Artículos‎ > ‎

El rumbo de la izquierda uruguaya por Juan Martín Posadas

publicado a la‎(s)‎ 30 mar. 2014 8:36 por Semanario Voces


 

         En muchos países de nuestro vecindario americano los partidos políticos son construcciones provisorias, generalmente fugaces, dedicadas estrictamente a lo electoral: son maquinarias para juntar votos. En otros países –y es el caso del Uruguay- hay partidos políticos de muchos años, cuya vida se ha ido entrelazando con la historia nacional y con el imaginario colectivo y que contienen variables constantes del sentimiento patrio. En el caso uruguayo ese rango o cualidad estuvo representada por el Partido Colorado y el Partido Nacional. Más recientemente, aunque con menos años encima, el Frente Amplio ha cobrado un rápido y extendido arraigo como para ser incorporado a esa categoría.

         Ese tipo de partido político, además de la función electoral, tiene una función que podría llamarse pedagógica y de construcción de ciudadanía. Los pronunciamientos partidarios, las tradiciones, los comportamientos significativos y simbólicos producen, contienen y afectan el acuerdo político sustantivo de esta nación; dibujan lo que queremos ser como país y lo que expresamente no queremos ser. Estos partidos son “pedagógicos” aunque no se lo propongan. Enseñan siempre. ¿Qué enseñan? Ese es el asunto.

 

                            ------000000------

 

         Este verano el Frente Amplio emitió una declaración de apoyo incondicional al gobierno de Maduro en Venezuela. En el curso de esos mismos meses veraniegos Mujica y Vázquez, cada uno por su lado, emprendieron sendos viajes a La Habana para visitar a Fidel Castro. Recojo estos hechos, entre varios otros, por su valor simbólico ( y pedagógico). Ellos transmiten identificación, solidaridad, apoyo buscado. También transmiten ausencia de crítica, de distancia o reparos. En una palabra, son como certificados de aprobación.

         Este tipo de acciones son de aquellas que se introducen en el imaginario colectivo con un significado político inequívoco y más fácil de entender o interpretar que cualquier discurso o proclama acerca del tipo de república o características de gobernante que suscita aprobación y admiración.

        

 

                                               -----00000-----

 

Resulta bastante notorio el grado de desorientación ideológica que ha afectado a todos los partidos de izquierda del mudo a partir de la caída del muro de Berlín y el colapso del llamado socialismo real.

         Mis amigos frenteamplistas me dicen que hay que saber distinguir entre la izquierda vieja, que quedó entre los escombros y cuya nostalgia se alimenta en los antiguos mitos, y la izquierda nueva o renovada que está de vuelta de Fidel, Chavez, Maduro y todo los demás (aunque nunca me explican bien qué es lo demás). Escucho con atención esta exhortación pero constato que al Frente Amplio no lo dirige ni lo encamina ninguna izquierda nueva. La que corta el bacalao, la que manda en las decisiones parlamentarias, la que manda en los sindicatos (y a través de ellos en la bancada), la que manda en la educación, la que lleva a la universidad a empantanarse durante meses en la discusión si le da o no un doctorado honoris causa a Vargas Llosa porque no tiene un pensamiento político correcto, no tiene nada de nuevo. Los nietos de la revolución están desorientados. El imaginario de la izquierda, con sus desencantos y confusiones, está colonizando al imaginario colectivo de todo el Uruguay.

         Según el renombrado historiador francés Ferdinand Braudel (que escribió de memoria su libro mientras estaba encarcelado por los nazis) las estructuras políticas son menos duraderas que las económicas, éstas menos que las sociales y éstas, a su vez, menos que las mentales. Las estructuras mentales refieren a formas de interpretar y comprender el mundo y, una vez cristalizadas,  persisten durante mucho tiempo, tienen raíces subconscientes y están mechadas con contenidos de tipo religioso.

 

                            -----00000-----

 

La izquierda de los años sesenta y setenta, la del sueño revolucionario, no tenía dudas de lo que quería y de lo que se proponía. No toda la izquierda estaba a favor de la lucha armada pero absolutamente toda la izquierda estaba por la revolución. En su visión de las cosas el Uruguay vivía una situación de dominación y opresión que era de por sí sublevante: había que tirarla abajo porque era ética y políticamente insoportable, era obligación cambiar radicalmente un Uruguay tan insatisfactorio que se consideraba ya imposible de reformar.

 Como he escrito otras veces, la izquierda embistió contra un Uruguay que no era, se dejó llevar por ejemplos ajenos, aprendió consignas y desestimó análisis, quiso curar males que no había y no vio los que había. Pero –y aquí está el punto a destacar- esa izquierda, equivocada en su diagnóstico por desconocimiento del Uruguay real, estaba, no obstante, totalmente convencida de lo que quería, no tenía dudas y su entusiasmo juvenil no conocía vacilaciones.

Cuando se recupera la democracia en 1984 y la izquierda vuelve del exilio y sale del Penal y de los refugios de la precaución, se encuentra con un Uruguay muy mejorado pero institucional y políticamente muy parecido a aquel Uruguay que habían considerado insoportable y merecedor del asalto revolucionario. ¿Qué pasa entonces? Aquel país insoportable y sin remedio les resulta habitable y su sistema político adecuado.

                            ------000000------

 

La claridad y firmeza de metas y propósitos de la izquierda sesentista se fue perdiendo a partir de la salida del período de facto. Algunos años después, cuando el Frente llega al gobierno, está completamente desvanecida. La certeza de antaño, tan firme auque tan  equivocada,  se convierte en vaguedad, en macaneo y en oscilación cuando tiene todo el poder en sus manos.

         El imaginario colectivo nacional, colonizado por el peso que sobre él tiene la izquierda, queda vulnerado y debilitado para el desafío de conocer mejor la realidad del país, entender los tiempos modernos y enfrentarlos con provecho. A la vez van quedando por el camino, aquellos valores hereditarios que habían hecho del viejo Uruguay, mal conocido y despreciado, un país modelo en América.

         El tiempo pasa y los principales dirigentes del partido de gobierno, al que votó la mitad de los uruguayos…¡nos vuelven a contar cómo les fue en el último viaje a Cuba! Los comportamientos de la dirigencia frentista, los arriba mencionados y tantos otros similares, no sólo ponen de manifiesto un remanente confusional (consentido) en la cabeza del Frente Amplio sino que producen otro efecto más grave: provocan una erosión en el imaginario colectivo uruguayo en su conjunto, en lo que refiere a qué es  admirable y qué no lo es, qué es aceptable y qué es despreciable para el Uruguay que queremos y cuyas bases mínimas estamos todos dispuestos a defender y consolidar.  

Me extraña sobremanera que nada de esto haya sido objeto de análisis por la dirigencia frentista ni objeto de estudio por tanto politólogo e intelectual que merodea por estos temas. Con medio país sin claridad respecto a su propio rumbo –y el Frente es medio país- se nos hace a todos más difícil diseñar un futuro nacional.


Comments