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Escuela Pública ¿SE EQUIVOCÓ MUJICA? Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 4 abr. 2013 7:04 por Semanario Voces

Hace unos días, descubrí que alguien me había etiquetado en facebook con un recuadrito en el que lucía lo que aparentaba ser una moña azul y un texto muy sencillo: “Yo apoyo a la escuela pública”. Un poco más abajo, el recuadrito agregaba algo así como “¿Cuántos de mis amigos subirán esto a su muro?”.

No lo pensé, fue una reacción casi instintiva. Inmediatamente marqué el “compartir” e instalé el recuadrito en mi muro.

A los dos o tres días, para mi sorpresa, más de quinientas personas habían compartido a su vez el recuadro. Ahora, una semana después, ya van bastante más de seiscientas.

Y eso sólo en mi muro. ¿Cuántas personas habrán compartido el recuadro original y cuántas lo habrán reproducido de otros muros? En otras palabras: ¿cuántos miles de uruguayos sentimos el mismo impulso de expresar nuestro apoyo a la Escuela Pública? ¿Y por qué?

La sociedad uruguaya no es hoy una sociedad muy integrada. Discrepamos en muchas cosas y nos discriminamos unos a otros por muchos motivos. Somos de izquierda o de derecha, pitucos o terrajas, blancos, colorados o frenteamplistas, hinchas de Peñarol o de Nacional, ricos o pobres, católicos o no católicos, blancos o negros, heterosexuales u homosexuales, hombres o mujeres, planchas o chetos, consumistas o no consumistas. Demasiadas contradicciones nos dividen, nos enfrentan, nos hacen hablar idiomas distintos y pueden hacer incluso que nos agredamos, de palabra o de hecho.

La sociedad uruguaya no es hoy, tampoco, una sociedad generosa. Cada gremio, cada corporación, cada cámara empresarial, cada iglesia, cada sindicato y cada partido, tiran para sí. Cada uno reclama lo que le corresponde, o lo que cree que le corresponde, o lo que quiere, sin importar si queda para los demás y si la sociedad puede soportar el esfuerzo.

¿Existe algún denominador común? ¿Hay alguna causa que todos sintamos y compartamos en menor o mayor grado? ¿O la fragmentación es inevitable?

El día en que asumió la Presidencia, Mujica hizo una invocación clave: “Educación, educación, educación”, dijo. Sin embargo, a la hora de gobernar, eligió otra causa como “nave insignia”. El plan “Juntos”, la construcción colectiva de viviendas para sectores carenciados, con participación incluso de voluntariado, fue la causa que el gobierno nos propuso a los uruguayos como bandera motivadora y unificadora.

En un país cuya educación está en crisis, en el que tres cuartas partes de los gurises asisten a una enseñanza pública desmejorada o directamente degradada, se optó por privilegiar la construcción de viviendas.

¿Se equivocó Mujica?

Yo creo que sí. Tenía a la mano una causa valiosa, sentida por la población y por la que, en razón de estar en juego los niños,  ésta está dispuesta incluso a hacer sacrificios. Pero concentró sus esfuerzos en otra cosa. Valiosa, sí, pero incomparable con la importancia que para una sociedad tiene la educación de sus niños.

La enseñanza pública, y en particular la Escuela Pública, concentra en el Uruguay, en el imaginario colectivo de los uruguayos, dos grandes valores.

Por un lado, representa a los niños, por los que hasta la más egoísta de las sociedades debería estar dispuesta a hacer sacrificios. ¡Qué no habría podido hacer un gobierno que hubiese propuesto como meta colectiva el mejoramiento de la enseñanza y hubiese actuado en consecuenia! Seguramente habría podido poner en acción las reservas de solidaridad y de espíritu de sacrificio que una sociedad, aun una sociedad egoísta, siente por sus niños.

Pero, además, la Escuela Pública está simbólica e indeleblemente asociada , en la cabeza de los uruguayos, con algunas de las principales virtudes republicanas, como la noción de igualdad (“aquellos que alguna vez se han sentado juntos en los bancos de una escuela…”), la de sencillez, y la de superación por el propio esfuerzo.

Creo que, en el fondo, a eso se deben los miles de “compartidos” que cosechó en facebook el mensajito de apoyo a la Escuela Pública. A que muchos uruguayos tenemos fuertemente asociada a la Escuela Pública con valores esenciales a menudo en desuso: la prioridad dada a los niños, la igualdad como regla, la sencillez republicana y la superación personal por medio del esfuerzo y el mérito.

Si alguna vez los uruguayos buscamos causas comunes que nos permitan recobrar nuestra identidad y solidaridad, seguramente deberemos empezar por reivindicar a la Escuela Pública.

Desde luego, no es todo lo que precisamos para actuar como una sociedad con futuro. Pero es un suelo básico y común sobre el que empezar a construir.   

    

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