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El militar se prepara para matar o morir. Por José Bayardi*

publicado a la‎(s)‎ 19 mar. 2011 10:59 por Semanario Voces   [ actualizado el 19 mar. 2011 11:09 ]

Se me solicita responder si me parece correcto utilizar a las FF.AA. para vigilancia en las denominadas zonas rojas. Como la solicitud es de responder en forma breve trataré de satisfacer la misma aclarando desde ya que quedarán mucho ítems para ser desarrollados.

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Primero que nada tenemos que tener cuidado a la hora de categorizar las zonas o barrios, para no estigmatizar al conjunto de quienes ahí residen. Sin desconocer que, en determinadas zonas, se han desarrollado condiciones sociales, diría socio-culturales, que pueden determinar conductas de algunos habitantes de las mismas, que alteran las condiciones de vida de quienes en esos barrios residen, generando una situación de inseguridad que afecta cualquier proyecto de vida.

Yendo al punto: debemos tener presente que la función (misión) policial resulta bien diferente de la función (misión) militar, a pesar de que ambas funciones se cumplan con personal armado. El orden interno es función principal de la policía y del Ministerio del Interior,  y la seguridad exterior es la función principal de las Fuerzas Armadas. Esta línea divisoria no obsta a que en forma subsidiaria se pueda utilizar las capacidades militares al servicio de la comunidad, como ha sucedido en múltiples ocasiones, como ser: emergencias ante desastres naturales, o al servicio de tareas en apoyo a la comunidad, etc. En estos casos usamos su capacidad logística y no su capacidad bélica. Eventualmente se podría utilizar dicha capacidad bélica si se viera superada la capacidad de las fuerzas del Ministerio del Interior. Situación que no está planteada actualmente.

La función policial tiene un cometido preventivo en primer lugar y represivo en segundo lugar. Preventivo para evitar que se altere el orden público y se violente el derecho de terceros.  Represivo si se violenta el orden público y el derecho de la sociedad o de las personas.

La función militar es la de utilizar el poder bélico de un Estado, una vez superadas todas las instancias de solución pacífica de los conflictos, para salvaguardar sus intereses estratégicos en tanto tal (soberanía, integridad territorial, derecho a la autodeterminación, defensa de sus intereses estratégicos). Lo debe hacer, en primera instancia, a través de la disuasión, o sea convencer al eventual agresor del costo por proceder contra alguno de dichos intereses. Si la disuasión no alcanza, entonces el Estado puede desarrollar toda su capacidad bélica para evitar que se vea afectado dicho interés estratégico. La graduación quedará determinada por el cumplimiento del objetivo, en la disyuntiva del todo o nada, de vencer o morir.

Para cada una de las funciones se exige distinta forma de capacitación y entrenamiento. Un policía se prepara para actuar solo o con los apoyos que se determinen de acuerdo a la entidad que debe enfrentar. Un militar se prepara para actuar en unidades de complejidad creciente (sección, compañía, batallón, brigada). Un policía se capacita para actuar de acuerdo a su albedrío ante cada situación. Un militar se capacita para cumplir órdenes superiores sin tener que discriminar lo ajustado o no de la orden. No viene al caso, en la oportunidad, discutir cuál es el límite de la obediencia debida, dado que la orden debe quedar ajustada a la Constitución, las Leyes vigentes y el derecho aplicable a los conflictos bélicos.

La policía se prepara para actuar con su potencial en forma proporcionada y progresiva a la situación que debe enfrentar, salvaguardando la vida, salvo que la suya o la de terceros se encuentren en juego. El militar se prepara para matar o morir.

Un policía se capacita para enfrentar civiles. Un militar se capacita y entrena para enfrentar militares o eventualmente contingentes irregulares con capacidad de fuego similar a la de un contingente militar.

En un Estado institucionalizado como el nuestro la policía debe contar con unidades de complejidad creciente para enfrentar situaciones que afecten el orden interno. En ese sentido en los últimos tiempos se ha incrementado los recursos presupuestales del Ministerio del Interior para dotar al mismo de dicha unidades; cabe mencionar acá la extensión de la jurisdicción nacional a la Guardia Republicana, a la vez que su reforzamiento en recursos humanos y materiales. Corresponde al Ministerio del Interior como responsable de la seguridad interior definir si determinados puntos del territorio exigen el despliegue de la misma y no al Ministerio de Defensa Nacional desplegar sus efectivos. Además desplegar efectivos militares sin armas, como se ha sugerido, resulta un contrasentido, dado que un soldado sin su armamento, poco aportaría a la capacidad de disuasión y mucho menos de control de situaciones de violencia.

Dado que ha estado planteado, corresponde aclarar que lo que hacemos en el marco de las Operaciones de Mantenimiento de la Paz no se aplicaría a nuestra realidad en la medida que el despliegue se da en países o territorios donde el Estado carece de presencia, bien por desestructuración o debilidad, bien por inexistencia de facto. De nuestros dos actuales despliegues, en Haití se colabora con la seguridad de la misión de la ONU, de sus bienes y personal y se actúa en cooperación de la Policía Nacional Haitiana (PNH), institución en formación y desarrollo. En el Congo, estamos actualmente desplegados en el este del país y aportando a la seguridad de la misión, de su personal y de civiles congoleños, enfrentando contingentes irregulares que desbordan las propias capacidades, no ya de la policía, sino del ejército del Congo.

 

* Ex ministro de Defensa, Diputado. 

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