Artículos‎ > ‎

INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou: CORRUPCIÓN, IZQUIERDA Y MAYORÍAS PARLAMENTARIAS

publicado a la‎(s)‎ 25 jul. 2014 16:53 por Semanario Voces

Cabe preguntarse cómo incidirá el procesamiento de Alfredo Silva, y ciertos hechos que se hicieron públicos a consecuencia de la investigación judicial, en el ánimo de los votantes en la próxima elección de octubre.

Ante todo, Alfredo Silva y el resto de los procesados distan de ser los únicos responsables de lo ocurrido. Las irregularidades de ASSE eran un secreto a voces desde hace años. Ahora se sabe que fueron denunciadas ante el Parlamento, que se negó a crear una comisión investigadora, y que fueron comunicadas por la Junta de Transparencia al Poder Ejecutivo, que también se negó a investigar.

Si fuera un hecho aislado, sería más fácil minimizarlo. Pero estalla casi simultáneamente con la denuncia de la aplicación sistemática de palizas y de otros apremios físicos ilegales (no uso el  término “torturas” para mantener un tono mesurado) en varios centros de reclusión de menores infractores. Los apremios ilegales fueron denunciados ante el Parlamento, con el mismo resultado: la bancada oficialista rechazó crear una comisión investigadora, alegando que, en todo caso, era a la Justicia a la que le correspondía investigar.

También está muy fresco en la memoria colectiva lo ocurrido en el caso “PLUNA”, en el que también fallaron todos los controles políticos.

Estos tres escándalos tampoco son hechos aislados. Son –me consta- emergentes de una desprolijidad general en la gestión de las instituciones públicas, en la que la voluntad política se antepone a los procedimientos y límites jurídicos, dando como resultado la falta de transparencia y la pérdida de garantías para los administrados. (Para mucha gente –lo sé- todo lo jurídico es un fastidioso engorro burocrático “burgués”; pero esa opinión dura sólo hasta que ven afectados sus intereses particulares; estoy cansado de ver cómo hasta los más radicales militantes de izquierda invocan las leyes y reglamentos “burgueses” cuando se sienten postergados al reclamar un ascenso o quieren tramitar la jubilación).

MAYORÍAS PARLAMENTARIAS

Como es sabido, la segunda vuelta entre el Frente Amplio y el Partido Nacional parece inevitable. Por lo tanto, la presidencia de la República recién se definirá en noviembre y el tema central que se dirimirá en octubre es quiénes serán los legisladores y si el Frente Amplio obtendrá otra vez las mayorías parlamentarias que ha usufructuado en estos diez años.

En los tres casos que vengo de mencionar, el poder político, y en especial el Parlamento, lejos de oficiar como contralor y garantía, actuaron como encubridores de situaciones irregulares. Es un hecho objetivo: tanto la situación de ASSE como la de los centros de reclusión del INAU fueron denunciadas al Parlamento con mucha anterioridad a que interviniera la Justicia y a que todo tomara estado público, y el Parlamento como tal (salvo por la preocupación individual de algún legislador) no hizo nada. En el caso de PLUNA, las irregularidades eran visibles hasta para un ciego, pero nada pasó tampoco hasta que el desastre fue completo.

Resulta obvio que estas omisiones parlamentarias fueron posibles, o al menos se vieron facilitadas, por el hecho de que el partido de gobierno tenía y tiene mayoría absoluta en las dos cámaras. 

En el discurso usual del Frente Amplio, la conservación de las mayorías parlamentarias es presentada como un bien en sí mismo. Se convoca a votar para conservarlas y se argumenta que fueron necesarias para aprobar reformas legislativas como la reforma tributaria, el Sistema Nacional Integrado de Salud, la regulación del aborto, la despenalización de la marihuana y el “matrimonio igualitario”.

Sin embargo, también es cierto que esas mayorías fueron y son utilizadas para establecer una suerte de “cono de silencio” sobre situaciones irregulares, como las que hemos visto, y sobre otros asuntos que aún no han tenido la debida exposición pública, como los acuerdos secretos con inversores extranjeros (caso “Montes del Plata”, o Aratirí y regasificadora, por ejemplo). También han permitido la rápida aprobación de leyes de muy mala calidad técnica o manifiestamente inconstitucionales (PLUNA, anulación de la caducidad, etc.) y de otras que consagran soluciones legislativas harto discutibles y poco coherentes con la tradición de izquierda (bancarización, minería de gran porte, asociación público-privada, etc.).

En los hechos, el régimen de mayoría parlamentaria ha llevado a que el poder político sea ejercido casi exclusivamente por tres personas: Tabaré Vázquez, Mujica y Astori. Ello es posible porque los parlamentarios oficialistas han asumido o aceptado un papel de “mano de yeso”, por el cual se reducen a votar disciplinadamente las iniciativas del Poder Ejecutivo. La prueba es que sobran los dedos de una mano para contar las veces en que un parlamentario frenteamplista se negó a votar algún proyecto oficialista.

El resultado es que el juego parlamentario, en el que las iniciativas legislativas deben ser negociadas y las minorías pueden efectuar controles e introducir cambios o mejoras en la redacción de las leyes, prácticamente ha dejado de existir. Por otra parte, siendo los parlamentarios opositores, al menos en teoría, todos políticamente más conservadores que el partido de gobierno, el país carece de un ala parlamentaria de izquierda no oficialista, capaz de contener o al menos de denunciar los desbordes pragmáticos y el corrimiento hacia la derecha que el ejercicio del gobierno suele aparejar.

DECISIONES DIFÍCILES

La izquierda uruguaya vive momentos difíciles.

Tras diez años de ejercer el gobierno, el proyecto frenteamplista da señales preocupantes.

Las irregularidades administrativas, la sumisión ante las peores expresiones del capitalismo global, la indiferencia ante la violación de los derechos fundamentales de menores de edad, los actos de corrupción, la crisis educativa, la aplicación de políticas económicas dudosamente de izquierda, las discutibles políticas sociales, la soberbia, el “atornillamiento” en los cargos, el silencio parlamentario, ¿son “errores” o señales de descomposición del proyecto?

Es posible que un nuevo período de gobierno con mayorías parlamentarias absolutas no sea lo más saludable para el país ni para el mismo Frente Amplio. En cualquier caso, seguramente no lo sea para el pensamiento de izquierda.

Muchas personas que se definen como “de izquierda” y que han votado siempre al Frente Amplio perciben esto y se resisten a convalidar con su voto la actual gestión del Frente. Se debaten entre votar en blanco o anulado, o votar a alguna otra expresión política de izquierda más radical y testimonial, aunque no compartan totalmente su ideología o su estrategia.  Quizá diversificar el Parlamento, introduciendo en él otras voces de izquierda, no sea mala idea. Al menos es una señal clara y no facilita el ingreso de más legisladores blancos o colorados. En lo personal, lo estoy pensando. 

Hay muchos indicios de que la izquierda uruguaya –que no es sinónimo de militancia frenteamplista- se aproxima a lo que podría llamarse un nuevo período fundacional, de los que ha tenido varios a lo largo de su historia.

Un período en el que muchas de las viejas certezas deberán ser revisadas, en el que “hacer lo que siempre se ha hecho” puede devenir una actitud conservadora y reaccionaria.

Quizá la herramienta política de los últimos cuarenta años, el Frente Amplio, deba ser reformada.  De lo contrario, a mediano o largo plazo, será sustituida.

El futuro, como es su costumbre, no es claro. Pero fingir que nada ocurre, que “vamos bien” y que los ”errores” se corregirán mágicamente si seguimos votando disciplinadamente a quienes los cometen, es ingenuo y todo lo contrario a una actitud vital de izquierda.   

 

    

   


Comments