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INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou: Joselo y Amodio

publicado a la‎(s)‎ 12 ago. 2015 14:12 por Semanario Voces

No los junto yo. Los juntaron los hechos y los tiempos mediáticos. Sus nombres disputaron –y disputan todavía- los noticieros y los titulares de los diarios. Uno tratando de reaparecer; el otro, de desaparecer.

Cuando Héctor Amodio Pérez llegó al país y dio su algo incoherente conferencia de prensa, hacía apenas dos días que se había difundido un video filmado en el “CEPRILI”, un centro de reclusión para menores de edad, dependiente del SIRPA.

En el video, se ve a dos jóvenes reclusos que rompen lo que parece ser la tapa de un desagüe y son luego reprimidos por un numeroso grupo de funcionarios del organismo (que estaban en el lugar realizando una asamblea sindical).  Los reclusos fueron arrojados violentamente al piso, pese a que estaban desarmados y no ofrecían resistencia, y, ya en el suelo, fueron golpeados por algunos de los funcionarios.

El video causó escándalo por dos razones. Una de ellas es que hizo innegable lo que todos sabemos y fingimos ignorar desde hace años: que en el SIRPA se maltrata y se castiga a los reclusos. La otra es que, entre los funcionarios actuantes, aunque sin intervenir directamente, estaba José Lorenzo “Joselo” López,  principal dirigente del Sindicato del INAU y vicepresidente del PIT-CNT.     

La opinión pública suele comportarse como los focos seguidores en los escenarios teatrales. Es un cono de luz que ilumina alternativamente una parte de la escena, dejando  en penumbras a las otras. Así, una mañana se concentra en una declaración del Presidente. En la tarde, se desvía hacia un crimen sangriento o hacia el romance de alguna estrellita de TV. Y a la mañana siguiente se focaliza en un discurso del Papa o en un partido de fútbol. Así de volátil y efímera es, o suele ser, la opinión pública, bombardeada a diario por cientos de noticias y acontecimientos heterogéneos que le llegan por TV, por la radio, o por internet.

¿Aprenderemos algún día a procesar de otra manera la información? ¿Aprenderemos a distinguir lo significativo de lo intrascendente? ¿Lograremos mantener en el “cono de luz” de nuestra atención colectiva a varios hechos conexos durante el tiempo suficiente como para interpretar a unos a la luz de los otros? A menudo pienso que lidiar con la información, aprender a interpretarla y a clasificarla, distinguirla de la publicidad y de la manipulación, es una materia que debería enseñarse en la escuela y en el liceo. De lo contrario, estamos inermes en este mundo.

En este caso, el video sobre el CEPRILI opacó en buena medida al paro general convocado por el PIT CNT, y luego estuvo a punto de ser eclipsado por las peripecias mediáticas y judiciales del retorno de Amodio.

Es altamente probable que la difusión del video sobre violencia en el ámbito del INAU esté directamente vinculada con el paro general. Es evidente que su flamante vicepresidente era –y sigue siendo- un flanco débil del PIT CNT. Y, no sé exactamente por obra de quién, ese flanco fue aprovechado. A la mañana siguiente, el tema de conversación no era el paro, que podía haber dejado mal parado al gobierno, sino el video, que dejó mal parado al PIT CNT.

Muchas reflexiones merece el  episodio. Por un lado, ¿por qué fue elegido para tan alto cargo sindical el representante de un sindicato públicamente cuestionado? ¿Cómo es posible que, aun después de difundido el video, las autoridades del PIT CNT hayan intentado cerrar filas para defenderlo? ¿Por qué, habiendo tantas denuncias administrativas sobre la actitud corrupta y matonesca de un grupo de funcionarios del INAU, los mandos medios, responsables de instalar o tolerar esa actitud, siguen en sus cargos? ¿Qué papel juegan los derechos fundamentales de las personas (y los tan cacareados “derechos humanos”) tanto para la cúpula sindical como para el gobierno?

Por otro lado, ¿alguien ignora lo que pasa en el SIRPA? ¿Cuántas veces es necesario que nos lo digan para que nos demos por enterados? ¿No bastaron las innúmeras denuncias públicas y administrativas formuladas por los abogados y los familiares de los reclusos y por funcionarios honestos del propio INAU? ¿Fueron falsas las declaraciones del sacerdote Mateo Méndez, se compartan o no algunas de sus propuestas, cuando renunció a su cargo en el INTERJ?

La otra gran interrogante es qué significa la verdad y la realidad en la vida pública. ¿Cuándo un hecho irregular debe ser admitido como real y debe generar acciones de las autoridades responsables? ¿Apenas el jerarca responsable toma conocimiento del hecho, por la vía que sea? ¿Cuando los rumores sobre la irregularidad trascienden? ¿Cuando la oposición se entera y denuncia? ¿Cuando los superiores del jerarca, en el gobierno o en el partido, lo autorizan a actuar? ¿O es necesario que las irregularidades aparezcan filmadas y ocasionen escándalo público para que haya reacción?

Poco a poco ha ido instalándose en el Uruguay la noción de “verdad política”. Es decir: los hechos no son hasta que un consenso político decreta que sean. Así, la marginalidad cultural no existe porque las estadísticas, diseñadas por la autoridad política, dicen que todos los indicadores nos dan mejor. Y la inseguridad pública tampoco existe; es un invento de la prensa, aliada a la oposición. La educación no está en crisis, porque, pese a la deserción constante, los alumnos siguen aprobando, aunque sea con niveles de exigencia cada día menos admisibles.

La “verdad política” está íntimamente relacionado con la “corrección política”. Se basa en la creencia de que la realidad depende de cómo la nombremos, de lo que admitamos y acordemos decir sobre ella. Es difícil concebir una idea más perversa, autoritaria y corruptora de la convivencia.

En ese contexto de paro general y video escandaloso, hizo su reaparición Héctor Amodio Pérez.

Confieso que, al principio, sentí que nada tenía para decirnos. Incluso temí que su aparición y su versión sobre el pasado ocultara el presente.  Más allá de su posible abyección (no ha podido explicar cómo él y su pareja recibieron la libertad y pasaportes para salir del país sin admitirse como traidor) creí que simplemente era una voz del pasado, que sólo merecía volver al olvido. Y digo al olvido, con humildad, porque nadie, desde la comodidad de sentirse libre y seguro, sabe cómo reaccionaría ante la amenaza de la tortura y de la muerte.

Después, me puse a mirar el asunto en su contexto. Y entonces recordé que, en general, todas las voces, aun las más abyectas, tienen algo que decirnos.

Amodio, más allá de sus incoherencias y de sus ajustes de cuentas, parece querer destruir una “verdad” políticamente construida, decirnos: “la realidad no es como se las contaron; yo no fui el único que falló; otros, que pasan por puros y buenos, hicieron cosas parecidas a las que hice yo”.

A uno le vienen ganas de ignorar sus palabras, porque vienen de alguien esencialmente no confiable. Sin embargo, miradas junto a otras cosas que pasan, pueden adquirir sentido. ¿Fue Amodio el único que habló y negoció? ¿Dónde se forjaron los vínculos que unen a algunas encumbradas figuras del MLN y del gobierno con algunas logias militares? ¿Cómo se explica la porfiada defensa de la impunidad militar y del olvido, hecha por esas mismas figuras hasta el presente?

Quienes no las sufrimos en carne propia, no debemos juzgar a quienes se enfrentaban a la tortura y a la muerte. Pero tampoco cerrar los ojos y creer en cuentos de hadas, poblados sólo por princesas y por brujas.

Un torturador es un torturador. En 1973 y en 2015. En un cuartel o en el INAU. Si alguna “verdad política” pretende ocultarlo tras un silencio consensuado, la realidad no dejará de ser lo que es. Y tarde o temprano se sabrá.

Lo del SIRPA, increíblemente, estalló más en la cara del PIT CNT que en la del gobierno, dado que la directora del organismo hizo la denuncia. Eso no deja de ser injusto, porque ha sido el partido de gobierno el que ha tolerado los atropellos que se practican contra los menores recluidos. Pero ahora es el PIT CNT el que está obligado a decidir si quiere ser una voz moralmente autorizada en el país o un engranaje más de la “verdad política”.

Nada personal tengo contra el Sr. Jose Lorenzo López. Pero su permanencia en puestos de representación del movimiento sindical, luego de intentar justificar el accionar violento de sus compañeros, daña a la credibilidad del PIT CNT y perjudica a la convivencia de todos los que habitamos el país.

Es necesaria una señal clara y el movimiento sindical deberá darla. En un sentido o en otro.          

 

 

 

 


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