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El Frente va a sobrevivir Por Roberto Elissalde

publicado a la‎(s)‎ 27 may. 2011 15:19 por Semanario Voces


Mi respuesta puede parecer un remedo del estalinismo o una tautología: “El Frente Amplio tiene futuro porque es necesario”.

 Es claro que el FA de 2011, empachado de sapos y culebras, no es el mismo del 71, que conocieron los que eran mayores o más despiertos que yo. Tampoco se parece al de la clandestinidad, que conocí a principio de los 80. Y es seguro –es necesario– que no debe parecerse al FA del futuro.

 El FA de nuestros días es una triste copia de los viejos partidos tradicionales: líderes que se pelean entre ellos por la televisión (fraternidad perdida), diputados y senadores que votan a su (des)leal saber y entender (unidad de acción perdida), legisladores que proponen militarización de barrios y prisión de consumidores de drogas al tiempo que el Mides y otras partes del gobierno frentista intentan integrar a la vida social a los habitantes de esos barrios o proponen leyes para despenalizar el cultivo de algunos vegetales (unidad de línea perdida).

Ventajeros, oportunistas y retrógrados ocupan lugares de importancia, mientras que en la otra punta algunos veteranos mantienen apuntalada la puerta metálica del comité con puntales de dogmatismo. En el medio, los votantes y adherentes miran sin sentirse convocados ni a los “informes políticos” y posiblemente cada vez menos tentados a votar a aquellos.

Cada cosa tiene su explicación: para ganar había que sumar incluso a aquellos bichos con los que nunca nos iríamos a tomar una a un boliche; alguien tenía que representar al comité en la Coordinadora que quedó el jubilado que tenía más tiempo; el gobierno ocupó horas de vida que ya no estaban disponibles para la discusión ni para rendir cuentas.

 Nos quedan peores tiempos por venir. La acumulación histórica de la que es reflejo el Frente Amplio tiene inercia para rato, porque su hegemonía se basa en elementos culturales. Muchísimos de los cuadros de gobierno son capaces de mantener los logros del primer período y todavía mejorar más la vida de los uruguayos. La capacidad de gobernar está, si no intacta, todavía muy por encima de lo que pueden ofrecer los partidos tradicionales. Pero la falta de liderazgo, de consenso ideológico y de respeto a reglas de juego comunes se van a acentuar sobre el final del actual mandato, cuando los potenciales candidatos muestren sus caras y cuando el poder del Presidente de la República empiece a pesar menos a la hora de imponer la disciplina interna.

A pesar de esto, el Frente va a sobrevivir. Los hijos de las tercerizaciones y las privatizaciones son hoy habitantes de las márgenes de la ciudad. Los olvidados del campo y los pueblos chicos empiezan a sentir que la ley y la dignidad de los derechos empiezan a llegar también a ellos. Y fueron los gobernantes del Frente Amplio los que hicieron esto posible. Sólo una organización amplia, participativa y flexible puede dar cabida a la diversidad de la izquierda y los grupos y partidos de izquierda lo saben: solos no serían nada. Por esta razón, basada en la necesidad histórica y la conveniencia egoísta, creo que la izquierda uruguaya va a saber cómo reconstruir su veterana casa común.


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