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El nivel de la discusión pública Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 5 nov. 2013 15:18 por Semanario Voces
 

Es curioso cómo se procesan ciertas discusiones públicas en nuestro país, yendo rápidamente desde lo central de un tema a lo accesorio o buscándole la vuelta de manera poco racional para pretender llevar agua para el molino propio.

A raíz de lo sucedido en ese sentido con algunos temas de notoriedad reciente, encontré una serie de casos que se enmarcan dentro de lo referido en el párrafo anterior.

Lo que quiero decir fue notorio en ocasión del discurso del Presidente Mujica ante la Asamblea de la ONU hace algunas semanas. Discurso que, excepto por su extensión exagerada, a mí me gustó, lo que no implica coincidir en un 100% con lo expresado por él. Me gustó porque llamó a reflexionar, a hacer una pausa en el camino y a reflexionar, y parece que en ese sentido tuvo repercusiones positivas más allá de nuestras fronteras. El caso me hizo recordar aquello de que “nadie es profeta en su tierra” y también que todos nuestros últimos presidentes han tenido muy buena reputación en el exterior.

Pero dentro de nuestras fronteras la situación fue otra: el discurso pasó para muchos a un segundo plano y lo importante para ellos fue algo del estilo de: “que hable menos allá y que haga más acá”. ¿Y? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Qué tiene que ver un discurso reflexivo en un ámbito global que es propicio para ello, con las acciones y omisiones del día a día de un gobierno, en el cual guste o no el presidente es un actor más que no puede hacer todo lo que quiere?

Otro caso, más reciente, fue el “de las fotocopiadoras”. En este caso la rápida reacción de muchísimos compatriotas (las redes sociales son un buen termómetro en ese sentido) fue del estilo: “los detienen por fotocopiar mientras no lo hacen con los narcos”. En realidad en nuestro país se han detenido y procesado muchos narcos, una actividad que por sus características se maneja en la clandestinidad y no en comercios instalados en nuestra principal avenida. Hay actividades delictivas, como es el caso del narcotráfico, que son más difíciles de perseguir que otras, pero eso no ha sido un obstáculo para que las autoridades obtengan resultados auspiciosos. Pero aún en la hipótesis de que haya todavía muchos narcos sueltos por ahí haciendo de las suyas, eso no puede llevar a concluir que por esa razón las autoridades deban soslayar la persecución de posibles delitos e irregularidades de menor importancia. Si mañana a mí me multan por no prender las luces de mi auto o por ir hablando por el celular mientras conduzco, no podría esgrimir ante el inspector el argumento de que conozco a alguien que suele manejar ebrio y viene invicto en materia de multas y no tendría razón si lo hiciera.

En esos días, en plena efervescencia del tema en las redes sociales, un connotado dirigente político, con una diferencia de apenas dos minutos, twiteó “…fotocopias un libro, no te perdonamos y te procesamos…” y enseguida aludió a “…más de 1.000 libros incautados y 14 procesamientos…”. ¿En qué quedamos? ¿Los procesaron por fotocopiar un libro o porque tenían un stock de mil? Parece que se trata de dos situaciones bien diferentes, ¿no? Si este es el nivel del análisis arriba, ¿qué dejamos para más abajo?

Una más: el también efervescente tema de la TV digital, a cuya definición se llegó hace algunos días tras marchas y contramarchas de las autoridades, entre las que se destacaron las del propio presidente. Por lo que he visto, hasta los más oficialistas no quedaron contentos con las idas y venidas y demás ingredientes del proceso. Sin embargo, algunos de ellos salieron raudos con una de las excusas que se suelen dar y que entran en el tono de lo que quiero trasmitir con esta nota. Algo por el estilo de “¿de qué se queja la oposición si blancos y colorados también procedían de ese modo?” Es decir, una forma muy común de pretender buscar un atenuante ante un error propio, en los errores ajenos. También en twitter, el senador Larrañaga respondió en forma contundente: “Y que no vengan con el gastado blancos y colorados lo hacían. Si se procedía mal antes, no legitima actuar mal ahora. Está mal.”. Totalmente de acuerdo, no sea cosa que nos eternicemos repitiendo errores a cuenta de quienes los hicieron antes que uno.

También entra en la categoría de lo que quiero trasmitir con esta nota de hoy, la pretendida acusación al actual gobierno, desde la oposición, de haber cambiado al llegar al gobierno, su discurso de antes, de cuando estaba él mismo en la oposición. A mí siempre me sorprende este tipo de situación, por dos razones. Primero, porque en todo caso, si en la oposición alguien considera que el FA cambió y que ahora realiza políticas que antes hacían los partidos tradicionales y el FA criticaba, eso debería verse como un triunfo político y por lo tanto se lo debería intentar capitalizar. Segundo, porque muchas veces está implícita y algunas veces explícita, una especie de reclamo desde la oposición a que el FA haga lo que antes decía y no lo que ahora hace. Esto es bien insólito, porque si ello ocurriera, las cosas andarían muy mal. ¿Es esto lo que en última instancia desearían que ocurriera, quienes realizan aquellas acusaciones?

Hay quienes creen, en la oposición, que el “cambio de discurso” del FA al acceder al poder fue algo realizado con premeditación y alevosía y de ahí saltan a hablar de un tema ético, porque atribuyen al FA haber llegado con un discurso que facilitaba su llegada cuando sabían que luego, para gobernar, lo cambiarían. Yo para nada creo que haya sido así. Lo ocurrido con el FA ha sido un proceso de aggiornamento, liderado por Danilo Astori, que comenzó bastante antes que el acceso del FA al gobierno y que aún no terminó. A algo de esto me referí en mi columna del 24 de mayo del año pasado, aquí, en Voces. Y la prueba del nueve de esto, está precisamente en la lucha que todavía tienen que dar, día a día, quienes están atrincherados en Paraguay y Colonia, respecto de quienes se mueven en Plaza Independencia. Y esto sin hablar de colegas que permanecen en los 50 y 60 y quieren replicar acá lo que está fracasando del otro lado del charco.

Para nada ha habido un discurso acomodaticio del FA en su tránsito desde la oposición al gobierno. Ha habido, en cambio, un liderazgo en la puesta al día en materia de ideas y políticas, que por suerte se impusieron en esa fuerza política a la hora de gobernar, frente a las de quienes se oponían y se siguen oponiendo a ellas.

El mismo tránsito que muestran candidatos llamados “de la derecha” (digo llamados, porque derecha derecha, casi no existe aquí y ahora) con determinadas políticas que antes se denostaban desde sus propios ámbitos partidarios. Así, por ejemplo, tenemos una versión Siglo XXI de Lacalle que incorpora instrumentos y accesorios que la versión anterior, Siglo XX, pero que siguió en oferta en el mercado hasta hace cuatro años, no incorporaba. De este modo, Lacalle Pou, si es presidente, mantendrá el IRPF, los Consejos de Salarios y las políticas sociales, si bien ha dicho, con razón, que habrá de introducir ajustes en los tres casos, ya que todos ellos los necesitan. También acá se está dando un bienvenido aggiornamento.

Porque de eso se trata, felizmente, en nuestro país: más allá de discursos “fundacionales” para la tribuna y sin fundamento cierto, tenemos “políticas de país” que se van afinando y ajustando gobierno tras gobierno. Nadie en realidad, en su fuero íntimo, cree que viene a cambiarlo todo o a hacer temblar las raíces de los árboles. Al menos nadie de los que llegan o pueden llegar.

El próximo gobierno, sea encabezado por quien sea, mostrará cambios marginales con relación al actual, incorporando la impronta personal de quien lo lidere y de su equipo, los matices de políticas que a su juicio puedan mejorar las vigentes y los ingredientes derivados del contexto global y su propia evolución.

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