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ENGLER Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 24 feb. 2012 10:19 por Semanario Voces
 

La vida de Engler ha sido de las más singulares de las últimas décadas, y no sólo para el Uruguay y los uruguayos. Durante años, el doctor Henry Engler, Octavio en el MLN, permaneció hundido en la locura, en parte como consecuencia de los suplicios a que fue sometido por parte de la dictadura, en parte como una elección personal, para desvincularse del mundo circundante.

 

Llegó a irse muy lejos, en un viaje interior que parecía sin retorno. Su cuerpo fue capaz de soportar los inviernos, durmiendo en la más absoluta desnudez sobre el frío piso de cemento. Tal vez su juventud, sumada a una infancia y adolescencia sanas, transcurridos en la Heroica, un producto típico de la poderosa clase media uruguaya, le dio el temple de acero, que años después le permitiría vivir con la mente en un lado y el cuerpo en otro. En determinado momento hubo un cambio, después de años algo había pasado en su ausencia. El estudiante avanzado de medicina lo percibió y buscó la manera de empezar a ensanchar el pequeño boquete al mundo exterior que nunca había cerrado del todo.

La dictadura se resquebrajaba. Los militares habían encontrado mucho más resistencia de la que podían haber previsto. Había quedado atrás el rechazo del plebiscito propuesto por el régimen en 1980, había quedado atrás el Mundialito, con todo el estadio coreando ¡tiranos temblad!, había quedado atrás el acto del Obelisco, con Semproni sentado en la misma tribuna que Ulises Pereira Reverbel. En fin, Octavio percibió que la pequeña brecha ya no era una cloaca a la que tiraban toda la basura del cuartel y que por primera vez salía algo de música por ella. En un determinado momento había recuperado buena parte de su autodominio como para ser consciente de que podía y quería luchar para reencontrarse con su cuerpo.

Pero eso no fue todo. Algunos años más tarde se vio embarcado en otra pelea titánica. Engler eligió olvidarse de los cinco años que había cursado en la Facultad de Medicina de Montevideo para empezar nuevamente de cero. Podía haberse dedicado a trabajar en la Volvo, o a tener un pasar aceptable con una remuneración sueca, cantando los fines de semana para las colonias latinoamericanas, pero Engler decidió recomenzar.

La mayor parte de los uruguayos supieron de él cuando llegaron las primeras noticias de su labor como investigador. En 2002, el equipo que dirigía en la Universidad de Uppsala, Suecia, era reconocido por su trabajo en el uso de la imagenología molecular en la detección del Alzheimer, como una de las 100 noticias top del mundo. Basta leer su currículum para darse cuenta de la importancia que Engler ha adquirido entre quienes se dedican a la investigación del Alzheimer y al uso de la imagenología molecular en la detección de esta enfermedad, así como en la detección precoz del cáncer. Hay muchos uruguayos dedicados a cosas parecidas fuera del país, pero Engler es de los más paradigmáticos, por el grado de dificultades que tuvo que vencer para incorporarse nuevamente a la medicina, y porque volvió al Uruguay con un proyecto importantísimo sobre los hombros. Sin ninguna duda es de las cosas más importantes que le puede haber sucedido a este país en los últimos años.

El pasado día 2, en la edición de Búsqueda, apareció un reportaje en el que leemos con desazón sobre las dificultades que encuentra para mantener funcionando la institución que dirige, el Centro Uruguayo de Imagenología Molecular (CUDIM). El apoyo real, en recursos para la investigación, no llegan al CUDIM. Es posible que Engler tenga que verse obligado a hablar directamente con el Presidente de la República, utilizando su vieja amistad, casi como último recurso para hacer que el Estado desbloquee las trabas burocráticas que lo están estrangulando económicamente. En principio se va a tomar un mes de licencia, si la situación no mejora sustancialmente se va del país. El Fondo Nacional de Recursos no ha aprobado el tratamiento del Alzheimer en el CUDIM, cuando eso debió haber estado aprobado antes de su inauguración. Uruguay tiene en la institución que Engler trajo desde Suecia el mejor marcador que existe para detectar el tumor cerebral, y está a la vanguardia del mundo en la detección del Alzheimer, pero el Fondo Nacional de Recursos no se  decide a utilizar sus servicios.

Ya no levantamos los brazos, estamos shockeados por la infinidad de dificultades que la burocracia le genera a la vida cotidiana de este país. Lo que los militares no pudieron, los responsables del Fondo Nacional de Recursos están a punto de conseguir. De ser el mascarón de proa de este país, en cualquier momento puede ser el Titanic. ¿Seguiremos escuchando un discurso destinado a entusiasmar a quienes sueñan con volver algún día a su terruño? ¿Para qué, para que les suceda lo mismo que le está sucediendo a Engler?

Lo triste no es llegar a esta altura de la vida sin haber hecho la revolución, lo triste es llegar a esta altura de la vida sin poder entregarle al país ni uno solo de aquellos sueños. Engler lo hizo. Desde el peor de los escenarios humanos fue capaz de edificar su vida actual. Qué insignificancia eso de acercarse a él por su visibilidad actual para acabar hablando de si el MLN se hizo o no la autocrítica, o si cuarenta años atrás Engler mató a uno o a diez. De ahí para acá, al menos en lo que tiene que ver con la detección precoz del cáncer, Engler debe haber contribuido a salvar muchas más vidas de todas las que murieron aquí en la década del sesenta y principios del setenta, y aunque el balance no sirva de consuelo sí sirve para comprender, una vez más, que la vida cierra puertas y abre otras, y que lo importante, al menos para el país, es que por las puertas que ahora se abren sea el futuro el que entre. Mujica es un moderador que se rompe el alma echando aceite en los engranajes de la burocracia, y eso es algo, pero casi nada si se toma en cuenta los perjuicios que la burocracia, y más cuando se asocia al corporativismo, le causan al Uruguay.

Nadie espera que aquel hombre que llegó en una motoneta al Parlamento lo haya hecho para administrar mejor que nadie el status quo, con lo importante que es administrar bien los recursos. Lo que se le pide es algo acorde con las expectativas que generó. Hágalo como quiera, a lo Gandhi o a lo Pepe Mujica pero entréguele a la ciudadanía un Estado saneado de burócratas. Para la mayoría de los uruguayos, y de todos los partidos, ese tema concita la más grande coincidencia. Servidores públicos sí, burócratas no. Esa patología crece tanto dentro del capitalismo como en el socialismo, y acaba haciendo el trabajo de quintacolumna, eso es lo que tenemos hoy. ¿Que le van a trancar el país? Ya está trancado, lo de Engler es sólo un episodio más. Y si su amigo se ve obligado a hacer las valijas para volver a Suecia a usted le va a doler en el alma. Por el contrario, si mantiene su decisión de enfrentar a la burocracia, y tiene éxito, los ciudadanos de todos los partidos seguramente renovarán su simpatía y hasta su admiración por el hombre valiente que dice la leyenda fue, cualidad de la que podemos dar fe los que lo conocimos personalmente.

 

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