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INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou: LA TAREA MÁS DIFÍCIL

publicado a la‎(s)‎ 6 abr. 2016 14:27 por Semanario Voces   [ actualizado el 6 abr. 2016 14:28 ]

Si las revelaciones que promete –o amenaza- hacer el asunto “Panamá papers” se confirman, es muy probable que una enorme oleada de desaliento recorra el mundo.

Al parecer, a través de una gigantesca filtración de documentos de un estudio jurídico panameño, se pondría en evidencia que figuras políticas de primer nivel, de distintos países y de muy diversos pelos ideológicos, estarían involucrados, al igual que ídolos deportivos, financistas y empresarios de todo el mundo, en maniobras financieras con sociedades “offshore” para la evasión de impuestos y el lavado de dinero.     

La lista de personalidades políticas que se suponen directa o indirectamente implicadas es tan grande como sorprendente. El ex Rey de España, Juan Carlos de Borbón, gente del entorno del presidente ruso, Vladimir Putin, y del fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez, el primer ministro de Islandia (que habría comprado deuda de su país y renunció ante la proximidad del escándalo), el presidente de Ucrania, el presidente y un ex ministro chinos, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, Keiko Fujimori,la principal candidata a la presidencia del Perú, el novel presidente argentino, Mauricio Macri, posibles “testaferros” de Néstor Kirchner, políticos brasileños vinculados con el caso “Lava jato”, estudios jurídicos uruguayos y hasta conocidos dirigentes del fútbol de nuestro país.

El escándalo cae sobre un mundo, y particularmente sobre una América, muy golpeados por casos de corrupción. Todo indica, además, que involucrará a gobernantes de muy distinto signo ideológico, incluidas connotadas figuras de izquierda. En ese sentido, es muy probable que afecte, aun más, a gobiernos como los de Brasil y Venezuela, ya tambaleantes por las denuncias de corrupción, mostrando los destinos internacionales del dinero mal habido por funcionarios y gobernantes.

En el caso de Uruguay, es probable que salpique, al menos, a estudios profesionales con los que las autoridades del gobierno han elegido asesorarse para diseñar la ingeniería jurídica y financiera de grandes negocios que implican intereses del Estado.

Tras los sonados casos de casinos, PLUNA, ANCAP y el FONDES, a los que podría sumarse en cualquier momento el asunto de la regasificadora y sus dudosas adjudicaciones, el anuncio de los “Panamá papers” debe de haberle quitado el sueño a más de un dirigente político y a más de un integrante de los estudios profesionales habitualmente contratados por el gobierno. 

El asunto presenta al menos dos grandes aspectos para la reflexión.

UN MUNDO OPACO PERO INDISCRETO

Es usual pensar que las nuevas tecnologías nos exponen, a los individuos comunes, al control de los Estados y a la manipulación de poderosos intereses comerciales. Eso es cierto, las tarjetas de débito y de crédito, los celulares, los GPS, las computadoras y las redes sociales hacen que todos los rincones de nuestras vidas puedan ser conocidos y controlados por quienes tienen acceso a la enorme masa de información que resulta de esos objetos de los que nuestras vidas dependen más cada día.

Lo que no es habitual que se diga es que esas mismas tecnologías exponen también a los gobernantes y a los intereses económicos poderosos al potencial control de los individuos comunes.           

Sin duda, uno podrá preguntarse quién organizó esta especie de desnudamiento del mundo financiero secreto. Es posible que, como afirma el gobierno ruso, sea una jugada para atacar a Putin, en el marco del complejo ajedrez que juegan Rusia, los EEUU y Europa en Siria y en otros puntos política o económicamente neurálgicos. Sin embargo, lo cierto es que, en el proceso, quedarán a la vista manejos financieros de cientos de gobernantes, ex gobernantes, funcionarios, empresarios y figuras públicas de todo tipo. Y, sobre todo, quedarán expuestos algunos de los circuitos oscuros por los que circula el dinero en el mundo.

Como pasó cuando WikiLeaks difundió documentos reservados del gobierno de los EEUU, uno no puede saber con exactitud cómo y por qué, ni por interés de quién, se difunde cierta información. Pero el hecho es que la información evidencia mucho más de lo que cualquier operador deliberado pueda proponerse. Porque no sólo revela los secretos de quienes manejan el poder, sino que revela también los procedimientos de los que se valen quienes manejan el poder.

El mundo visible a la luz de estos vendavales informativos es oscuro, pero es también cada vez menos discreto. Ya no es tan fácil operar discrecionalmente desde las sombras, porque todo puede ser expuesto en cualquier momento por quien tenga interés en exponerlo.

PENSAR DE NUEVO

Aunque muchos no querrán verlo, los desnudamientos informativos, que ocurren cada vez con más frecuencia, revelan conexiones entre el poder político de cualquier signo, los intereses empresariales y las organizaciones financieras, entre otros.

Decodificar y digerir esa realidad nos llevará tiempo. Pero, si lo hacemos, no podremos seguir leyendo al mundo con la ingenuidad  de “buenos y malos”, de película de “cowboys”, con que lo hemos leído y pensado durante tanto tiempo.  Veremos que, quienes parecen enemigos irreconciliables, “izquierda y derecha”, “patronales y sindicatos”, “intereses materiales y poderes espirituales” a menudo no lo son tanto, y que quienes parecen aliados solidarios suelen no serlo. Para las personas comunes, es decir para quienes no poseemos poder político ni económico, la información, el conocimiento, es la única defensa contra la manipulación.

Por supuesto, quedan siempre zonas oscuras. Los efectos que causa el sistema económico dominante en el mundo, en materia política, social, medioambiental, cultural y militar, el papel de los medios de comunicación y de los ámbitos académicos en la ocultación o deformación de esos efectos y en la difusión de una visión simple y distorsionada de la realidad, según la cual, por ejemplo, el mundo avanza hacia un futuro de bienestar general de la mano de la tecnología, el libre comercio y la expansión de la democracia y los derechos humanos, no son todavía plenamente visibles.

No se trata tampoco de creer ciegamente en teorías apocalípticas. Pero todo indica que los instrumentos teóricos con los que se viene interpretando el mundo, al menos desde el Siglo XIX, están en crisis.

Por un lado, el dogma del crecimiento económico ilimitado, propio del capitalismo avanzado, comienza a agotar y a estropear los recursos naturales disponibles, al tiempo que no logra dar comida, agua ni niveles de vida mínimamente aceptables a millones de personas. Por otro lado, las utopías y las teorías pretendidamente “científicas” sobre “La Revolución” han fracasado, muchas de ellas cruel y miserablemente (basta ver la historia de los socialismos “reales” para confirmarlo). Entre medio, las salidas “progresistas” y las “populistas”, que pretenden combinar el modelo de desarrollo capitalista transnacional con buenas dosis de asistencialismo social y de demagogia a nivel nacional, se desmoronan una a una en medio de tremendas contradicciones ideológicas y lamentables episodios de corrupción.

Carentes de proyecto social propio, sometidas a decisiones económicas que se toman fuera de su alcance, sin una contextura intelectual, espiritual o cultural que compense esas carencias, las sociedades de los suburbios del mundo capitalista bordean la anomia y la falta de sentido; fingen tener una vida democrática y republicana, aunque vivan –vivamos- una parodia, y se dejan administrar por gerentes-políticos más o menos simpáticos que reproducen los dogmas y las políticas convenientes al modelo económico transnacional, mientras, en algunos casos, sueñan con acceder con sus “comisiones” a paraísos fiscales como los panameños.

Las miradas “prácticas” dirán que el problema se soluciona con medidas concretas: cambiar de gobierno, aumentar los salarios, aplicar mano dura contra la delincuencia, conseguir más inversión extranjera, mejorar la gestión, declarar nuevos derechos, dar más asistencia social, beneficiar a las minorías discriminadas, reformar la Constitución u obtener petróleo. Pero, ¿cuántos gobiernos han ascendido y descendido prometiendo esas cosas sin que cambiáramos sustancialmente?

Algunas de esas cosas son necesarias, pero no ocurren porque falta algo más, previo e indispensable. Falta un proyecto de sociedad, con valores y objetivos compartidos, que vertebre las políticas aplicables y las voluntades disponibles.

O, lo que es lo mismo, hace falta pensar teóricamente, de manera audaz, realista y a la vez creadora.

Si estoy en lo cierto, no son buenas noticias. Porque pensar de esa forma es una de las tareas más difíciles. Aunque sea imprescindible.       

 

 


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