Artículos‎ > ‎

EL LIBERTADOR A LA ESPERA Por José Manuel Quijano

publicado a la‎(s)‎ 9 abr. 2017 6:37 por Semanario Voces

Venezuela  da sorpresas con frecuencia, por lo general no agradables. La supresión de la Asamblea Nacional ( Parlamento) , cuyas funciones  pasaron a ser usurpadas por el Supremo Tribunal Constitucional, y  el fin de la inmunidad  de los integrantes de la Asamblea, provocaron tal reacción adversa en el ámbito internacional  que  Maduro, instigador de ambas decisiones,  retrocedió  y le indicó al  obsecuente Supremo que las anulara. Entre tanto, la apariencia de  poder  sin fisuras que  mostraba el chavismo  se desmoronaba: La fiscal general, Luisa Ortega, hizo saber

 que la sentencia del Tribunal Supremo por la cual despojaba de poderes a la Asamblea rompía el “orden constitucional”. La debilidad  y, una vez más, la torpeza del heredero de Chávez, 

quedaron en evide


ncia.

La dictadura.  Si la dictadura es el ejercicio del gobierno, invocando el interés nacional, fuera de las leyes constitutivas de la nación,  no ha habido prueba más contundente de  que en Venezuela impera una dictadura donde no rige la separación de poderes.  A lo que se agrega elecciones para gobernadores postergadas, temeroso el ejecutivo de perderlas ;  el control  casi absoluto de los medios de comunicación; las  maniobras  dilatorias  en un supuesto dialogo con la oposición que,  gracias a mediadores  complacientes (Zapatero, el Vaticano), le ha permitido  al poder  ganar tiempo y agotar plazos para desvirtuar los efectos de un revocatorio; los  presos políticos algunos sentenciados,  otros  sin que se inicie el proceso y  aun otros  con libertad concedida pero que siguen entre rejas; y las amenazas  verbales constantes, crispadas,  hacia adentro y hacia afuera  procurando , cada vez con menos éxito, infundir miedo. He aquí una dictadura con todas las violaciones a la ley y  una persistente mala fe.

¿Qué actitud deben asumir la OEA y la UNASUR? En teoría deberían promover el dialogo pero el gobierno no reconoce a la otra parte como interlocutor válido. Si bien la UNASUR  ha tenido desempeños relevantes en el pasado,  actuando en otros países, el uso y abuso de Maduro de ese organismo – creado supuestamente para beneficiar a la  autonomía regional- ha comenzado a desvirtuarlo. En cuanto a la OEA, desde que Luis Almagro asumió en la Secretaria General ha tomado un protagonismo  que no había tenido desde los años 50. Por lo que se ve el secretario Almagro defiende ideas (que sin duda son las propias) y no cuida puestos o reelecciones, algo absolutamente sorprendente en los conductores de los organismos internacionales, mucho más inclinados al silencio pusilánime. El gobierno de Venezuela ha hecho méritos más que suficientes para que se aplique la Carta Democrática (de la OEA, del MERCOSUR) aunque corresponde a las diplomacias regionales determinar cómo y cuándo.  El 3 de abril la OEA tomó la decisión de dar los pasos necesarios para aplicar la Carta Democrática a Venezuela.

 

 

 

Lo que ocurre en Venezuela  es consecuencia directa de tres de las concepciones centrales del chavismo: el control del poder de manera indefinida, que conduce a  validar elecciones solo si gana el partido en el poder;  el intento  permanente de desarticular  toda forma de oposición organizada;  y la expansión de la actividad del estado, a medida  que las empresas privadas se asfixian, como principal agente de producción.  Estas  dos últimas concepciones  tienen mucho del socialismo real del siglo XX  y  poco presumiblemente  de socialismo del siglo XXI, signifique eso lo que signifique. Pero la primera, el poder indefinido, tiene también raíces profundas en la historia de Venezuela  y en las creencias, plasmadas en normas constitucionales, de Simón Bolivar.

 

La herencia del  libertador.-El homenaje  y el reconocimiento a Bolivar, por su obra como libertador,  como artífice de grandes batallas ( Carabobo) e inspirador de Sucre en el enfrentamiento decisivo ( Ayacucho), como fundador de naciones  y figura regional de mayor peso en los años  de nuestros países en barbecho,  es unánime. Formidable figura, de proyección global, que ingreso muy joven a la política  y batalló durante 30 años, hasta que la enfermedad se lo llevó. 

¿Fue republicano Bolivar? Si, lo fue. No cayó en la tentación de la monarquía constitucional, como muchos de los dirigentes de la cruzada libertadora latinoamericana, que veían en ella el ente regulador  de las pasiones y el mejor freno (o el único) a la anarquía  y a los levantamientos militares.  Pero a la hora de  diseñar una alianza confederada regional no descartaba que esta pudiera concretarse entre monarquías y republicas. (Rafael Rojas: “Las repúblicas del aire. Utopía y desencanto de la Revolución de Hispanoamérica”, 2009) Y cuando promovió el Congreso Anfictiónico en Panamá, cursó invitación al Brasil de los Braganza.  Parece haber tenido  conqueteos iniciales con el federalismo ( un sistema  “demasiado perfecto”, según decía, por lo cual “exigía virtudes y talentos políticos muy superiores”) pero  en los hechos  en las constituciones de Colombia y de Bolivia  estableció un sistema centralista de gobierno  y  en la integración entre Colombia , Ecuador y Venezuela, formando la Gran Colombia, optó también por el centralismo.

¿Fue democrático Bolivar?  No. En julio de 1826 decía en una carta a Santander: “Estoy fatigado de ejercer el abominable poder discrecional, al mismo tiempo que estoy penetrado hasta adentro de mis huesos   que solamente un hábil despotismo debe regir a la América”.  Admiraba  a la organización republicana de las colonias  de América del Norte (“puede contarse entre las maravillas que de siglo en siglo produce la política” ) pero se distanciaba de aquellos que “quieren imitar a los Estados Unidos sin considerar la diferencia de elementos, de hombres y de cosas (….) nuestra composición es muy diferente a la de aquella nación” (carta de enero de 1827 al general Antonio Gutierrez de la Fuente )

Hay posiblemente  influencia de  Alexis de Tocqueville, deslumbrado por el modelo de Estados Unidos pero observador agudo  de lo que llamaba “la crisis de la elección”  porque la elección “se convierte en el único asunto que preocupa a los espíritus” y porque el presidente, cuando se postula a la reelección  “ya no gobierna  para el interés del estado sino para  la reelección”. “Y cuando la elección se aproxima, las intrigas   se hacen más activas, la agitación más viva y más extendida” (Marius André:” Bolivar et la Démocratie”, 1924)

En la concepción de Bolivar  la intervención popular  debía ocurrir  para elegir apenas  al primer presidente y  a los tribunos y senadores,  pero el cuerpo electoral estaba acotado y  no respondía a los principios del sufragio universal.  El libertador no creía que una república  alcanzara la estabilidad  en un régimen democrático y con sufragio universal. El gobierno republicano que propugnaba  no era  “perfectamente representativo”

“La libertad indefinida,  la democracia absoluta, (creía Bolivar) son los escollos a donde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas.”  Con Rousseau, Bolivar pensaba que “la libertad es un alimento suculento pero de difícil digestión” (Enrique Krauze:  Simon Bolivar el demonio de la gloria, 2013). Procuraba, se dice, un “gobierno paternal” de tendencia humanitaria y de contenido social. Pero alejado  del cesarismo democrático, del bonapartismo ambicioso y tampoco un anticipo de las dictaduras  totalitarias modernas. (Enrique Neira Fernandez: “La democracia liberal republicana de Bolivar”). Todos temas sujetos a debate.

No hay duda  alguna de que Bolivar quería evitar los males, a su juico inevitables, que derivarían de elecciones presidenciales frecuentes. Su inspiración regional  fue  Petion, en Haití, electo presidente de por vida y con derecho a nombrar a su sucesor. El libertador  no se limitó a exponer su pensamiento. Lo plasmó, además, en las constituciones de  Bolivia y de Colombia, con  presidentes vitalicios y, en los dos casos, con  una cámara de Tribunos, electos por 4 años, una cámara de Senadores, por ocho años, y una cámara de Censores electos de por vida. Si bien los permanentes empujes  reeleccionistas en algunos países latinoamericanos tienen  causas diversas  la presidencia vitalicia puede verse como un antecedente , y aún como una fuente de inspiración,  para el presidente-dictador perpetuado  por reelecciones sucesivas

El armado institucional, que  contaba con una participación popular  limitada, estaba compuesto, en el mundo imaginado por el libertador, por hombres íntegros, muchos de ellos miembros de la alta oficialidad  que había combatido a los españoles,  componentes de una primera generación de militares  allegados a la función de gobernar. Para algunos  ahí está el germen del endémico y pernicioso  intervencionismo militar.

Es claro también, a través de su correspondencia, que el libertador no buscaba la presidencia vitalicia para su gloria personal. En carta a Santander de mayo de 1825 dice “He visto una gaceta de Caracas en que me proponen como candidato; y respondo que no  aceptaré jamás tal presidencia, pues con esta llevo dos, y el mismo Washington no pudo acepar noblemente la tercera; y como yo no me creo menos liberal que Washington, no aceptaré, por cierto, la tercera presidencia”. Vuelve sobre el mismo tema en octubre de 1825   y en junio de 1826, en carta al presidente del Senado de Colombia,   indica que Washington “mostró el peligro a sus ciudadanos de continuar indefinidamente el poder público en manos de un individuo”. Palabras sabias, sin duda, aunque de cierta ambigüedad   o incluso contradicción con  el presidente vitalicio que Bolivar propone para las repúblicas latinoamericanas. 

El dictador a desgano.- La vida de  Bolivar, tan llena  de éxitos y fracasos, tiene penosamente  un final infeliz.  Brillante militar, con una formación cultural muy superior a la de su medio y caudillo adorado por sus seguidores  fue, por otra parte, errático gobernante más dispuesto a volver al orden y al pensamiento dominante español, obsesionado por evitar la anarquía, que a lanzarse a construir  nuevos escenarios.  Investido como dictador (quizá más cerca de la idea del dictador romano, el Lucio  Cincinato a quien se llama para resolver los graves males momentáneos de la república) va perdiendo apoyo entre los suyos  que  no comparten o no comprenden  algunos de sus actos. El centralismo  chocaba con los  anhelos  federales  muy extendidos.  Su clericalismo extremo estaba reñido con los recelos hacia la Iglesia que era  sinónimo del dominio español.  Asigna a la religión  un papel  estabilizador y anti demagógico,  y  devuelve el diezmo a la Iglesia Católica (que durante la lucha contra España se había suprimido),  proclama religión oficial del estado a la Católica Apostólica y Romana,  implanta la enseñanza obligatoria de la religión oficial en los centros educativos y, cuando interviene la universidad (luego del atentado contra su vida), le indica por escrito al rector cuales son las cátedras  que deben impartirse  y cuales los autores prohibidos. (Marius André: op cit)  

En la nota al rector de la Universidad de Bogota el  “Libertador Presidente” le indica los cambios que debe hacer en el plan de estudios (síntesis): 1.- El  restablecimiento del estudios de latin, necesario para el conocimiento de la religión; 2.-Los estudiantes de filosofía deben dedicar la mayor parte del segundo año al estudio de la moral y el derecho natural; 3.- Por el momento se suspenden las cátedras de principios de  legislación  universal, de derecho político,  de constitucional y de ciencias administrativas;4.-Que cuatro años sean dedicados al estudio del derecho civil romano, al derecho nacional y al derecho canónico; 5.- Que  los jóvenes deban asistir de manera obligatoria a un curso sobre los fundamentos y la apología de la religión católica romana y de su historia.

“La religión – dice -  es el gran entusiasmo que  yo quiero revitalizar para utilizarla contra todas las pasiones de la demagogia” (carta a Rafael Arbalado, de julio 1828)

Deseoso de mantener la unidad territorial de la Gran Colombia ve con angustia como las fuerzas centrifugas  apartan a Ecuador y Venezuela.  Alejado  del poder, acosado por maniobras mezquinas, con el estigma de “usurpador” que le endilga  Benjamin Constant,  enfermo  de tuberculosis , dispuesto a marchar al exilio europeo  le escribe,  con ironía , en setiembre de 1829,  a Joaquín Mosquera: “No quieren monarquías ni vitalicios, menos aún aristocracia. ¿Por qué no se ahogan de una vez en el estrepitoso y alegre océano de la anarquía? Esto es bien popular y, por lo mismo,  debe ser lo mejor, porque, según mi máxima, el soberano debe ser infalible”.

El legado.-De esta gesta gloriosa, creativa en la batalla y en la formación de naciones, generosa en la entrega  y tan marcadamente tradicional o incluso regresiva en la organización  educativa, en la divulgación de la ilustración (donde había abrevado  sin embargo siendo muy joven)  y  en las formas de convivencia ciudadana, proviene  el viento de ahora.  Como ha señalado Luis Castro Leiva (“El historicismo  Político Bolivariano” 1984) la historia política  venezolana  se vive como  perfectible quehacer bolivariano, y transforma su patriotismo en una tensión religiosa ambigua: a la vez sagrada, profana, secular y cívica.  El “ideario bolivariano” (supuestamente de Bolivar) es la condición necesaria para la realización profético-religiosa de la historia política y moral de Venezuela; es decir, condición necesaria para la realización del destino como nación independiente.

¿Y cuál es su legado? El más obvio y el más grande es la expulsión del colonizador del territorio americano y el deseo – que tropezó con muchos escollos - de construir la Gran Colombia y de buscar alguna forma de aproximación entre las naciones hispanoamericanas. Pero a él debemos también, en el terreno de la conducta de los hombres, tan cuestionable en el presente en varios países de la región,  una honradez extrema pues ingresó a la vida pública  con una gran fortuna personal y murió, 30 años después,  sin un céntimo ; una magnanimidad  infrecuente con  quien   lo había ofendido o incluso  organizado un  complot contra su persona ( libró del fusilamiento  a Santander luego del atentado  contra su vida) ; una dedicación al estudio, el pensamiento y  la ejecución de las instituciones que, a su juicio, mejor se adaptaban a los retos  del siglo XIX; un  respeto de  delicadeza  elevada  en cuanto a las atribuciones  legales de los demás (mientras liberaba Perú o fundaba Bolivia  se cuidaba mucho, como revela su correspondencia, de impartir instrucciones  al presidente en ejercicio de la Gran Colombia y menos aún de indicar línea de acción a los parlamentarios) ; un enemigo declarado de la demagogia, es decir de quienes  alimentan las pasiones  en beneficio propio; y un hombre muy consecuente, hasta el final, con sus pensamientos más íntimos.

 Es ahí, también, donde está la fuerza de este constructor de naciones.  La Venezuela postchavista  se apartará de la vergonzosa deriva del presente y  regresará a ese venero  primigenio de inspiración.

 


Comments