Artículos‎ > ‎

EL SUBDESARROLLO (1º PARTE). Por Wladimir Turiansky.

publicado a la‎(s)‎ 6 ago. 2011 15:01 por Semanario Voces   [ actualizado el 6 ago. 2011 15:05 ]
 

 

 

 

 

 

La respuesta de Daniel Martínez, por demás interesante y compartible, a las preguntas formuladas por VOCES  en torno a Aratirí, me estimuló a incorporar algunas reflexiones en torno a los problemas del subdesarrollo, su origen, sus causas, y los caminos para superarlo.

En efecto, en un párrafo de su respuesta, Daniel escribe lo siguiente:

 

“El Uruguay como lo hemos dicho 5524 veces, tiene el drama de exportar cosas que valen poco e importar cosas que valen mucho. La estructura productiva está distorsionada y ni que hablar la exportadora; el 85% son materias primas o productos de primera transformación industrial con uso intensivo de materias primas.

Eso explica porqué somos una nación dependiente, o subdesarrollada, como quieran nombrarla, y explica la pobreza de Uruguay y la mala distribución de la riqueza.

…Debemos diversificarnos, sino vamos a seguir siendo una nación dependiente y susceptible al impacto de las variaciones de los precios de las materias primas en el mundo.

…Si mal no recuerdo en el 61, el Che Guevara en la OEA, planteó que 10 años atrás, (o sea en 1951) se necesitaban dos bolsas de trigo para comprar un tractor, y en el 61 se necesitaban 5, y si hacemos la cuenta hoy, se deben necesitar 100, porque cada vez la tecnología viene más complicada, compleja y mas cara respecto a los productos primarios.

 

Tiene razón Daniel. No sé si en nuestro caso el trigo sirva como referente. Pero la carne sin duda. Desgraciadamente, no cuento con valores de aquellos años, pero recuerdo que para explicar el subdesarrollo a partir del deterioro de la llamada “relación de los términos del intercambio”, por su efecto apropiador del excedente generado en el ciclo económico de los países productores de materias primas, por parte de los países productores de bienes industrializados, se comparaban novillos con tractores, su relación de precios en el mercado mundial a lo largo de un período. Salvo los números, las consecuencias denunciadas por el Che eran perfectamente aplicables a nuestra economía.

Sin embargo, a falta de esos datos, acuden en mi ayuda algunas cifras extraídas de trabajos de aquellos años del periodista experto en cuestiones económicas, director del diario “El Popular”, y dirigente comunista, Eduardo Viera. Así por ejemplo, contrastando cifras del comercio exterior, en volúmenes y precios, Viera llegaba a la conclusión de que “en 1961, el mismo volumen físico de exportaciones sólo alcanzaba a pagar el 59% de las importaciones respecto a 10 años antes”. O sea, con los mismos novillos con los que podríamos haber comprado un tractor en 1951, sólo nos habría alcanzado en 1961 para comprar medio tractor y un poquito más.

Hoy el proceso se está revirtiendo, en la misma medida que los precios de las materias primas aumentan en mayor proporción que los productos industrializados. Datos más actuales, elaborados por la DNEA, Dirección de estadísticas agropecuarias, dependiente del MGAP, para los años 1990, 1997 y 2009, en los que se comparan los precios de novillos (peso promedio 500k) y tractores de 86-120 HP de potencia, da lo siguiente:

 

                                                    1990                1997                          2007

Novillos gordos pesados (dol/k)  0,64……………0,78………………….1,12

Tractores de 86-120 HP.  ………34.000…………41.800………………41.850.

 

Es decir:

En 1990 se precisaban 109 novillos de 500k. para comprar un tractor de 86-120HP. En 1997 se precisaban 107, y en 2007 se precisaban 72. (Vale preguntarse: ¿con cuantos novillos se compraría un tractor en 1967?).

Hoy, como dice Daniel, vivimos tiempos de bonanza, que no deberíamos desperdiciar.

Bonanza relativa, si pensamos que a lo largo de un siglo, o más, el proceso fue a la inversa, y año tras año buena parte del costo de investigación científica y desarrollo tecnológico mediante el cual los países del llamado primer mundo modernizaron sus industrias; buena parte de los recursos que les permitieron acumular ingentes riquezas, devinieron de lo que se denominó “el deterioro de los términos del intercambio”, en una palabra, fueron, y no en pequeña medida, extraídos del fruto de nuestro trabajo. Y ello porque las potencias imperialistas  impusieron las reglas para que tal cosa ocurriera, y porque nuestros pueblos no habían encontrado aún los caminos de su unidad que les ha permitido hoy contar con gobiernos en sintonía con el gran objetivo de lograr la plena independencia económica y política de nuestra América, y su pleno desarrollo con justicia social.

 De lo que se trata entonces es de que aquel ciclo no se repita, y que seamos capaces de romper la perversa división internacional del  trabajo impuesta por la hegemonía económica y política del imperialismo. En una palabra, que encontremos la ruta para salir del subdesarrollo y la dependencia.

Pero historiemos un poco más.

Allá por la década del 60’ del siglo pasado, a partir de un conjunto de economistas latinoamericanos empeñados en estudiar el origen y las causas del subdesarrollo, se generó el llamado “desarrollismo” como una corriente común a todos ellos, así como la “teoría de la dependencia”, a partir sobre todo de los trabajos del brasilero Fernando Henrique Cardozo. Uruguay no estuvo ajeno a esa corriente, con la constitución en 1963 en el ámbito gubernamental de la CIDE, Comisión de Investigación y Desarrollo presidida por Enrique Iglesias. Su diagnóstico apuntó a la superación del subdesarrollo por vía de cambios institucionales, de los que los más destacados se referían a la reforma agraria basada en el cambio del régimen de tenencia de la tierra, procurando incentivar el modo de producción capitalista, más avanzado, en la explotación agropecuaria, hasta ese momento con fuertes resabios semi-feudales que operaban como obstáculo o freno para el desarrollo de las fuerzas productivas. A ello se agregó la propuesta de creación, con rango ministerial, de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, OPP, destinado a elaborar planes quinquenales de desarrollo, así como otros cambios institucionales, algunos de los cuales se incorporaron al proyecto de reforma constitucional plebiscitada conjuntamente con las elecciones nacionales de 1966.

A diferencia de las corrientes marxistas o nacional liberadoras con sus metas socialistas o de superación del capitalismo, el desarrollismo sólo proponía el desarrollo en el marco de la estructura capitalista dominante, y con una fuerte intervención proactiva  del Estado. Más allá de tales limitaciones, el Diagnóstico y el Plan Nacional de Desarrollo elaborados por la CIDE fueron insumos invalorables para el movimiento popular y el pensamiento de izquierda. (Hoy, con el derrumbe del socialismo real y la pérdida de los paradigmas que en los 60’ nos inspiraban, no estaría de más, me parece, recrear el pensamiento económico en boga en Latino América por aquellos años, el desarrollismo, la teoría de la dependencia, la economía del subdesarrollo, etc., y ver cuanto pudiéramos  rescatar de aquellas ideas que tanto combatimos desde el marxismo por su esencia reformista).

Pero dejemos esa digresión y volvamos a los 60’  Un poco antes, en 1958, el PCU caracterizaba en su Declaración programática a la estructura económica del Uruguay como un capitalismo deformado y dependiente, deformado por el régimen de tenencia de la tierra semifeudal o precapitalista, y dependiente y sujeto a las reglas de la división internacional del trabajo impuesta por el imperialismo, esto es, por el grupo de países centrales que advinieron tempranamente al desarrollo industrial, y la masa de países periféricos, muchos de ellos colonias, destinados a la producción de materias primas, en algunos casos con incipientes industrias.

Y un poco después, en esa combinación de lucha popular y debate  programático, surge en 1971 el Frente Amplio, con una definición nacional, popular, democrática, antioligárquica y antiimperialista, y comienza el largo camino que, más allá de los obstáculos que haya que salvar, las vueltas y revueltas que haya que dar, terminará por conducirnos a la ruptura de la dependencia y el subdesarrollo, al progreso social, la igualdad y la justicia.

Hoy juegan a favor varios factores. Uno, el FA es gobierno y cuenta con el apoyo de las grandes mayorías nacionales para impulsar ese objetivo. Dos, la mayoría de los gobiernos de la región, en manos de las fuerzas progresistas y de izquierda, coinciden en los objetivos enunciados y, si concretan el sueño histórico de la unión, pueden cambiar a la región, erradicando de ella a la pobreza y la indigencia, y con ello pueden contribuir a cambiar al mundo de faz.     Tres.  Hemos dejado de ser el patio trasero del imperialismo estadounidense, y estamos en condiciones de ejercer plenamente nuestra soberanía y nuestro derecho a la autodeterminación. Cuatro. La crisis global del sistema ha terminado por generar, fruto de sus contradicciones, una multiglobalidad que facilita la inserción internacional de los pequeños países económicamente débiles, como el nuestro, por vía de los bloques regionales.

De manera que el viento sopla a favor, y debemos aprovecharlo.

¿Qué debemos hacer, entonces?

A ello, si el Dire me lo permite, espero referirme en una segunda nota.

 

 

Comments