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INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou: Esperando a los sirios

publicado a la‎(s)‎ 29 jul. 2015 13:08 por Semanario Voces   [ actualizado el 29 jul. 2015 13:56 ]

 

                                                       

“¿Qué esperamos aquí, en la plaza reunidos?

                               A los bárbaros, que hoy llegan”

                                                                   K. Kavafis

¿Recuerdan a la cinta de Moebius? Hasta el día de hoy, esa módica maravilla casera me pone la piel de gallina. Una simple tira de papel, torcida una vez y pegada por las puntas, nos permite experimentar el infinito y descubrir que las caras  opuestas de algo pueden ser, sin embargo, una sola y misma cara.

La libertad es como la cinta de Moebius. Siguiéndola rectamente, creyendo defenderla sin condiciones, podemos descubrirnos de pronto parados en el centro mismo del autoritarismo y de la intolerancia.

Julio María Sanguinetti publicó una columna en la que sostuvo que la asistencia de alumnas sirias a los centros de estudio, llevando un velo que les cubre el pelo y el cuello, era una transgresión a la laicidad y que el uso del velo debía ser cuestionado por ser un símbolo de la sumisión de la mujer en la religión islámica.

Inmediatamente se desató un debate público, en apariencia centrado en el problema de la laicidad, y, colateralmente, en la relación entre el velo y la sumisión femenina.

Me propongo sostener que el Dr. Sanguinetti tiene razón en una cosa, pero, por razones que él sabrá y uno puede adivinar, nos indujo a un debate erróneo y mal planteado.

EL ACIERTO DE SANGUINETTI

La vida democrática es un delicado equilibrio entre, por un lado, los intereses y la voluntad de las mayorías, y, por  otro, la libertad y los derechos de los individuos y de las minorías.

Hay en eso una paradoja esencial. Porque la democracia (entendida como predominio de la voluntad mayoritaria) se contrapone a los derechos individuales. La ausencia de democracia equivale a la dictadura de los más fuertes y de los más ricos. Pero la democracia sin garantías significa la opresión de los individuos y de las minorías. Lo paradójico es que, en un sistema democrático, los límites a la voluntad mayoritaria son establecidos por la misma voluntad mayoritaria. Es un delicado equilibrio que requiere de los ciudadanos una fuerte cultura cívica para funcionar bien.

En lo que tiene razón Sanguinetti es en que, en última instancia, las libertades y los derechos individuales no son ilimitados, y, cuando ciertas actitudes individuales entran en conflicto con otras personas o con  toda la sociedad, es la voluntad mayoritaria en la  misma sociedad la que debe resolver el conflicto por medio de leyes, prohibiciones y castigos. Entre otras razones, porque nadie más está legitimado para resolverlo.

Ahora, ¿que las niñas sirias asistan con velo a los centros de estudio implica un conflicto de tal gravedad que haga necesaria la intervención represiva de la sociedad y la prohibición de la conducta de las niñas?

DESVELANDO

El uso del velo, en los territorios donde luego surgiría el Islam, es muy anterior al nacimiento de Mahoma.

Además, en los territorios de los que es originario, el velo, en sus diversas variantes,  tiene múltiples significados: símbolo de status, rasgo de identidad personal, señal de modestia, tradición cultural, costumbre nacional, signo de rebeldía frente a la agresión occidental y un largo etcétera.

Por lo tanto, dista de ser un símbolo exclusivamente religioso. Para sus usuarias, representa la imagen apropiada y deseable para una mujer. Lo mismo que, para muchas mujeres occidentales, representa teñirse las canas o maquillarse.

Por otra parte, el velo de las inmigrantes sirias, notoriamente, no tiene fines proselitistas. Nadie pensará que los gurises y gurisas uruguayos querrán convertirse al islamismo  por ver a una compañerita de clase con velo.

En consecuencia, la alarma sobre la laicidad carece de sentido. No es eso lo que realmente molesta al Dr. Sanguinetti y a otros uruguayos de distintas filiaciones políticas.  Sobre todo si tenemos presente que nuestro sistema de enseñanza se guarda muy bien de dar clase los domingos y en turismo (“semana santa” cristiana) exonera de la asistencia a clase a alumnos devotos de otras religiones en los días festivos para su fe, y toleró siempre el uso de cruces y de estrellas de David o de quipás a los alumnos cristianos y judíos.

CHERCHEZ LA FEMME

Respecto al argumento de que el velo representa la sumisión de las mujeres en el mundo islámico, ya vimos que no necesariamente es sentido así por las propias mujeres. De hecho, en muchos países de Europa se ha vuelto un símbolo de rebeldía de las mujeres musulmanas contra la discriminación racial, cultural y religiosa de la que se sienten víctimas.

Pero, aun asumiendo que la presión familiar haga que estas inmigrantes, a miles de quilómetros de su tierra, sigan usando el velo, ¿puede el sistema educativo hacer algo más que ofrecerles no usarlo durante su permanencia en el liceo? Si ellas insisten en usarlo, ¿puede obligárselas a quitárselo, o impedirles estudiar mientras no lo hagan, como se ha hecho en Francia y en España? ¿Qué justificaría tamaña imposición? ¿En qué seríamos mejores que la cultura presuntamente autoritaria de la que provienen si usáramos la fuerza para imponerles nuestras pautas de conducta?

¿Es posible obligar a alguien a ser “libre”, sin deslizarnos insensiblemente por la cinta de Moebius, desde la cara de la libertad hacia la del autoritarismo?

EL OTRO, EL MONSTRUO

Detrás de los argumentos de Sanguinetti, aceptados íntimamente por muchos, late otra cosa. Late la necesidad de construir la existencia de un “otro”, extraño, distinto, peligroso. Ese peligroso “otro” que construyen minuciosamente las tropas estadounidenses y europeas en los países árabes, ese “otro” que la CNN modela día a día con el bombardeo de información inverificable, sobre niños verdugos y atrocidades inenarrables, primero de Al Qaeda y ahora del “Estado Islámico”.

¿Había terrorismo islámico en occidente antes de que los EEUU, Europa, y las corporaciones transnacionales le echaran el ojo al petróleo y decidieran tomarlo bajo su control? ¿Alguien duda de que el “monstruo terrorista islámico” es una creación, mitad  voluntaria y mitad involuntaria, de las potencias occidentales a través de sus ataques militares, golpes de estado digitados y organizaciones fundamentalistas financiadas por el Departamento de Estado? ¿Alguien ignora el papel ambiguo, objetivamente útil para la estrategia de las potencias y empresas occidentales, que cumplen Al Qaeda, el Estado Islámico y ciertos gobiernos árabes?

La existencia de un enemigo, de un peligro atroz y desconocido, es una vieja estrategia para la manipulación política y la concentración de poder. La usaron el fascismo y el nazismo porque ciega a los pueblos. En Europa, por ejemplo, el peor terrorismo lo ejercen los bancos (vean si no a Grecia). Sin embargo, la población se enoja con la inmigración árabe y africana.

¿TRES VECES CON LA MISMA PIEDRA?

El Uruguay cometió ya al menos dos veces la torpeza de “comprar” al enemigo y la estrategia propuestos por ciertas potencias occidentales.

Primero –dictadura mediante- “compró” el peligro del “comunismo internacional y la subversión marxista interna”. Después compró “al narcotráfico y la guerra contra las drogas”, que nos está costando vidas y el descontrol de la seguridad pública.

¿Vamos a repetir el error comprando el miedo al “terrorismo islámico”?

BAJO LA ALHAMBRA

Hace poco tiempo fui a Granada y visité La Alhambra. Los palacios y jardines árabes, rodeados de murallas medievales, confirman lo registrado por la historia formal, la que se escribe desde la óptica del poder: siglos de batallas entre árabes y cristianos.

Sin embargo, casi bajo los muros de La Alhambra, los barrios árabe, judío y gitano de Granada se tocan y se entrecruzan. Hablan de otra historia. De siglos de convivencia, de comercio, de arquitectura, de música y quizá de amores compartidos entre moros, cristianos, judíos y gitanos.

Si van a seguir viniendo sirios al Uruguay, ojalá los recibamos como a futuros vecinos, con costumbres distintas que hay que respetar.

    

 

 

 

 

 

 

 

 

         

 



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