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Gusto a poco Por Adolfo Garcé

publicado a la‎(s)‎ 8 may. 2011 19:17 por Semanario Voces


Lo primero que aprendí cuando empecé la Licenciatura en Ciencia Política es a no subestimar a los políticos uruguayos, especialmente si pertenecen a una de las especies más folclóricas y sofisticadas de cuantas integran este género: el caudillo. Tratando de ser fiel a esta idea nunca subestimé a Mujica. Por eso, me atreví en su momento a pensar que podía ganar la elección. Desde que asumió la presidencia me empecino en permanecer fiel a esa forma de mirar nuestro sistema político. Es desde ese a priori, desde esa convicción (casi una religión), que están escritas estas líneas sobre su gestión.

 

¿Qué hizo desde que asumió la presidencia? Trabajó mucho, muchísimo. Pero concretó poco, menos de lo que yo esperaba. Repasemos primero sus logros. En primer lugar, logró entenderse con la oposición en asuntos importantísimos. No es un mérito menor. La oposición se integró en cargos importantes en la gestión pública. Además, funcionaron y alcanzaron acuerdos no triviales comisiones multipartidarias en temas estratégicos para el país. Notable. Infrecuente. En segundo lugar, logró solucionar el enorme conflicto con Argentina a propósito de la planta de celulosa sobre el Río Uruguay. Confieso que pensé que, cuando levantó el veto de Uruguay a la candidatura de Néstor Kirchner a la Secretaría de la UNASUR, pensé que se había equivocado y que, fieles a su peor y más persistente tradición, los peronistas no iban a tener ningún gesto recíproco. Desató un nudo apretadísimo con la velocidad de un rayo. Excelente. A partir de ahí, se esbozó el principal cambio en las políticas públicas uruguayas desde el primero al segundo gobierno de izquierda: el giro mercosuriano en la política exterior. He aquí el tercero de sus logros. En cuarto lugar, anoto en la columna del haber de Mujica el respaldo a la gestión de Fernando Lorenzo en el Ministerio de Economía. Uruguay está recibiendo un fuerte shock externo favorable. La política económica está en debate pero los niveles de incertidumbre son relativamente menores.

 

Igual, lo hecho hasta el momento tiene gusto a poco. Se pasó todo el año 2010 insistiendo en la reforma del Estado. Un escándalo tremendo a cambio de nada, o de casi nada. A principios de este año anunció que el 2011 sería el año de la educación. No hay ninguna razón para esperar que, cuando hagamos el balance a fin de año, podamos hacer referencia a medidas importantes en este asunto crucial. Intentó poner los cimientos de una nueva etapa en la relación con las FFAA, sobre la base de dejar atrás los enfrentamientos del pasado. Sin embargo, alentó (o no impidió) que su Canciller impulsara la anulación parlamentaria de la Ley de Caducidad, conflicto que provocó el alejamiento de Saravia del Espacio 609 y la renuncia de su “hermano de todas las horas”, Fernández Huidobro a la banca en el Senado, además de herir profundamente la credibilidad de la izquierda frente a la sociedad, en general, y frente a los militares, en particular. Gusto a poco. Pronóstico reservado.

 

 

 

 

 

 


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