Artículos‎ > ‎

INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou: FEMINICIDIO

publicado a la‎(s)‎ 19 mar. 2015 11:37 por Semanario Voces



Mi columna de la semana pasada recibió muchas críticas de militantes feministas, algunas muy agraviantes.

Lo que parece haber despertado ira es que haya cuestionado el carácter pretendidamente científico de algunas tesis feministas, como la del “patriarcado” y la de los “géneros”.

Cierta retórica feminista dominante se ha vuelto “pensamiento políticamente correcto” y está acostumbrada a argumentar en el vacío, sin contradictores, lo que explica, a la vez, su radicalidad, su intolerancia, y la falta de consistencia de algunas de sus tesis.

 Sin embargo, no voy a dedicar esta columna a contestar críticas. De hecho, no habría escrito sobre estos temas si no estuvieran en juego propuestas que creo perjudiciales para toda la sociedad. Me refiero a la reforma de la “ley de cuota parlamentaria” y a la creación de la figura penal de “feminicidio”. Esencialmente, me preocupa el progresivo abandono del principio de igualdad (eje tradicional de la acción feminista) como criterio para la transformación de la sociedad. Sobre el feminicidio, precisamente, versará lo que resta de esta nota.

¿QUÉ ES EL FEMINICIDIO?

Si bien no se conoce todavía el texto legal que se pretende aprobar en Uruguay, es posible, a partir del derecho comparado y de las exposiciones doctrinarias sobre el tema, deducir las características de la pretendida figura penal.

 El “tipo” penal consiste esencialmente en “dar muerte a una mujer por su condición de mujer”. Comprende a los antes  llamados delitos pasionales (por celos, venganza, exigencia de continuar una relación de pareja, etc.), a los de motivación sexual y a los que responden a sentimientos de dominio, superioridad o propiedad respecto de la mujer. La nueva figura suele limitar la autoría del delito a los hombres (las mujeres no lo cometerían aunque mataran por los mismos motivos) e ir acompañada por un muy severo agravamiento de la pena, si se la compara con las vigentes para otros homicidios.

Entre los motivos para implantar la nueva figura se cuenta la supuesta “epidemia” de crímenes de violencia doméstica,  la conveniencia de “visibilizar” y “contabilizar estadísticamente” los casos de violencia contra la mujer,  la necesidad de aplicar métodos de investigación y criterios procesales específicos para este delito, y la conveniencia de emitir una fuerte señal política y jurídica sobre la violencia contra la mujer.

LA IGUALDAD EN CUESTIÓN

Admiro a la “Primera ola” del feminismo, a las mujeres que lucharon por el derecho de la mujer al voto y a la actividad política, las que pelearon por la igualdad de derechos civiles e individuales, las que reclamaron el acceso a los centros de estudio y a los puestos de trabajo. Las admiro porque su lucha estaba orientada –en sociedades muy duras- a establecer  el principio de igualdad entre hombres y mujeres en el ejercicio de derechos y en la asunción de responsabilidades. El mismo principio de igualdad que ha inspirado históricamente a todas las luchas emancipatorias, desde la liberación de los esclavos hasta las luchas obreras contra el capitalismo.

La principal objeción al feminicidio es que, siguiendo los criterios de nuevas corrientes del feminismo, abandona explícitamente el principio de igualdad y lo hace en un tema límite, en el que están en juego nada menos que el valor de la vida humana y la libertad de las personas.

No se trata de una acusación subjetiva. La concepción doctrinaria internacional, y la legal en los países en que la figura ya fue creada, es que la muerte de una mujer, cuando tiene relación con su sexo o género y es causada por un hombre, debe ser investigada y juzgada con otros criterios y sancionada con una pena mayor que la muerte de un hombre, o de un niño, o que cualquier otro homicidio.

 LA FALACIA DE LOS “ESTADOS DE EXCEPCIÓN”

La invocación de circunstancias excepcionales es una vieja justificación de soluciones autoritarias. Así, la dictadura militar justificó sus políticas liberticidas por la amenaza de “la subversión marxista que ponía en riesgo nuestra existencia como nación”. Hasta hace pocos meses, parte de la derecha uruguaya propició la rebaja de la edad de imputabilidad alegando que la caótica inseguridad pública exigía medidas extremas.  

El mecanismo adoptado para instaurar el feminicidio es el mismo: la idea de un peligro extremo (en este caso, la muerte de mujeres) que justifica la transgresión de la igualdad y de las garantías jurídicas.

El aumento de las muertes violentas en el Uruguay no se limita en absoluto a la violencia doméstica. Las cifras indican aumento de muertes en ocasión de cometer delitos contra la propiedad, por rivalidades en el narcotráfico, por conflictos vecinales, por ajustes de cuentas, en competencias deportivas y hasta por conductas irresponsables en el tránsito. Vivimos en una sociedad cada vez más violenta, en la que la vida humana está perdiendo valor. Probablemente la crisis educativa tenga que ver con el asunto y, seguramente, el tratamiento legal, policial y judicial de los casos no contribuya todo lo necesario a evitarlos.

La muerte violenta de hombres es estadísticamente más común que la de mujeres (cinco hombres por cada mujer).  Sin embargo, con buen criterio, nadie propone acrecentar la pena por la muerte de un hombre. Sería un despropósito y una injusticia. Lo que probablemente deberíamos hacer, en lugar de recurrir a histéricos aumentos de penas, es determinar por qué las normas jurídicas son ineficaces para proteger la vida y actuar con inteligencia y sensatez para remediarlo.

OTROS PROBLEMAS

Además del de la igualdad, la figura del feminicidio plantea otros problemas graves, que no podré más que mencionar aquí.

 Desde el punto de vista del mensaje social , ¿cómo convencer a un niño de que él es igual a sus compañeritas de escuela si debe aprender que, en el futuro, una agresión a cualquiera de ellas será castigada con más dureza que una recibida por él?

Desde lo preventivo, ¿de qué sirve aumentar la pena por un delito que se comete casi siempre en estado mental alterado, en el que el culpable no suele buscar la impunidad y muchas veces (casi 70% en el caso de los hombres) se suicida luego de cometerlo? ¿No habrá que orientarse hacia la protección efectiva de las eventuales víctimas en lugar de hacia el castigo a los victimarios?

Desde la política jurídica, ¿creemos realmente que el derecho penal y las salidas represivas son una solución para los problemas socioculturales?

Desde la técnica legislativa, ¿ignoramos que la figura del homicidio ya está penada y que la proliferación de leyes que regulan lo ya regulado no hace más que reafirmar la ineficacia de todo el sistema?  

Desde el punto de vista de los derechos humanos, el feminicidio, en varios de los países en que se lo ha instaurado, es castigado con penas descomunales y va acompañada por atrocidades jurídicas, como la irretroactividad de la ley penal más beneficiosa y la imposibilidad de libertad anticipada, que no se admiten para ningún otro delito.

Para concluir, el éxito de estas políticas “de género”, su aprobación por los gobiernos y los organismos internacionales, su recepción en las universidades del primer mundo, la luz verde y la financiación que le brindan las corporaciones económicas que controlan el planeta, ¿no deben hacernos pensar que en nada afectan a los intereses dominantes y que, por el contrario, tal vez distraigan la atención respecto de esos intereses?  

EL DEBATE PENDIENTE

Este tipo de reivindicaciones interpela a todos los movimientos emancipatorios, a todos los que luchan (luchamos) por una más justa organización social.

Es evidente que la igualdad formal es insuficiente para satisfacer las aspiraciones sociales de justicia. Pero, ¿es posible construir igualdad sustancial rompiendo el principio de igualdad formal o jurídica? ¿Acaso la igualdad sustancial no debe ser un “plus” que complemente y amplíe a la igualdad formal sin eliminarla?

¿Buscamos una sociedad más igualitaria o un régimen determinado por los reclamos y las conquistas corporativas de diversos grupos de presión?

 


Comments