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ESTEBAN VALENTI: Cuando iba a la Unión Soviética, era mi patria

publicado a la‎(s)‎ 20 oct. 2012 12:02 por Semanario Voces
 
Cuando Fito me propuso participar en esta mesa, más allá del ego, me pregunté si iba a ser cómodo, necesario y útil. Como uno se ha hecho más egoísta, también me pregunté si iba a ser útil para mí.       Y me contesto con dos grandes razones. Estoy acá porque me parece que cualquier esfuerzo que se haga para recomponer la historia de los comunistas y una parte importante de la izquierda, de la cultura y de la democracia uruguaya, es  de un valor extraordinario. Este libro tiene una gran virtud, no miente. No es un libro que tenga falsedades o deformaciones, no las tiene. El segundo motivo es personal. Cuando uno tiene 50 años de su vida entre ser comunista y ex, está claro que un tema como este, me tiene que interesar. Tiene que ver nada menos, que con una parte fundamental de la experiencia vital, de lo que uno es.

Es un libro que aporta. Si bien comienza desde el 85, es una mirada desde las Ciencias Políticas, cosa que le da un valor particular. Lo cierto es que es una mirada hecha por gente que tiene experiencia, pero que lo hace como un esfuerzo desde la Academia, sobre todo la primera parte en la cual trata de dar una explicación teórico-científica.

No soy uno de aquellos que cree que hay que hacer una historia del Partido Comunista, porque otros construyeron mejor y con más inteligencia y audacia su propia historia. La sociedad uruguaya no puede elaborar una historia del siglo XX que no incluya un análisis serio, profundo, muy pensado que tiene que ver con la política en primer lugar, sin tener en cuenta lo que es y fue la experiencia del Partido Comunista. No hay una historia inventada como reivindicación frente a un vacío. Hay un intento que cubrir un espacio con una mirada académica sobre la historia de una formación política que tuvo mucho que ver con la unidad de la clase obrera, con el papel de las diferentes clases sociales de este país, con la elaboración sobre temas claves como la educación o la formación de la izquierda unida. Es cierto, la crisis está planteada con mucha fuerza. Está planteada también desde sus causas.

Cómo vincular el hecho de tener una ideología que respondía integralmente a las preguntas más angustiantes que se ha hecho el hombre y la mujer.

En primer lugar, cuando uno lleva la política, la teoría de la revolución al nivel de la ciencia, está claro que no puede haber dos ciencias sobre el mismo objeto. Cuando uno tiene una ciencia de la revolución, no hay dos caminos. Uno puede tener una mirada compartida, esperando que todos lleguen a la iluminación, pero era una ciencia. Ese concepto marcó toda nuestra actividad.                  No lo digo solo críticamente, porque no soy de los que me lavé las manos y dije que descubrí las cosas después. No era de los que no sabía, ni nunca me había enterado de lo que había pasado en la Unión Soviética, no. Y lo he visto en Partidos Comunistas enteros. No, yo era partícipe. Yo me fui a las asambleas a defender  la invasión de Checoslovaquia, me hice putear, escupir y ganar la asamblea del IAVA 800 a 45, por lo tanto, asumo esa posición. Ahora, me parece muy bueno que haya una mirada de la Academia, porque efectivamente ese concepto de la ciencia, es el concepto que está en la base de lo que le pasó al Partido Comunista, pero lo que le pasó a nuestra obra. Para mí, la Unión Soviética no era la obra del Partido Comunista de la Unión Soviética. Capaz que era yo, porque era muy fanático a pesar de que tuve la mácula de vivir en Italia, y, por lo tanto, estar bajo sospecha del eurocomunismo, pero cuando iba a la Unión Soviética, era mi patria, en un sentido de esa visión universalista de que eran los trabajadores en el poder.

Eso que desnuda el análisis del libro, no puede haber dos ciencias para interpretar el mismo objeto, por lo tanto éramos notoriamente excluyentes e, incluso, el relato que hace de la relación entre uno de los proyectos históricos más colectivistas que ha elaborado la humanidad y una de las estructuras más individualizadas, verticales y centralizadas que elaboró la humanidad como el Partido Comunista, que se parece a una monarquía de la cual yo formé parte. Formé parte, se elegía por cooptación en el Partido Comunista, fue una novedad, cuando votamos con voto secreto.  No nos sentíamos mal porque el Partido Comunista prefiguraba lo que nosotros proponíamos para la sociedad.
Eso de que el plomero no arreglaba bien el caño, pero era compañero, existía y existió. Formaba parte de una forma de relación que se puede carcomer, se puede debilitar, caricaturizar, pero que conmovió los cimientos del siglo XX.                                    Lo hizo en el Uruguay, un país con la profundidad cultural, con la profundidad del debate político que expone la pobreza del debate político actual a la desnudez. ¡Con los debates parlamentarios que tenía este país! ¡Con la derecha que tenía este país!

¡Con la izquierda, con el anarquismo, con la universidad que tenía este país!... que se ha replegado pero tiene todavía un tesoro enorme.

Mi principal crítica a este libro es que es excelente, hay que leerlo porque despierta apetito, pero tiene algo que a mí me cuesta encontrar aún desde la mirada académica. Es una sucesión muy buena de fotos, pero me falta la película. Me falta, incluso, esa construcción tan compleja que hizo del Partido Comunista, un partido relativamente pequeño, su influencia en sectores fundamentales de la sociedad uruguaya. En la clase obrera, que no lo votaba. Vamos a tenerlo claro, la dirigíamos, teníamos la mayoría de los delegados y votábamos mejor con la 1001 en Pocitos que en La Teja y en el Cerro.

Además, hay un hilo conductor del libro que me parece que está deformado y es la relación Partido Comunista-Tupamaros. Está hipertrofiada. El Partido Comunista lo tenía como una de sus referencias y problemas y análisis pero ocupa demasiado espacio en el libro. Falta espacio de la relación con el  Partido Socialista que era muy compleja, pero muy rica, muy de ida y vuelta, muy atormentada. Está bien fotografiado, desde lo cuantitativo, desde lo evolutivo, pero le falta complejidad. Ese Partido Comunista que era ortodoxo y, sin embargo, es cierto que Arismendi jugó un papel absolutamente diverso a lo que fueron otros líderes de América Latina del Partido Comunista. No había Arismendi en Chile o en Brasil.  Un gaucho de la frontera, ilustrado, inteligente, absolutamente deslumbrante desde el punto de vista intelectual, cultural, estético… no había. Además, “un jefazo” con todo lo bueno y lo malo que tiene eso. También lo malo, porque lo peor de todo es cuando uno está tan tranquilo que lo que viene de ahí no hay que ponerlo en discusión. Después se nos cayó, después todos salimos a putear. ¡Era la realidad! No solo para los comunistas. Encuentro y desencuentro de la universidad con la revolución, estamos hablando, no de la teoría gramsciana sobre la superestructura. Estamos hablando de temas de un entramado teórico tan complejo para lo que era el mundo comunista, para lo que era la crítica implícita a la Unión Soviética, a Cuba y a todos los países. Claro, nunca salían de ese marco si no el Partido Comunista del Uruguay no podría haber hecho la política que hizo, no podría haber estado en la fundación del Frente Amplio, no podría haber sacrificado tantas cosas de sus verdades reveladas y científicas en aras de la unidad de la clase obrera. Ese es un ejemplo, pero voy a tomar otro ejemplo en el que tengo de testigo a Marina. Uno de los debates que en el Partido Comunista eran más complejos, era el tema de la pedagogía, donde además, había diferencias. Hoy en la sociedad uruguaya se discute de todo, pero la palabra pedagogía casi no existe. Estamos discutiendo de la educación, de elementos clave para el futuro y, sin embargo, el debate sobre la pedagogía no existe.

Además, la película que falta explicar, porque es tan complicada, es cómo se pudo pasar  de “nos habíamos amado tanto” a “odiarnos con tanta ferocidad”. Tiene su explicación y no solo para los comunistas. Las peores astillas son las del mismo palo en todas las circunstancias, pero en el caso del Partido Comunista fue particularmente porque éramos un puño de hierro y los puños de hierro, cuando explotan, las esquirlas van para cualquier lado y a cualquier velocidad.

El Partido Comunista construyó una teoría que fue alimentando y fue cambiando y la película de esa teoría es muy compleja, con vacíos muy grandes y con pecados originales muy grandes.              Pero, también fue una práctica política. ¡Miren que hay que hacer política con el Marxismo Leninismo a cuestas! ¡No es pavada!             Este libro tiene cosas interesantes sobre la lucha contra la dictadura, lo que pagó el Partido Comunista, y una épica porque no son separables, no son categorías que se pueden disecar y separar una de otra. No, era una vida, uno tenía enfrente ese desafío de estudiar, de educarse, de leer aún con un sesgo, pero había que hacerlo. No solo de leer, recuerdo que cuando tenía 15 o 16 años, si no habías ido a ver “La noche” o “El desierto rojo” eras un burro. Eras un burro si eras estudiante de secundaria, universitario o de la juventud trabajadora. Eso es difícil de explicar.

Entre las cosas que comparto con Marina, hay una cosa absolutamente clara: el Partido Comunista podría haber expulsado la fracción con 67 votos a 3 y hubiera sido la práctica tradicional de los Partidos Comunistas del mundo, sin ningún problema nos quedábamos con la marca que habíamos inventado. Pero, el Partido Comunista no estaba sostenido solo por el centralismo democrático. El Partido Comunista del Uruguay, era un partido de masas y de cuadros sostenido, aún en el error, en los defectos, en los cabezazos que nos dimos con la realidad, en la derrota de la caída de la Unión Soviética, en el hecho de habernos equivocado radicalmente en la reconstrucción del partido y en eso me siento uno de los principales responsables, porque la renovación estaba allí… en lo que salía de la dictadura, en esa gente que tenía otra relación con la sociedad y con algo fundamental, con la democracia, no como categoría abstracta que había que explicarla y adornarla sino con su propia experiencia humana. Recuerdo cuando Jaime Pérez va al programa de Canal 10, si me lo hubiera preguntado a mí, no hubiera contestado eso… me faltaban huevos. No hubiera dicho: “No, dictadura del proletariado ninguna”. No lo hubiera hecho, hubiera dado la explicación teórica que dábamos siempre, éramos magos. Es la palabra en alemán que quiere decir  Estado… ¡mentira! Jaime dijo desde las tripas: “Dictadura nada, ninguna”. El empezó el debate desde un punto clave, porque esa también es la parte esencial de la película, la capacidad de reelaboración que tuvo el Partido Comunista de su propia identidad. Lo del uruguayo frenteamplista y comunista yo le hice hacer al Paco Laurenzo el logotipo, pero lo dijo Arismendi en el primer acto y se transformó en una concepción de prioridades que para un Partido Comunista no era lo lógico. Lo lógico era: “primero soy comunista y después lo demás”.  Lo demás, en buena medida, instrumentalmente. Hay compañeros que piensan que también en todo esto, fuimos demasiado rápido en la renovación. Yo pienso que fuimos demasiado lentos y pienso una cosa mucho más compleja que esta sola explicación. Creo que los compañeros que se quedaron en el Partido Comunista hicieron muy bien porque mantenían los principios esenciales para seguir siendo el Partido Comunista y los que nos fuimos del Partido Comunista hicimos muy bien en no empequeñecer hasta ese nivel y hacer administrativo a ese nivel el uso de la fuerza y el aparato para zanjar un debate ideológico porque, en realidad, cuando uno le quiere cambiar a un vehículo que forma parte de la identidad misma de la gente todo… lo único que queda es la gente. El Partido Comunista sin dictadura del proletariado, sin el centralismo democrático, dejaba de serlo. Creo que la vida de estos años nos ha demostrado que el enorme contenedor del Frente Amplio nos contuvo a todos, a la inmensa mayoría. Que la inmensa mayoría estamos, seguimos estando desde diferentes posiciones. Estamos menos porque todos estamos menos… porque es obvio que nos cuesta. Eso no es una responsabilidad del Partido Comunista actual, ni del anterior, porque todos estábamos mucho más.

Todos estábamos mucho más apasionadamente incorporados.
Es cierto todo eso y también es muy cierto que si me preguntan… y no me tienen que rascar mucho para decir que sí, que añoro la época en que había respuesta para las cosas más graves del mundo y se creía que otro mundo era posible y existía porque no lo encuentro en ningún lado. Aún en los países que quedan, no lo encuentro. Entonces, me alegro que gane Chávez. Sobre todo por una razón, cuando va a festejar la derecha, me rompe el esquema. Y como se veía que iba a festejar la derecha, puede ser una cosa primitiva básica, pero es así. Creo que no está en ningún lado y ¡qué trabajoso es buscar!, ¡qué duro es buscar!, qué duro es estar lleno de dudas cuando uno… no solo los comunistas teníamos tantas certezas. Gracias.

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