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ENTRE NÓRDICOS Y BOSQUIMANOS Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 15 sept. 2012 10:17 por Semanario Voces
 

El entonces senador Mujica, antes de las elecciones en que resultara electo presidente, habló con entusiasmo sobre los bosquimanos, de los que la inmensa mayoría, seguramente, apenas teníamos alguna referencia. Él los presentó como el paradigma del sabio vivir. Mujica también había comentado, con similar entusiasmo, su experiencia en Nueva Zelanda, donde lo llevaron a conocer los laboratorios en los que experimentan distintas especies vegetales capaces de resistir un cambio climático extremo. En el mismo tono agregó que los países nórdicos podían ser un buen ejemplo a seguir para un país como Uruguay.

 

El tiempo se escurre por entre los dedos ávidos de chacra del presidente y ninguna de las posibilidades de modificar nuestra conducta social se inclina hacia alguno de los modelos mencionados en los albores de su mandato, salvo entre la gente de COFE, que parece inspirada en las dos horas de trabajo diario que los bosquimanos dedican a la supervivencia.

Pero ese fue el planteo preelectoral de Mujica. Él pensaba así siendo senador en carrera hacia la presidencia de la República. Lo de los bosquimanos era coherente con su espíritu libertario. Se dice que los bosquimanos no tienen jefes. Más bien, cuando le preguntaron a uno si era cierto que no tenían jefes, contestó que sí tenían: cada uno era el jefe de sí mismo. Quienes han estudiado ese pueblo, que en realidad son varias etnias, a las que la voz afrikáans denomina “hombres del bosque”, genéticamente similares a los primeros africanos que abandonaron África y colonizaron diversos territorios en otros continentes, señalan que siendo originarios del sur de África, fueron diezmados, primero por los bantúes y luego sometidos por los colonizadores holandeses, alemanes e ingleses. En la actualidad se encuentran dispersos en los territorios de Botsuana, Namibia, Angola, República Sudafricana, Zambia y Zimbabue. En total, de esa vieja comunidad apenas sobreviven 100.000 individuos. Ya no se dedican casi a la caza y la recolección de frutos para subsistir sino que lo siguen haciendo como un complemento. La mayoría vive en la miseria, sobreviviendo con changas de los gobiernos, o explotados a cambio de alimentos. Como paradigma actual no sirve, salvo al espíritu romántico de alguien que se propone vivir como si el mundo fuera otro, y el ser humano pudiese bajarse en la próxima estación para iniciar una nueva vida en una especie de comuna, donde todo sea de todos, y el celular fuera tan prohibido como Internet, la policía o la vacuna contra la polio. Así no vale. La vida sobre la Tierra es un paquete que resulta difícil desatar. En el fondo hay pocas opciones, y cuando se siente con tanta pasión dos caminos tan distintos como el de los bosquimanos y las socialdemocracias del norte europeo se corre el riesgo de no poder optar, y eso es lo que ha venido sucediendo desde las elecciones. A uno les vino fenomenal la propuesta de las dos horas sin jefe y a los otros les pareció bien una redistribución más justa a partir de la máquina del Estado.

El Estado no admite más compromisos, porque ni siquiera puede cumplir con los que ya tiene, y mucho menos puede meter más bosquimanos a hacer nada. Aquellas propuestas de reducir la cantidad de funcionarios paulatinamente, con mayor eficiencia entre los que queden ya no corre. No sólo no disminuye la plantilla del Estado sino que aumenta. En los hechos, el funcionario público se ha adueñado de la máquina de un patrón que no la utiliza para apropiarse de la plusvalía sino para generarse cierto bienestar, como educar a sus hijos, vivir en una ciudad limpia y segura, pero Juan Pueblo no es un oligarca, y los funcionarios del Estado deberían saberlo por su educación sindical.

En los países escandinavos no funciona así. La población es sagrada. A eso, seguramente, se refería Mujica cuando pedía que los uruguayos nos mirásemos en ese espejo. En los países escandinavos hay redistribución, pero también hay impuestos que aseguran el confort de los ciudadanos, y también hay sindicatos que han peleado mucho por esas cosas pero sin perder de vista que no quieren volver a la pobreza que tan bien conocen. Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca hasta no hace mucho eran sociedades en las que las diferencias sociales eran muy marcadas. Hoy los datos los presentan con los mejores indicadores de desarrollo social y redistribución. Los cuatro países escandinavos se encuentran entre los siete países con mayor igualdad de ingresos, para decirlo más claro: los países a la cabeza de la justicia social, y no en los discursos sino en la realidad.

El problema está en que nos hemos vuelto un país que dejó de mirar a largo plazo. Se enreda en lo cotidiano sin tener una vida política que apunte más allá de las siguientes elecciones. Sesenta años atrás se debatía si dictadura del proletariado o democracia socialista. Hoy siguen vigentes las premisas que expulsaron a Frugoni del PS, que abrieron la puerta a una concepción mediante la cual la oligarquía era la principal aliada del imperialismo yanqui, y por tanto debía ser combatida con todas las armas posibles. La Revolución Cubana brillaba con una luz cegadora, como dice Silvio Rodríguez. Hoy, caminando hacia el segundo período de gobierno del Frente, ¿cuál es el principal aliado del imperialismo yanqui? O nos equivocamos antes o nos equivocamos ahora. ¿Son bienvenidos o no los capitales extranjeros para montar sus industrias aquí? ¿Cuál es el peso real de la oligarquía uruguaya? En los hechos, el Frente ha sido, desde el comienzo, una fuerza política más afín a Frugoni aunque su discurso se pareciera más al de Trías. Aquí también estamos en la misma disyuntiva. El discurso va por un lado y la política real va por otro, y con ese juego de cintura muchos creen que la viveza está en hacer señas para un lado y después doblar para otro.

Seguramente Mujica nunca tuvo la intención de confundir a nadie. Siempre ha sido espontáneo, y hasta quizás demasiado. Las cosas que tenía permitidas como senador ya no las tenía como candidato a la Presidencia, y aunque esa no hubiera sido su intención lo cierto es que su libre decir ha suspendido hasta quién sabe cuando la visualización de una propuesta de futuro para el pueblo uruguayo. Nosotros hemos tenido que movernos entre los dos países más grandes y poderosos de América del Sur y hemos sobrevivido sin tener que pedirle padrinazgo a nadie. En la presidencia de Vázquez este país tuvo que lidiar con los desaforados de Gualeguaychú y el gobierno de Buenos Aires y fue hasta donde se vio obligado a ir, por lejos y costoso fue fuera, para defender nuestros derechos. Es una concepción que define cosas. Se decretó que a partir de mañana no se fuma más y se podría decir lo mismo: rompió mitos. Se tomó una decisión compleja con respecto a las ceibalitas y se hizo, sin marcha atrás. Es una forma de marcar la cancha, casi una regla de oro de cualquier gobierno. Ser nórdico y bosquimano al mismo tiempo no se puede, hay que decidirse. Si nos vamos a rascar la panza al sol después de trabajar un par de horitas, incluyendo las fotocopias para los botijas y el solitario en la computadora entonces no hay que soñar con un modo de vida a lo escandinavo. O una cosa o la otra.

El tiempo se escurre y la señal que se pueda dar para que la confusión cese es cada vez más difícil de emitir.

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