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ELLAS Y ELLOS: TIENE QUE RENDIR MÁS Por Antonio Pippo

publicado a la‎(s)‎ 30 ago. 2013 6:43 por Semanario Voces

 

 
En un aniversario como éste, que lo involucra a uno pese a ser recién llegado, me ha parecido interesante –¡qué careta, si el motivo real es dármelas de original!- crear, para celebrarlo, una metáfora.
El primer inconveniente fue de género. Si decía “el semanario”, es masculino; si decía “la publicación”, o sencillamente el nombre, “Voces”, es femenino.
Como no quiero escandalosos combates con corporaciones ni con dogmáticos, se me ocurrió una salida que usted juzgará, lector: a quien se homenajea, que soplará la vela, (esto dicho también metafóricamente), es un gnomo. Hasta donde me enteré, son asexuados.
Y bueno, he aquí un gnomo que tras nueve años ha logrado dar cuatrocientos pasos con trabajada disciplina y una tenacidad que le viene de los cariñosos espíritus que lo guían. Pero no ha sido fácil su corta vida: ha debido superar bizqueras y revires, apoplejías y hemiplejias, esquizofrenias y psicosis; quizás fue porque tuvo una de esas apariciones complejas en un escenario hostil, que obligó a que sus iniciales andares parecieran los de un pingüino de asmático anadeo. Sin embargo, qué joder, se supo siempre, y nadie pida explicaciones porque la razón anida en el propio misterio de los gnomos, que lo iluminaban la tenacidad y un ansia recrecida por conformar a aquellos espíritus simpáticos que hasta hoy pretenden indicarle el camino.
¡Qué espíritus, ésos!
Generalmente de humanas profesiones como periodistas, fotógrafos o diseñadores, adquiridas quién sabe por qué pase mágico, y comenzando por el más grande, al que por ahora nadie discute la propiedad del gnomo –porque fue quién convocó al geniecillo y le banca, sufrido, el presupuesto de su caminata-, todos han contribuido a darle forma, poco a poco, en ocasiones cual niños errándole a una piñata, sin que hasta ahora le hayan encontrado la definitiva, aunque el aspecto general, se comenta, ha mejorado. Hoy muestra por la calle un rostro sin demasiada elegancia, muy gustoso de lo oscuro, con un interior aireado pero con partes largas apenas aliviadas por unas imágenes expresivas.
Estéticamente, es un gnomo en constante transformación. Uno, orando por las noches, pide que, en algún momento, halle su fisonomía final. Le vendría muy bien.
Otra cosa es su filosofía. Ah, sí: se paró firme antes de dar el primer paso, apenas parido, de la mano del espíritu paterno. Rechazó el pensamiento único, confesó devoción por el pensamiento crítico y libre y se abrigó de pluralidad, de tolerancia y de un ansia de contribuir a la reflexión colectiva para la construcción de una sociedad mejor, más digna. No ha trastabillado y aguanta sin dobleces la contradicción humana: el agrio sabor de las puteadas y la mermelada de los elogios; además, da cobijo a todo hombre o mujer inteligentes, de buena intención, aunque por momentos, a la noche, se pregunta si con este escriba, por distracción, no ha metido su graciosa patita. Por ahora, aguanta. Es su benevolencia.
Le aguarda dura faena, pero se tiene fe para ensayar un vuelo mayor.  

   

 

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