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JUSTICIA DEMOCRATICA Por Pablo Ney Ferreira*

publicado a la‎(s)‎ 17 dic. 2012 3:22 por Semanario Voces
 
 

El tema de la Justicia aparece muchas veces como algo intocable, como un lugar en donde no se puede entrar ni proponer nada si por lo menos no se posee un hermoso título de abogado. Es que parece que esta poderosa corporación se ha tomado en serio las recomendaciones, que un poco ingenuamente, nos propuso el genial Max Weber hace unos 100 años, en donde mencionaba a esta profesión como la más adecuada para dedicarse a la política.

No es que tenga nada en especial en contra de los Abogados (de hecho buena parte de mi familia ostentaba con orgullo aquellos enormes y bellos títulos que otorgaba la Universidad de la República), pero es que a veces me canso un poco de la pedantería que muchos de ellos llevan consigo cuando tienen que hablar con nosotros los humildes profanos. Siempre me acuerdo cuando un conocido abogado penalista se sentó a mi lado en un Bar, y sin conocernos comenzamos a hablar de varios temas. Todo venía muy bien hasta que salió a colación un tema que tenía que ver con la política. Nuestro héroe leguleyo, comenzó entonces a explicarme desde el Olimpo de la sabiduría más absoluta de qué se trataba esto de la política, diciendo cada disparate sublime, pero aclarando cada vez que afirmaba alguna tontería fantástica, que lo que decía me lo afirmaba porque era un abogado. Yo por mi parte aseguré desempeñarme como ascensorista y me divertí un buen rato a costa de los horrores que decía mi casual compañero de barra.

¿Y a que viene esta anécdota?

Comencemos otra vez y se darán cuenta enseguida. Como el título del artículo lo indica,  me propongo ver un poco la situación de nuestro Poder Judicial y su relación con los principios democráticos.

Veamos, de los tres poderes de gobierno (según Jiménez de Aréchaga el poder del estado es uno solo, y la división tripartita es de gobierno) dos de ellos son electos directamente por el pueblo, pero hay uno de ellos que no es electo en forma directa, sino por uno una de las cámaras del Poder Legislativo: la Asamblea General, es decir por la unión de las cámaras de Diputados y Senadores.

¿Por qué digo esto?, toda la estructura del Poder Judicial depende de la Suprema Corte de Justicia que es el órgano supremo del mismo, y que designa a toda la organización de justicia, y como vimos ella es electa por la Asamblea General.

Ahora, ¿por qué no es electa la Suprema Corte de Justicia directamente por el Pueblo? Es una pregunta que nos deberíamos de hacer, pero sorprendentemente la gente toma esta forma de elección como un dato insoslayable de la realidad, y como está allí, debe de ser bueno.

Veamos cuales son los fundamentos en los cuales se sostiene esta elección de la Asamblea General: 1. Se evita la politización de la elección de un órgano absolutamente técnico, si lo hiciéramos de forma directa tendríamos que hacer elecciones 2. No podemos dejar que a un órgano técnico lo elija el Pueblo de forma directa ya que de ese tema, el pueblo no está capacitado para opinar. No posee la idoneidad técnica como para elegir a los jueces, idoneidad que solo poseen los abogados.

Vamos con el primer fundamento. Si los candidatos son elegidos por los representantes de los partidos políticos –o sea por la Asamblea General, un organismo eminentemente político - me parece absurdo pensar que estos los elijan solamente teniendo en cuenta aspectos técnicos,  ya volveremos sobre esto. O sea que el que los elijan los representantes o el electorado directamente no elude la politización.

Si, es cierto, tendríamos que hacer elecciones para elegir a los integrantes de la Suprema Corte de Justicia. Si se quiere evitar que los partidos intervengan en la publicidad de los candidatos, se hace una elección aparte, o se prohíbe a los partidos políticos expedirse en forma abierta sobre los candidatos, cosa que no estoy muy seguro si es buena o mala, habría que pensarlo. En caso de que no lo hiciéramos dejaríamos la elección en manos de las corporaciones de jueces y abogados, y alejaríamos al pueblo, representado por sus partidos políticos del proceso de deliberación, dejando al electorado solo la chance de su elección. Son cosas a pensar.

 

Pasemos entonces rápidamente al segundo fundamento. El tema de la idoneidad.

Si consideramos al pueblo apto para elegir a sus gobernantes, no veo por qué no deberíamos considerar que sea capaz de elegir a los que deben dirigir la administración de la justicia.  Esa es una cláusula democrática esencial, si consideramos que la gente no debe elegir a nuestros gobernantes porque no está capacitada, bueno, entonces transitamos en una dirección marcadamente elitista, que puede ser una alternativa, pero que en todo caso no es la que yo estoy dispuesto a defender en mis notas. Cuanta más participación se le pueda dar al pueblo en los asuntos comunes, más democráticas serán sus instituciones.

Pero veámoslo de otra manera, hagamos de cuenta que somos unos elitistas empedernidos y que creemos en las elecciones de los sabios, y que consideramos que el pueblo solo tiene que aprobar que si o que no algunas cosas, y elegir de entre los sabios para que los gobiernen. En ese caso, me parece que también estamos en problemas.

Considerar que la Asamblea General es un organismo idóneo para elegir a los jueces que deben integrar la Suprema Corte de Justicia, me parece que presenta algunos problemas importantes. Que un panadero, un médico, un historiador, un productor rural, un profesor de matemáticas, un pintor, o un ingeniero de sistemas, un arquitecto etc… integrantes todos ellos de la Asamblea General, son idóneos para elegir entre jueces que son postulados para integrar la Suprema Corte, no tiene mucho sentido. A los sumo, y con mucho optimismo lo serán sólo los parlamentarios que son abogados. O sea que la mayoría de los representantes seguramente optan por dos cosas cuando deben de elegir a la Suprema: 1. Por favorecer a los que les recomiendan los abogados amigos de su partido 2. O elegirlos porque son simpáticos, por su color de piel, por el barrio en que viven, porque son de su mismo equipo de futbol, por su trayectoria, por su ideología o por cualquier otra cosa, menos por su idoneidad. Tengamos en cuenta que cualquiera de esas cosas la puede hacer cualquier ciudadano común.

En los EEUU el 87% del Poder Judicial es electo directamente por el pueblo, incluyendo la mayoría de las Supremas Cortes de Justicia de cada estado federal, en Japón, sucede también un fenómeno similar. En el Uruguay, el pueblo no elige ni a uno solo, salvo a la Cámara de Senadores cuando actúa como tal.

Este reclamo estaba presente en el punto 39 del primer programa del Batllismo, de 1922. Me parece que es un tema a discutir, y sobre todo, no me parecen sólidos los argumentos que se presentan en contra de que los jueces sean electos por el pueblo en lugar de por sus representantes.

En suma, un tema polémico, y la intención de esta nota es de por lo menos, intentar avisarle a la gente que hay una manera mucho más democrática de elegir el Poder Judicial, y que es posible hacerlo.

 

*Candidato a Doctor en Ciencia Política Universidad Complutense de Madrid

 

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