trabajar por revertir ese proceso, por restablecer los puntos de encuentro, de confluencia, de búsqueda de aproximaciones programáticas, es tal vez la madre de todas las tareas para el FA, en todos sus niveles, su dirección, sus partidos, sus bases, sus medios de comunicación, y naturalmente, su gobierno en el plano nacional, departamental y local. De lo contrario no solo el proyecto nacional y popular, sino el avance acumulado en la construcción de una nueva conciencia social, de nuevos valores culturales basados en la solidaridad, correrá peligro.

 

 

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