Artículos‎ > ‎

E PUR SI MUOVE Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 6 mar. 2014 9:19 por Semanario Voces

Si algo bueno tiene la democracia contemporánea, por el adjetivo que se la quiera reconocer, es que nadie pierde todo y nadie gana todo. El poder es bastante más frágil de lo que parecía a quienes han cultivado una estrategia de quedarse con todo el poder, porque esa ha sido la consigna de las revoluciones inspiradas en el materialismo histórico, para el que la dictadura del proletariado era el primer e ineludible escalón para entrar a la verdadera historia del hombre. Todos estos tiempos se los han querido presentar como los de una brumosa iniquidad, un tormento sin fin, una prehistoria que desaparecería la noche en que la clase obrera tomase el poder de una vez y para siempre. A los jóvenes, quienes ya no escuchan por casi ningún lado el nombre de Lenin, o en qué consiste la diferencia entre el materialismo dialéctico y las filosofías idealistas, todo esto puede sonarles a marciano, es el resultado del cansancio que producen los anuncios apocalípticos y las consignas que se lleva el viento una vez en el poder. La vida de la humanidad está llena de ejemplos de vida, donde ha habido gente, casi toda, que no necesitó del poder para ser buena de alma, tener sueños generosos y no imaginar una hecatombe para servir a sus pueblos.

Luego de la destitución de Viktor Yanukovich como presidente de Ucrania, el pueblo de Kiev visitó la casa de campo del hasta entonces hombre fuerte de Moscú, y se encontró con más de lo que se rumoreaba: una residencia fastuosa, que compartía con su amante Liubov Polezhay, con helipuerto, campo de golf privado y zoológico, y una impresionante colección de coches antiguos y motos. El círculo de amistades y parientes también disfrutaban de la riqueza que daban los contratos de suministro de gas ruso, o el armamento. Las empresas de su hijo Olexander consiguieron hacerse con la mitad de los contratos que el Estado firmó el mes pasado. Su amigo de la niñez Rinat Ajmetov es el hombre más rico del país, el zar de la industria metalúrgica y hasta dueño de un equipo de fútbol. Todos los contratos referidos a la industria solar iban a parar a otro de sus amigos íntimos: Andrei Kliuyev. El Comité del Maidán, por la plaza en que se gestó la resistencia al gobierno de Yanukovich, ha puesto una condición al nuevo gobierno, que asumirá de forma transitoria hasta que se celebren elecciones: Que ninguno de los miembros esté en la lista de los más ricos de Ucrania. ¿Pero quién dejó a Ucrania en este estado?

Es una historia que se repite tras cada caída de algún régimen absolutista: enriquecimiento ilícito de quienes ostentaban el poder y su círculo más cercano. Pero a esa característica de los regímenes cerrados se le agrega algo, si se quiere, más inmoral: el discurso. Por lo general invoca a lo emocional, cuando no es al sentimiento patriótico es a la lucha de clases, o a las dos cosas juntas, como en los regímenes populistas de América Latina, donde al discurso progre se le agrega la prepotencia, bajo la supuesta representación de las clases más oprimidas. Esa representación, ejercida exclusivamente en base al discurso y no a la realidad de gobiernos que hayan avanzado en un sistema integrador, donde los trabajadores encuentren mayores espacios de participación real, no descansa hasta provocar una división de la sociedad en dos mitades que pueden llegar a ser irreconciliables, por lo tanto de imprevisible desenlace. El bando de los buenos y el bando de los gusanos. Los uruguayos, que nos autocalificamos políticamente informados, y lo somos, en términos relativos, al menos en el escenario doméstico, tomamos partido con mucha ligereza frente a temas de política exterior que parecen necesitar nuestro alineamiento. Desconocemos, en cambio, el enorme capital que tiene este pequeño país, enclavado entre los dos más grandes de América del Sur, y de los que hemos recibido hasta cruentas invasiones en nuestra vida independiente. Si de algo nos ha servido la democracia y las instituciones republicanas ha sido de instrumento de conciliación social, donde los intereses populares encontraron cobijo y garantías, y como muestra basta recordar el retraso, en todos los órdenes, que produjo la dictadura militar entre 1973 y 1984. Cuando el uso del Estado en beneficio de un régimen opaco se vuelve sistémico desaparece el testigo, desaparece el perjudicado, desaparece la denuncia, y el régimen comienza a vivir la luna de miel con la eternidad. Hasta pocos días atrás una serie de gobiernos con apoyo electoral creyeron en el viejo sueño de la dictadura del proletariado, clase social interpretada y dirigida por el partido, y si no releamos a Lenin o al Che. Una vez más la representación, tanto da que se trate del partido de vanguardia o la democracia que hace del Parlamento el epicentro de esa representación.

Los uruguayos, y, sobre todo, los uruguayos que se autodefinen de izquierda, tienen, tenemos por qué estar tranquilos, y si de algo podemos arrepentirnos es de no hacer lo que podemos hacer para que otros pueblos de la región aprendan a convivir con el conflicto, y experimenten las virtudes de solucionarlos en libertad. Lo que parece una novela rosa es el meollo del socialismo del futuro. Mientras otros gobiernos azuzan a sus ciudadanos para conseguir una sociedad en blanco y negro, la sociedad uruguaya, y el gobierno que preside un dirigente tupamaro, colaboran en la mutua aspiración de convencer sin hacer de este país un prostíbulo político. No debe haber intereses más contrapuestos que los de Mujica y Bordaberry, pero nadie podría tolerar de forma impasible la mitad de los insultos y agravios que en otros países de la región se dedican representantes políticos de distinto signo. La investidura es la representación de los intereses populares, por más que siempre hay quienes descreen, y a veces con mucha razón, de las buenas intenciones del sistema político.

Resulta difícil escribir en abstracto, evitando nombres de personas y países para evitar que la insistencia haga de este opinador un ciudadano molesto, obsesionado en pregonar que tanto la derecha como la izquierda producen regímenes que poco se diferencian cuando no existe libertad de palabra, o, al menos, esa palabra queda condicionada a lo que quieren oír nuestros oídos.

Los de la plaza Maidán de Kiev repiten lo de Túnez, lo de la plaza Tahrir en El Cairo; lo de Sol, corazón de Madrid, o lo que está pasando en San Cristóbal de Táchira. La gente se harta de cuentos y sale a enfrentarse con el régimen, sin que la CIA le pague el sueldo. Están pasando cosas, para muchos inesperadas, cosas, muchas cosas que pueden cambiar la calidad de la democracia, y el rumbo del socialismo del futuro. Para quienes todavía creen que hay futuro en los viejos manuales, reinterpretados y reescritos en nombre de Marx, pero fallidos en cuanta experiencia hubo a lo largo del siglo XX, sólo ven nubarrones en el cielo que apenas un poco tiempo atrás parecía el del paraíso que prometía el socialismo que conocimos en el siglo XX. Para quienes creemos que la libertad no es una paloma sino un compromiso cotidiano y tan amplio como podamos imaginar, seguiremos pensando que no es una utopía batallar por su existencia, donde quiera que esté amenazada. “La libertad no existe”, argumentarán con sentido práctico los cardenales de la Inquisición. El hombre de la calle, la mujer cansada, bajarán la cabeza y mascullarán: E pur si muove.


Comments