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¿Google Apps o Charrúa Apps? por Omar Paganini

publicado a la‎(s)‎ 22 jul. 2015 16:04 por Semanario Voces

Introducción

Se viene procesando un debate sobre el acuerdo de Ceibal con Google para el uso sin costo de las “Google Apps for Education” en las ceibalitas. Algunos críticos del acuerdo han esbozado la propuesta de desarrollar y operar una plataforma similar en el Uruguay. Analizar la viabilidad de ese planteo es el tema de este artículo.

Los beneficios de las “Google Apps for Education”

Las “Google Apps for Education” constituyen un ambiente de trabajo colaborativo integrado en la web, o “en la nube”. Se trata de una “suite” completa, que incluye las herramientas ofimáticas (editor de texto, planilla de cálculo, generador de presentaciones) y otras como una plataforma de chat y conferencias (“Hangouts”) y un administrador de clases (“Classroom”).

 

Todo integrado en un espacio único. Entre otras cosas, es posible que la característica más valiosa de este ambiente  es que soporta de manera muy efectiva el trabajo colaborativo. Que varias personas trabajen sobre un mismo documento al mismo tiempo es algo que en este ambiente funciona bien. Eso permite un potente trabajo en equipo, especialmente apto para el ambiente educativo. Además, cuando se complementan las facilidades colaborativas con “Hangouts”, los participantes pueden hablar o verse mientras trabajan sobre los documentos o comparten las pantallas de sus computadores, a distancia.

 

En suma, las funciones de las Apps se complementan para lograr un ambiente muy adecuado para el trabajo colaborativo, integrado con el mail, al almacenamiento de archivos, la web y la edición de documentos, presentaciones y cálculos. Todo eso, en la “nube”, que asegura independencia del dispositivo, sea esta un PC, la XO, una tablet o un Smartphone, y con una muy potente herramienta de búsqueda integrada.

 

Podría decirse que, si el plan Ceibal inicial permitió a los escolares entrar al mundo de Internet, una plataforma como esta permitirá – si los educadores lo usan adecuadamente – que el estudio y el trabajo en clase se puedan integrar adecuadamente en la plataforma informática y habilitar así un salto cualitativo en las prácticas de aula y domicilio. 

Las Charrúa Apps

Expuestas las ventajas del convenio con Google, que son notorias, han aparecido todo tipo de críticas, que hemos discutido en artículos anteriores. Un sector de los críticos  responde que podría desarrollarse un proyecto nacional con todos sus beneficios y sin sus eventuales problemas. Un proyecto que alguien ha bautizado (no sin cierta ironía, que se me perdonará como licencia del autor) las “Charrúa Apps”.

En lo que sigue analizaremos su viabilidad. Al hacerlo, compararemos un eventual desarrollo nacional, las “Charrúa Apps”, hecho desde cero (tal vez integrando componentes de software libre), con las Google Apps. No tomaremos en cuenta otras alternativas extranjeras, si bien pueden existir, porque se les pueden endilgar mismos los problemas adjudicados a Google, y tal vez además tienen costo.

Ventajas eventuales de las Charrúa Apps

A la hora de considerar las ventajas, analizaremos las que podrían existir para el usuario final, para la administración, o para el desarrollo tecnológico del país o tal vez para su industria de software. Veamos.

Para el usuario, parece claro que no existirían ventajas claras, más bien dificultades.  Se trata de una comparación entre un producto a construirse, contra un producto maduro y de gran difusión en el mundo, con millones de usuarios. Aún si se pudiera lograr algo similar, es probable que no cubriera todas las funcionalidades de la actual “suite” de Google, y menos las que Google tenga disponibles cuando esté pronto el nuevo desarrollo. Además, en este tiempo varias generaciones de escolares se lo perderían, viéndose perjudicados.

Para la administración, podría implicar buena imagen, al apoyar el desarrollo nacional de productos tecnológicos, y (eventualmente) evitar ciertos cuestionamientos, pero implicará costos y también la necesidad de liderar un proceso complejo que puede terminar mal. Por supuesto, puede haber reparticiones que vean con buenos ojos el desafío (Udelar? ANTEL?), como forma de ampliar su influencia y conseguir presupuesto, pero a nivel general, no parece un “negocio” atractivo.

Para la industria informática nacional, un proyecto así sin duda generaría facturación y trabajo, pero es difícil que le genere una nueva línea de negocios en el exterior. Esto porque no es sencillo competir con Google, y menos en los casos en los que no tiene costo para el cliente final. La de Google es una plataforma con una muy vasta aceptación y probadas funcionalidades, con una penetración enorme entre los usuarios. Pero además, porque los argumentos para hacerlo en Uruguay y no usar Google difícilmente sirvan para convencer a otros de usar nuestra plataforma, que podría ser sometida, en sus países, a versiones similares a las críticas para Google (a menos de los factores afectivos, que pueden jugar para uno  u otro lado). En suma, los que compartan el enfoque de los críticos del convenio, probablemente quieran un desarrollo propio.

Problemas del proyecto

Por otra parte, como todo proyecto informático de gran porte, involucra una problemática amplia, que empieza por la definición del mismo: su alcance, costo y plazo. Agrega luego la problemática de la ejecución del proyecto, la puesta en producción, la adopción y luego la operación, actualización y mantenimiento.

En cuanto al alcance, no se podría definir un alcance demasiado “recortado”, puesto que se está sustituyendo una herramienta que ya existe y que constituye hoy una plataforma madura, desarrollada y conocida. Asimismo, las funcionalidades de seguridad y privacidad que deben soportarse serían exigentes, así como el nivel de integración entre los componentes, en un  espacio al que se acceda con credenciales digitales únicas. Otro tanto sucede con la funcionalidad de trabajo colaborativo, pilar estratégico del proyecto que no será nada sencillo implementar.

En suma, la funcionalidad de las Charrúa Apps debe ser parecida a las Google Apps. Querer reemplazarlas por una combinación de espacio de almacenamiento compartido en un Data Center y herramientas de Open Office no bastará. Eso estaría a años luz de ser una plataforma colaborativa, y sería una verdadera “tomadura de pelo” plantearlo como una alternativa válida.

Por otra parte, cuando un producto existe y se lo puede ver en funcionamiento, el alcance suele estar claro para todos, pero cuando se intenta definir un alcance antes de tener el producto, las expectativas y la visión de cada actor pueden diferir, y es necesaria toda una etapa de negociación entre los diferentes usuarios claves y los proveedores, que lleva tiempo y desgaste. Es la diferencia entre un producto “en el estante” y un “traje a medida”.  Pero este sería además un “traje a medida” para varios actores diferentes, y eso generará discusiones seguras sobre sus definiciones básicas. Imaginen nada más las diferentes visiones desde los docentes, la ANEP, el Ceibal, y cómo conciliarlas. El riesgo de bloqueo sería real.

Desde el punto de vista del tiempo, primero hay que hacer un plan concreto, conseguir el presupuesto, reclutar el equipo técnico, precisar el alcance en detalle, diseñar y especificar, desarrollar, implementar la plataforma de hardware y seguridad, instalar los sistemas, integrar los módulos y ponerlos en funcionamiento, testear, capacitar y difundir. Todo esto, lejos de llevar 30 días, puede llevar 3 o 4 años como mínimo. Al mismo tiempo, hay que organizar un proceso de operación con alta disponibilidad, con un servicio de soporte y mantenimiento, tanto para corregir errores que las primeras versiones siempre tienen, como para hacer evolucionar el producto.

Y desde el punto de vista del costo, tanto el desarrollo del sistema, como la construcción de la planta física, como la propia operación, soporte y mantenimiento, requieren recursos, que pueden resultar realmente importantes. Es muy difícil de imaginar que estos costos sean inferiores a los eventuales ahorros de tráfico internacional de datos (en cuanto a lo que cuesta  el tráfico internacional, el análisis del Ing. Villar ha sido contundente  en su columna http://www.montevideo.com.uy/auc  .aspx?277607 ).

Desde el punto de vista de la adopción, el sistema “local” generará más resistencias que uno ya maduro. Inevitablemente “rendirá examen”, y hay que tener claro que Google Apps ya tiene una base de usuarios importante en Uruguay. Esto es un activo para aprovechar en el caso Google, y un foco de resistencia a un nuevo sistema. Los adolescentes que ya usan Google Apps, sin ir más lejos, no verían razonable cambiar a las Charrúa Apps.

Conclusión

El acuerdo de Ceibal con Google presenta importantes beneficios para el sistema de enseñanza público del país, constituyendo potencialmente un salto cualitativo para el plan Ceibal, al proporcionar herramientas de trabajo colaborativo que se pueden usar en clase y en el trabajo domiciliario, potenciando el alcance de las ceibalitas y su impacto.

La única alternativa a este convenio que (teóricamente) subsanaría las críticas de sus opositores sería un desarrollo nacional. Esta alternativa es francamente inconveniente, por implicar costos mayores, tiempos mayores, dificultades de gobernanza, incertidumbre importante, todo eso para obtener un producto que en el mejor de los casos apenas “se parecerá” a su equivalente de Google, arriesgando en estas eventuales diferencias tal vez el éxito del proyecto (sobre todo si se recortan las habilidades colaborativas).

Asimismo, el producto final no sería exportable, no generaría economías de escala ni ingresos para nuestro país, en una experiencia muy similar en el campo de la informática a lo que fue la “Industrialización por Sustitución de Importaciones” que como política industrial fracasó entre 1950 y 1980. La industria uruguaya de TICs ha sabido encontrar los nichos para orientar su producción de tecnología y transformarla en productos exportables, y ésta nunca fue el reemplazo de productos exitosos y de arraigo global por productos nacionales. Distraer esfuerzos en esta dirección es un error estratégico grave.

En suma, no se debe dar más vueltas al asunto. ¡Adelante con el convenio!

 


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