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¿Izquierda emocional o racional? por Juan Grompone

publicado a la‎(s)‎ 17 abr. 2015 10:27 por Semanario Voces

Ha desaparecido físicamente Eduardo Galeano, un activo militante internacional de

  izquierda y un exitoso escritor de una pulida prosa que era  leída en todo el mundo con entusiasmo. Más allá de lamentar su pérdida se me impuso una curiosa interrogante: ¿cuál era la izquierda de Galeano? Esto no pretende ser un análisis de su obra sino una reflexión general sobre el tema de la izquierda.

 

No vacilo en calificar a su izquierda como emocional. Su literatura estaba construida con anécdotas que mostraban el heroísmo, la explotación o la maldad de los seres humanos. ¿Qué pretendía la izquierda de Marx?: una izquierda científica, o sea, racional. En las “Venas abiertas...” hay historias particulares, en “El Capital” hay números y hasta ecuaciones. He aquí dos caminos que se bifurcan.

 

Esta alternativa de la izquierda es histórica, siempre ha existido. En el Manifiesto Comunista se diferenciaba el socialismo utópico, de quienes proponían una sociedad basada en cooperativas obreras, y el socialismo de materialista, que consideraba una nueva visión de la historia. En el siglo 19 la alternativa era “capitalismo bueno” o nueva sociedad. El primero apelaba a la emoción de la fraternidad, el segundo al rigor del análisis de la economía. Era la oposición entre el socialismo utópico y el científico, entre la emoción y la razón.

 

A comienzos del siglo 20 nadie planteó mejor este dilema que Antoni Gramsci cuando realizó  enunciado voluntarista más preciso que conozco, en una de sus cartas desde la cárcel: oponer al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad. Delineaba así de una nueva manera este antagonismo: la voluntad, que es emoción, opuesta a la inteligencia, que es razón. Tal vez el mejor ejemplo de aplicación de la voluntad fue la revolución rusa de Lenin: la construcción de una sociedad nueva en un único país. Hoy sabemos que esta idea voluntarista fracasó, pero esto no desanimó a la izquierda emocional que inventó una nueva teoría de la historia para justificar el fracaso.

 

Años después Cuba regresó a esta polémica con enorme fuerza. La revolución no siguió el camino previo del socialismo real --la construcción de la industria urbana y la destrucción de las forma agrícolas previas-- sino siguió un camino opuesto. Fidel Castro sostenía que Cuba debía dedicar todo su esfuerzo a lo que hacía mejor, la agricultura, la producción de alimentos. Convirtieron a la isla en un paraíso del monocultivo, pero al mismo tiempo,  Che Guevara suministraba el contenido emocional de la revolución. Como caballero andante buscó difundir su ``hombre nuevo'' y su teoría del foco, una extrapolación de la Sierra Maestra. Eran dos claras afirmaciones de la voluntad y la emoción. La revolución cubana fracasó en la economía pero triunfó en la emoción y todavía hoy sigue siendo un soporte emocional para una gran mayoría de la izquierda internacional.

 

En el presente el “socialismo del siglo 21” de Hugo Chávez apeló nuevamente a la emoción. Prometía una nueva versión del socialismo que se diferenciaba del camino tomado por la URSS y por China, sin decirlo, por supuesto y sin explicar dónde estaba lo nuevo. Su prédica estaba destinada a despertar la emoción de quienes estaban desilusionados por la implosión del socialismo  de la URSS o de la paulatina conversión al capitalismo de China. Por cierto que tuvo un gran éxito y hoy se mira dentro de la izquierda (emocional) con desconfianza a quienes no creen en esta nueva versión de la vieja propuesta.

 

¿Qué propone la izquierda emocional? Propone combatir un enemigo perverso e implacable que es necesario destruir por todos los medios: el capitalismo. Su metodología consiste en apelar continuamente a  una emoción: el enemigo es USA y todo lo que hace; el “hombre nuevo” ha llegado y es el proletario soviético, el guardia rojo, el guerrillero de la Sierra Maestra o los camisas rojas del `` socialismo del siglo 21''. También lo fueron Tupac Amaru, los mineros del altiplano, los mártires de Chicago, los campesinos de Vietnam y tantos otros. Mañana habrá nuevos `”hombres nuevos” de otras latitudes, pelos y colores.

 

¿Qué propone la izquierda racional? Propone considerar al capitalismo como una etapa de la historia humana que se agotará, porque en su seno se desarrollará un enemigo que la destruirá como ha ocurrido con todas las sociedades anteriores. El capitalismo engendrará en su seno los gérmenes de una nueva sociedad. La tarea principal de la izquierda consiste en comprender este mecanismo y preparar la ilustración que conducirá a la sociedad  nueva. Las grandes revoluciones de la historia tuvieron siempre una ilustración que guió la construcción de la sociedad nueva: Agustín de Hipona y los primitivos cristianos, la Reforma y el parlamento revolucionario de Cromwell, Jefferson y los constituyentes norteamericanos, Diderot y la Ilustración en Francia, para citar algunos ejemplos conocidos.

 

No cabe duda que la izquierda emocional es mucho más numerosa que la racional. Es más fácil odiar al Gran Satán que entender la ley de beneficio decreciente. Es más sencillo proclamar que la fraternidad ha llegado y el “hombre nuevo” está aquí presente que explorar nuevas relaciones de producción. Es más fácil agitar banderas que agitar ideas. Es más fácil destruir que construir. En definitiva, Marx viene perdiendo frente Fourier, Proudhon y Lenin.

 

De más está decir que siempre he pertenecido a la izquierda racional y eso me ha llevado muchas veces a enfrentarme con la izquierda emocional y, casi siempre, a perder.


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