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EL FA EL DIA DESPUES DE LAS ELECCIONES INTERNAS Por Wladimir Turiansky

publicado a la‎(s)‎ 16 jun. 2012 15:06 por Semanario Voces
 

Bueno. Si bien en estas últimas semanas el tema ha sido las movidas en el equipo de gobierno, que llegó a eclipsar el conteo de votos para la presidencia del FA (y repito, más allá de que lo primero ha borrado casi por completo lo segundo, la integración del Plenario Nacional y los 19 Plenarios Departamentales, es decir, la totalidad de la dirigencia frenteamplista, la mayor y más importante fuerza política del Uruguay), me quiero referir en esta nota a nuestro Frente Amplio el día después de las elecciones.

 

Ya sé que son muchos los compañeros que se estarán preguntando cual pueda ser la diferencia, si existe alguna, entre el día después y el día anterior, salvo que nos habrá de presidir Mónica Xavier en lugar de Jorge Brovetto.

Sin embargo, de puro optimista nomás, creo que no será lo mismo, o por lo menos tiene la dirección electa en sus manos la posibilidad de que no lo sea.

Para ello sólo se requiere que la Presidencia, la Mesa Política, y en general todos aquellos compañeros que asuman tareas de dirección, recuerden que en la tarea de devolver al Frente la vitalidad perdida no arrancan de cero, que recuerden que mal o bien, entre mayo de 2010 y fines de 2011, nuestro Frente desarrolló un largo debate interno en torno a sus insuficiencias que los propios procesos electorales pusieron de relieve, y que las conclusiones del mismo se condensaron en dos documentos, uno relativo a la estrategia política, el otro a los problemas de la estructura y funcionamiento interno, que esos documentos recogieron el consenso del conjunto de sectores y de las bases del Frente, y que por tanto, salvo que se resuelva su revisión debieran ser los documentos guía para toda una etapa en la vida de nuestra organización política.

Desde luego en torno a los problemas de funcionamiento sólo se efectuaron cambios menores en el estatuto, fundamentalmente en lo relativo al proceso electoral, puestos en práctica en esta última elección, precisamente. Queda sin embargo mucho por hacer en lo que hace a la revitalización del movimiento frenteamplista expresado en los comités de base, fuente de solidez de nuestra fuerza política, sin la cual el FA podrá seguir existiendo como coalición de partidos y grupos políticos, pero ya no será el mismo, ni en sus principios ni en su carácter ni en sus objetivos liberadores. Planes y medidas concretas para corregir el actual estado de cosas, y sobre todo en lo que hace  al restablecimiento del papel de los comités como ámbitos articuladores y no reproductores de pujas en torno a espacios de decisión muchas veces ajenos al intercambio fraterno necesario para construir unidad, requerirá de la Presidencia y de la Mesa Política una atención prioritaria, ya que esto habrá de mostrarnos que las cosas en el Frente comienzan a cambiar.        

Pero está claro que los problemas organizativos y de militancia son en primer lugar problemas políticos, y por eso me parece necesario volver al  documento sobre la estrategia para la etapa, que fuera aprobado, lo repito, con el consenso generalizado de sectores y bases, y destacar de él dos cuestiones básicas, (a las que ya me referí en notas anteriores publicadas en VOCES).

La primera. En el conjunto de aspectos que definen la estrategia de la etapa, lo esencial, el eslabón capaz de sostener al conjunto, es el referido a “la conformación del bloque social y político de los cambios”.

Ahora bien, hay que empezar por ponernos de acuerdo acerca del concepto. 

Dice el Documento sobre estrategia en su punto 4º:

“Un concepto estratégico fundamental es que las clases, fracciones de clase, capas o estratos, y las organizaciones que expresan a las grandes mayorías  nacionales, conformen un bloque social y político de los cambios. Un bloque que no está exento de contradicciones, pero que comparte en lo esencial un proyecto de país y debe constituir el soporte de las transformaciones. Su fragmentación, los enfrentamientos a la interna, tanto en el plano económico como ideológico, el distanciamiento de alguno de estos sectores, debilitan al conjunto y favorecen a la derecha. Por el contrario, mantener y ampliar la conformación del bloque social y político de los cambios, fortalecer sus lazos y su influencia sobre el conjunto de la sociedad, son líneas estratégicas claves para la  próxima etapa. El FA y su Gobierno tenemos responsabilidades claras en este sentido”.

A mayor abundamiento, en el punto 3º del documento sobre estrategia, “Una nueva etapa en la confrontación de proyectos de país”, se dice: “Hay dos proyectos de país en disputa. La derecha y sus soportes sociales, ideológicos y políticos apuestan a un país fracturado, cada vez más desigual, donde una minoría se apropie de partes crecientes de la riqueza, con crecimiento concentrador y excluyente, sujeto a las crisis internacionales que, como siempre, operan como redistribuidoras regresivas de la riqueza, haciendo recaer sus costos sobre las clases populares. Los sectores más conservadores de los partidos tradicionales,-colectividades que mantienen contradicciones en su seno-, actúan como representantes de la minoría dueña de capitales, tierras, empresas, y grandes medios de comunicación. Promueven un Estado restringido a las funciones de vigilar, castigar, y permitir la acumulación de riqueza por sectores minoritarios de la sociedad. Apuestan a la flexibilización en un marco de relaciones laborales donde el capital se beneficie y la tasa de ganancia crezca a expensas del salario”.

Y más adelante señala:

“El FA debe dar una gran batalla de ideas a nivel general, como lo ha hecho desde su origen, por la conciencia de la mayoría de la población en torno a un sistema de valores solidarios y de justicia, que ponga en el centro de la discusión la necesidad de una sociedad igualitaria con democracia y libertad”

Por último me permito reiterar algo ya dicho en otras notas: “Como se deduce del texto citado, el proyecto de país que el FA se propone desarrollar es nacional y popular. Es nacional en cuanto apunta a la ruptura de la dependencia y el subdesarrollo, rémoras de nuestros orígenes como nación nacida en el marco del dominio de las grandes potencias colonialistas, Gran Bretaña primero, EEUU luego, que introdujeron un capitalismo deformado y dependiente, en una división internacional del trabajo que nos condenó a meros productores de materias primas; y es popular en cuanto propende a la igualdad social, a una más justa distribución de la riqueza y a la plena vigencia de la libertad y la democracia”.

La segunda cuestión que el Frente y su dirección tendrán que abordar tiene que ver con el programa de su tercer gobierno, y está directamente vinculado a lo anterior en la medida que se entienda que más allá de que por supuesto compete al FA la elaboración del programa, está claro que el éxito del mismo depende del enriquecimiento que la fuerza política sea capaz de lograr en el intercambio y los aportes con las organizaciones populares que objetivamente componen el bloque de los cambios. Y esto es tarea central de la Presidencia y la Mesa Política del Frente, y es tal vez el mejor camino hacia la recomposición de esa necesaria construcción socio-política capaz de materializar el proceso de acumulación de fuerzas y sin lo cual no puede haber avance duradero.  

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