Artículos‎ > ‎

INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou: Un perro nada diverso

publicado a la‎(s)‎ 6 jul. 2016 19:59 por Semanario Voces   [ actualizado el 6 jul. 2016 19:59 ]

El Ministerio de Educación y Cultura emitió, el 5 de julio, un comunicado en el que niega tener responsabilidad por la “Guía educativa sobre la diversidad afectivo sexual – Vestidos en el aula”, pese a que la presentación pública de ésta fue organizada por los “Centros MEC”.

“Ni el MEC, ni ninguno de sus organismos, –afirma el texto oficial- tuvo participación alguna, ni en la redacción, ni en la supervisión de los contenidos de la guía”. Y agrega: “Como la propia Guía dice en su introducción, es un material elaborado desde la particular perspectiva de Llamale H”  

Apenas leí el comunicado (antes de conocer la Guía) sentí que algo andaba mal. ¿Por qué un ministerio se deslinda de un documento que acaba de presentar públicamente? Muchos años de ejercer la abogacía me han enseñado algo sobre la mentira. A los mentirosos se los reconoce por gestos y ademanes, por cierta desviación de la mirada, por la postura corporal, por los tonos, a menudo demasiado enfáticos, y también por la forma de construir el discurso. En este caso, la clave está en la expresión “Como la propia Guía dice en su introducción”. Un comunicado oficial no debe reafirmar su credibilidad citando al mismo texto del que intenta deslindarse. Ofrecer pruebas o testigos de lo que se dice, antes de que alguien lo ponga en duda, es un típico recurso de mentiroso. El que dice la verdad y está seguro de ello, no ofrece testigos. Convence por su propia convicción.

Alertado por el comunicado y casi simultáneamente por llamados telefónicos de algunos docentes amigos, me puse a buscar la Guía. Y –otra extraña coincidencia- la encontré en la página virtual del INJU, organismo dependiente del MIDES.

Me voy a ahorrar una reseña de la Guía. ¿Recuerdan el manual de educación sexual que la organización “Ovejas Negras” había presentado al CODICEN? Bueno, en lo esencial, es el mismo perro casi que con el mismo collar.

Esta Guía fue elaborado por el colectivo “Llamale H”, dedicado al cine con una perspectiva homosexual. A través de juegos y actividades ya ensayados con alumnos de nivel primario y secundario, entre los que se incluye la exhibición del video “Vestido nuevo”, sobre un niño que va a clase vestido de niña,  la Guía pretende, en teoría, orientar oficiosamente a los docentes para que cumplan ciertos objetivos de educación sexual y, en particular, para que transmitan a los niños y adolescentes el respeto a la diversidad sexual. Sin embargo, todo el texto está centrado pura y exclusivamente en las identidades “LGBT” (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). No toma en cuenta a las identidades o modelos heterosexuales, salvo cuando los menciona como fuente de discriminación y se propone expresamente “Promover procesos de desnaturalización del heterosexismo y la heteronormatividad en los procesos educativos, de crianza y de vínculo entre pares” (pag. 77 de la Guía, al pie).

¿Qué clase de “diversidad sexual” puede promoverse si sólo se analiza y defiende la identidad homosexual y se ignoran, se “desnaturalizan”, o se consideran “sexismo”, a las identidades heterosexuales?

La tarea desnaturalizadora de los modelos de género heterosexuales se emprende bajo el presupuesto expreso –absolutamente ideológico y carente de toda evidencia científica- de que esos modelos son una construcción social arbitraria y que ninguna relación tienen con el sexo biológico de las personas.

Talleres inspirados en este concepto “desnaturalizador” se han realizado, según la misma Guía, desde el año 2010 en la Escuela Nro. 45, en el Liceo Nro. 14 y en la Escuela Técnica de Solymar Norte, experiencias, por tanto, hechas con alumnos menores de edad.

La idea de que los modelos de hombre y mujer heterosexuales son construcciones sociales arbitrarias, ajenas por completo al sexo biológico, es discutible y discutida, carece de toda prueba científica y está lejísimos de ser consensuada en la sociedad uruguaya. Por lo tanto, las autoridades del MEC, de la ANEP, del MIDES y del INJU no están autorizadas para promoverla ni para incorporarla en los cursos del sistema de enseñanza. Y mucho menos para hacerlo indirectamente, fingiendo que es iniciativa de una ONG privada con la que nada tienen que ver. ¿Desde cuándo una ONG privada puede instaurar políticas educativas sin el conocimiento y la aprobación de las autoridades de la Enseñanza?

A estas alturas, es necesario preguntarse qué papel juega el Estado en todo esto. Si es una iniciativa no oficial de una ONG, ¿por qué la ANEP permitió, en centros públicos de enseñanza, esas experiencias de “desnaturalización” que pueden resultar agresivas para la mayoría de los escolares y liceales que se identifican ya con los modelos clásicos de heterosexualidad? ¿Por qué los Centros MEC organizaron la presentación de la Guía? ¿Por qué el texto de la Guía está publicado en la página oficial del INJU?  ¿Quién, por qué, y en nombre de quién, autorizó que en el sistema de enseñanza se hicieran esos talleres y se introdujeran esos contenidos?

El asunto no es sólo un problema de discrepancias ideológicas o conceptuales. Entre adultos podemos discutir todo lo que queramos sobre esos temas. Pero, por el ámbito elegido y el procedimiento adoptado, lo que se está afectando es la laicidad del sistema de enseñanza, nada menos que en lo que hace a la ideología referente a la sexualidad. El mismo martes 5 me llamaron varios amigos y amigas docentes, indignados por ese mismo motivo. Y creo que tienen toda la razón.

Es paradójico que un proyecto que dice defender la diversidad sexual incurra justamente en lo que se le reprochaba al viejo sistema: poner el foco de atención en un único modelo de sexualidad, en este caso el homosexual, y desnaturalizar, es decir, negarle carácter natural, a los perfiles masculino y femenino característicos de la heterosexualidad. O sea: discriminación sexista, sólo que con signo inverso. 

Esta clase de procedimiento se ha vuelto habitual por parte de militantes de la “nueva agenda de derechos”. Enquistados en organismos del Estado –el MIDES es un ejemplo clarísimo- y con la soberbia que les da creerse amparados por las credenciales de lo “políticamente correcto”, promueven subrepticiamente políticas no discutidas ni consensuadas por la sociedad.  Pero en este caso se ha dado un paso más. Ya no basta con intentar introducir en la enseñanza contenidos sexistas de muy dudosa imparcialidad. Todo indica que, como el intento anterior de hacer lo mismo, el de la Guía de “Ovejas Negras”, había sido bloqueado por el CODICEN, esta vez se intenta introducirlo de manera supuestamente informal, aunque con el respaldo “bajo cuerda” de ciertas autoridades, para evitar el debate que sería justo y necesario dar.

Los docentes, los padres, y todos los ciudadanos, tenemos el derecho y la obligación de conocer y analizar los contenidos ideológicos que se imparten en los centros de estudio. Por eso, las autoridades que han promovido esta guía, o han permitido la realización de talleres con chiquilines escolares y liceales bajo esos parámetros, es decir la ANEP, el MEC y el MIDES, nos están debiendo al menos una explicación.   

  


Comments