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indisciplina partidaria, la columna de Hoenir Sarthou: Es demasiado

publicado a la‎(s)‎ 7 oct. 2015 15:20 por Semanario Voces

Me van a disculpar, pero a veces es demasiado.

¿Cuánta violencia, cuántas muertes, cuánta prepotencia, cuánta estupidez y crueldad, burocráticamente administradas, debe soportar uno antes de decir “estoy cansado”?

Hablo apenas de las últimas horas, mezclando hechos cercanos y lejanos, de dominio público o casi desconocidos, salteándome además muchas cosas, lo sé.

El martes comencé el día oyendo por radio información sobre los bombardeos, al parecer deliberados, hechos en Afganistán por aviones de guerra estadounidenses sobre un hospital de “Médicos sin fronteras”, bombardeos que dejaron más de veinte muertos entre pacientes y personal del hospital. Cuando uno advierte que esos bombardeos fueron hechos por tropas de los EEUU, bajo la bendición y con la participación europea a través de la OTAN, es decir por países que se nos suelen presentar como modelos, es inevitable pensar que a nuestra sociedad le faltan modelos válidos.   

Antes del mediodía, por razones de trabajo, me enteré de otra historia, local y más chiquita. Aquí, en nuestro país, una maestra, que estaba embarazada y debió ser intervenida quirúrgicamente con urgencia, fue destituida del cargo que ejercía en calidad de suplente por haber faltado dos días, pese a que faltó con aviso y por estar internada. Al parecer, una nueva disposición reglamentaria dictada por autoridades de la enseñanza –disposición que algunos docentes interpretan como una revancha por el conflicto gremial reciente- autoriza esa clase de destituciones, aunque sean legal y constitucionalmente inadmisibles. Después supe de otro caso similar, aunque no lo tengo confirmado. ¡Vaya uno a saber cuántos casos habrá!

En la tarde, supe de una persona que sufre una enfermedad grave a la que el sistema de salud -sí, el sistema de salud uruguayo- le niega un medicamento de alto costo, quizá aplicando el espíritu que inspiró al cuestionado artículo 425 del proyecto de ley de presupuesto.

En la noche, se supo que un guardia de seguridad mató a un trabajador del Mercado Modelo de un disparo, confundiéndolo con un delincuente. Descuento que quien disparó se equivocó, seguramente bajo la influencia del miedo y la inseguridad obsesivos en que viven muchos uruguayos, en especial los que trabajan en lugares abiertos al público. Lo cierto es que el hecho sumó una muerte más al goteo constante de muertes violentas y absurdas que sufrimos a diario.

No puedo dejar de pensar en la inquietante entrevista que Alfredo García y Jorge Lauro le hicieron al presidente de uno de los sindicatos policiales. Se publicó en Voces, la semana pasada, y recomiendo leerla. Después de leerla, ¿cómo sorprendernos de que en este país ya no se sepa qué es delito y qué no lo es, o de que nos sintamos inseguros y, a la vez, faltos de garantías ante la policía?

Mientras todo eso ocurre, nuestra benemérita “clase política” está enzarzada en una discusión sobre los cinco mil dólares que ANCAP le pagó a una radio inexistente. Lo insólito es que ya no discuten sobre los hechos, que parecen bastante evidentes, sino sobre si esos hechos constituyen delito.

Reitero: ¿cuánta violencia, cuánta crueldad, cuánta prepotencia, cuánta estupidez burocrática y de la otra debemos soportar?

Algún lector (esa clase de lectores nunca faltan) se preguntará si estoy defendiendo o atacando al Frente Amplio, si le estoy “haciendo el juego” al gobierno o a la oposición.

No creo que lo decisivo en esto sean los partidos políticos. Creo que hay algo más profundo.

Cuando una sociedad no logra ponerse de acuerdo en cosas esenciales, como el valor primordial de la vida, de la salud y del trabajo, ya no se trata de un problema político-partidario o político-electoral.

Si todos los días mueren personas en hechos de violencia previsibles y no se hace nada, si los enfermos graves pueden ser privados de medicamentos que podrían salvar sus vidas o aliviar sus sufrimientos, si algunos trabajadores – en este caso los de la enseñanza- pueden ser destituidos sin ninguna garantía, ya no se trata sólo de un problema partidario. Se trata de una degradación colectiva, de un problema cultural, que afecta no sólo a todos los partidos sino a la ciudadanía, a la sociedad uruguaya. Después de todo, nos guste o no, quienes deciden, los partidos y las cúpulas partidarias, son expresión de la ciudadanía que los apoya.

Esta situación de anomia, por la que nos acostumbramos a convivir con hechos que transgreden códigos esenciales de solidaridad y de humanidad, puede admitir dos explicaciones.

La primera y la más triste es que nuestra sociedad esté culturalmente degradada y que ya no sea posible esperar de ella ni solidaridad ni garantías.

La otra explicación –en la que quiero creer- es que, como ciudadanos, hemos abandonado los asuntos de interés común. Los hemos dejado en manos de burocracias políticas que –con honrosas excepciones- confunden delegación de poder con licencia para hacer cualquier cosa y no se sienten obligadas a consultar ni a rendir cuentas de sus actos y decisiones.

Muchos indicios pueden hacer pensar que la primera hipótesis es la cierta. Sin embargo, hay hechos que, afortunadamente, hacen pensar que todavía pueden esperarse de nosotros, los ciudadanos, reacciones fuertes, expresiones de voluntad  capaces de  rectificar decisiones de las dirigencias políticas.

Mencionaré como ejemplo (por no volver a mencionar el retiro del Uruguay del TISA) algunas modificaciones al proyecto de ley de presupuesto actualmente en discusión. La más notoria es el cambio exigido por diversas personas e instituciones en la redacción del polémico artículo 425, que limita el suministro de medicamentos de alto costo. En ese tema, la voluntad ciudadana parece estar haciendo pesar el valor de la vida y de la salud por sobre los intereses económicos.

No es el único tema que ha generado reacciones fuertes, por suerte, como lo ejemplifica la asignación presupuestal del Instituto Clemente Estable. Aunque aún quedan en el presupuesto proyectado múltiples motivos de preocupación e indignación ciudadana, como la reforma en el régimen de cobro de créditos remuneratorios contra el Estado, el ambiguo, costoso y posiblemente clientelar “Sistema Nacional de Cuidados”, que la AUF y la OFI (no Primaria ni otra institución educativa) sean destinatarias de fondos recaudados por impuestos a las apuestas, o la supeditación del área estadística del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca a la dirección política del Ministerio, sólo por nombrar algunos.

Ante algunas decisiones y actitudes del sistema político, sobre las que se nos brinda además poca información, muchos, demasiados uruguayos oscilamos entre la indignación y el desaliento. Las opciones son resignarse y concluir que somos una sociedad en vías de degradación, o indignarse y restablecer lo que nunca debimos haber perdido: el activo control ciudadano sobre la información y las decisiones políticas.  

La disyuntiva entre el pesimismo y la apuesta a un trabajoso optimismo está lejos de laudarse. Pero, probablemente, haya en esto una importante lucha que es necesario dar.

 


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