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IMPUESTO AL AGRO Por David Rabinovich

publicado a la‎(s)‎ 9 sept. 2011 8:22 por Semanario Voces
 

 

Algunos festejan y otros se quejan

 

 

 

Desde hace días tenemos oportunidad de ver, escuchar y leer cómo el Senador Pedro Bordaberry cuestiona el proyecto de ‘impuesto a la tierra’ que propone el Frente Amplio. A él se le señala como uno de los que tendrá que pagarlo. Los hermanos Bordaberry tienen (por lo menos) 2.400 hectáreas en Durazno y les tocaría tributar casi 20 mil dólares anuales.

Su argumentación incluye, por ejemplo, que “el 18 de enero de este año, el gobierno firmó un contrato confidencial en el cual se le prometió a la empresa Montes del Plata, una multinacional con 250.000 hectáreas, que si se aplica el impuesto le van a dar beneficios que compensarán, de forma que no lo pagarán”. Las afirmación gubernamentales que lo contradicen, no logran convencerlo y los hechos más temprano que tarde dirán quién tiene razón. Bordaberry y otros voceros políticos como Luis Alberto Heber argumentan, además, a favor de que se tribute por la ‘renta’. Quieren preservar, a toda costa, las actuales reglas de juego, que antes cuestionaron cuando fue discutida y aprobada la reforma tributaria.

Pero una afirmación que me sorprendió mucho fue que “en la cuenca lechera de San José, los productores, con 500 hectáreas ganan poco” (cito de memoria). Vivo en San José y he sido testigo de la evolución que ha tenido la forma de vivir de productores que trabajaban, en 2004, más o menos esa cantidad de campo.

Tengo el testimonio de un productor que trabaja (son dos familias) 85 hectáreas en dos padrones. Tienen 60 vacas en ordeñe y sacan un promedio de 900 litro por día. Con esa situación les queda unos $ 40.000 mensuales a cada familia. No son ‘productores de punta’.

Con 200 hectáreas las cuentas ya cambian mucho y son muy variables, según la forma de trabajar y el campo que se tenga. Si el productor no hace recría, 200 hectáreas pueden soportar sin problemas 150 vacas en ordeñe y sacar por lo menos 2.250 litros por día. A $ 7,50 el litro estamos hablando de un ingreso bruto y diario de $ 16.875. En el tambo se ordeña todos los días. Las vacas no conocen 1º de año, ni 1º de mayo. “Si se muere tu madre hay que ordeñar igual” ejemplificó un productor consultado para esta nota.

En esta situación le quedan en el bolsillo, a fin de mes, ¿300 mil pesos como estimó una productora? La rentabilidad, que se calcula tomando en cuenta el capital invertido, puede ser un porcentaje más bajo que el obtenido plantando soja, o árboles. Puede haber negocios mejores y cada uno hace el que más le conviene. Pero afirmar que un productor lechero, con 500 hectáreas ‘gana poco’, es por lo menos raro en un país donde la mitad de los trabajadores y jubilados no llega a los $10.000 por mes.

El senador Juan Antonio Chiruchi Fuentes es otro opositor a cualquier impuesto que se le quiera poner al agro. Es también un importante productor lechero, cuyo patrimonio es un secreto bien guardado. Hay quienes afirman que compró estancias en Treinta y Tres y Durazno y en San José tiene un tambo grandecito. Se calcula que puede ser otro de los que pague el impuesto a la concentración de la propiedad agropecuaria.

Los suelos que podrían ser "recategorizados" como "suelos de prioridad forestal" son, según el documento firmado por Montes del Plata y la Presidencia de Uruguay, los 5.02b, de basamento cristalino y con productividad baja. Según Chiruchi, "toda la lechería está asentada sobre esos suelos". Eso no es cierto, hay productores en campos de esa categoría, pero ni miras de ser ‘todos’. Le parece "muy preocupante" y que con inversiones como esa se "promueve el desalojo y la expulsión de los productores lecheros", porque "más de la mitad realizan la explotación en predios arrendados". Pueden ser razones atendibles, veamos un ejemplo. Conaprole tiene en marcha un proyecto de “Producción competitiva” que apunta a mejorar la producción en predios chicos. Tengo los datos de un caso. Se trata de un establecimiento familiar que en 2004 remitía la producción de 30 vacas. Son 120 hectáreas (25 arrendadas). En este caso las tierras son 5.02b índice Coneat 120. Tienen 84 vacas en producción con un rendimiento promedio de 24 litros por día cada una. En sólo 5 años pasaron la cantidad de vacas en ordeñe de 39 a 77 y siguen creciendo. Se proponen, como meta, tener 100 animales en producción.

Los litros de leche que producen por hectárea, pasaron de menos de 3.000 a más de 6 mil entre 2005 y 2010. Después de descontar el costo de alimentación del ganado se estima que cada vaca en ordeñe deja un margen diario de U$S 6,80. Están arriba de los $ 300.000 mensuales de ingresos. Pero hay que pagar, luz, combustibles, impuestos, inversiones, arreglos…

Productores como estos, el país no debería perderlos. En realidad parece claro que debería promover que crezcan y se reproduzcan.

Si la discusión del ‘Impuesto a la tierra’ genera una discusión seria sobre qué tipo de productor queremos amparar, porque desde un punto de vista social son importantes, bienvenida la iniciativa. Debe tenerse en cuenta que todo tiene sus costos y alguien, de una u otra manera, los paga.

 

 

 

La promoción de inversiones

Según la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (OPYPA), en 2010, el agro pagó impuestos por 228 millones de dólares. Entre el 6 y el 7 % del producto agropecuario. La DGI recauda unos 7.000 millones de dólares al año en impuestos (la cifra viene al alza). En 2007 el agro aportó el 8,15 de su PBI, en 2008 el 7,1, en 2009 el 6,8, la tendencia es decreciente. La presión fiscal agropecuaria con relación al producto que genera es cada vez menor.

Además, el año pasado, el sector gestionó 63 millones de dólares en exoneraciones. Según informa OPYPA la mayor parte de las inversiones que pretendían ser promovidas corresponden a la agricultura extensiva (granos).

Dijo el economista Juan Manuel Quijano en El Espectador: “los que tienen los precios que todos conocemos, tienen exoneraciones de entre 50 y 60 % del IRAE (Impuesto a la Renta de la Actividad Empresarial) y que se complementan en algunos casos, no sé si en estos agropecuarios en particular, con deducciones de IVA”. También hay quien opinó –en la misma ‘tertulia’ que “Hay que terminar con ese mito de que porque el precio del producto final es alto se ganan fortunas. (…) cuando estamos hablando de distribución de riqueza no estamos hablando de distribución de capital, que sería funesto, sino que estamos eventualmente discutiendo qué hacer con excedentes que está teniendo un sector coyunturalmente.”

Uno puede preguntarse si no es más funesto la concentración del capital, pero sin discusión que hay que ver “que hacer con los excedentes”.

 

 

 

Para frenar la concentración de la tierra

La ley creó, en 1948, un instrumento que sigue siendo idóneo para frenar la concentración de la tierra: el Instituto Nacional de Colonización (INC). Esa es la herramienta.

A 70 kilómetros de San Ramón y 40 de Sarandí Grande, por la ruta 6, está la estancia San Pedro de Timote, que perteneció al Dr. Alberto Gallinal Heber. La compró el INC, hizo 15 parcelas y convocó aspirantes de todo el país. Colonización compró el campo pelado, ni luz de UTE tiene y para llevarla, hay que hacer juicios a los estancieros de la zona, para obtener las servidumbres de paso correspondientes. Eso demora años. Pero se inscribieron 300 aspirantes que según un técnico asesor del proyecto “son unos tigres”. Colonos hay, falta tierra. Faltan recursos en el INC. Hay quienes, bajito, porque es difícil plantearlo en voz alta, reclaman que se cobre detracciones a la exportación de granos sin proceso alguno y se destine recursos importantes a la colonización.

 

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