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KERMESSE DE MACANEO Por Ignacio de Posadas

publicado a la‎(s)‎ 23 jun. 2011 13:53 por Semanario Voces
 

 

 

Capaz que muchos ya no saben lo que es una kermesse.

Pero en cuanto a macaneo, vamos camino al Guiness.

El último brote epidémico vino con la inspiración tributaria del Presidente, que amaneció un día con la chispa de gravar al campo.

Como no había chequeado la idea con nadie (más allá de quien se la pasó) y como era una tema totalmente hors d’oevres, como decía un chacrero de Melilla que la daba de culto, el batifondo fue regular. Por lo que había que inventar argumentos rápidamente.

Primero fue la fórmula mágica: “El que rompe paga”. Como tantos slogans políticos, suena bien la primera vez. Sólo la primera vez.

¿Quién rompe? ¿Quién rompe más? ¿Qué vinculación puede haber entre la cantidad de hectáreas y la capacidad de romper? ¿Porqué los propietarios rompen y los arrendatarios no? ¿Quién rompe, el productor que vende ganado o el frigorífico que levanta el ganado y vende carne?

Pero además, si encima de toda la plata que le estamos dando al Estado, todavía hay que arrimarle más, por qué no cumple con su función, El MTOP, por ejemplo, ¿para qué sirve? Cuando hicieron los últimos dos Presupuestos, no sé cuantas Rendiciones (con ingresos records), ¿no pensaron en las necesidades de infraestructura?

Quizás por todas esas razones y otras más, que demuestran el absurdo de la inspiración tributaria primigenia, o por los esfuerzos de integrantes del gobierno que, enterados por la prensa, salieron a tratar de amortiguar el disparate, se cambió el trolley y apareció (siempre en defensa de la trovata impositiva) otro intento de crear un digerible: hay que gravar la tierra porque es un bien finito y se debe combatir la concentración. El non  sequitur es igual o peor.

¿Cuál puede ser la vinculación necesaria entre la finitud de un bien y la necesidad o conveniencia de gravarlo? ¿Si lo gravo, deja de ser finito? La vida es finita, ¿le van a poner un impuesto a la vida?

¿Por qué es mala la concentración de la tierra? ¿Qué concentración? ¿Cuánto? ¿En manos de quién?

El vicepresidente, quizás en la desesperación de enderezar algo el barco, salió con la tesis de que el ideal es la agricultura familiar (siglo XXI!). Al último que le dio por eso fue al gobierno stalinista-musulmán de Tanzania, allá por los ’80. Murieron cientos de miles de hambre.

El Uruguay asiste a una revolución tecnológica y productiva en el agro, gestada por empresas de porte (y extranjeras), cuyo efecto beneficioso de demostración es reconocido por todos; el gobierno (éste y el anterior),  salamearon a cuanto extranjero con pinta de inversor les pasó cerca (o no tan cerca): ahora que están entrampados ¿le van a  poner los impuestos que les prometieron no ocurrirían?

Frente al macaneo de la idea (nuevamente, quizás en la desesperación por pincharla), algunos inventaron que gravar la tierra significaba cambiar las reglas de juego, pero gravar la producción no. Otro macanazo.

 

Y como la cosa no salía del patinazo, los compañeros de la orga vinieron al rescate con el argumento posta. ¡Qué tanto gre-gre: que paguen más los que tienen más! Y, ta. ¿Quién lo va a discutir? Hay que ser muy neoliberal para atreverse a contradecir este dogma, ¿no?

Veamos:

 

1º- ¿Quiénes son los que “tienen más”? ¿Más de cuánto? ¿Más de qué? ¿Más a qué altura de la vida? ¿Más con qué responsabilidades y obligaciones?

 

2º- ¿Quién decide eso de tener “más”?

 

3º- ¿No será que esos que “tienen más”, hace rato ya que pagan mucho más? Y, encima, reciben poco, muy poco.

 

Yo conozco personas, para poner un ejemplo, que pagan: IRAE, IPAT, IVA, IMESI, ICOSA, cargas sociales (a varias cajas), Contribución, Primaria, Tributos Municipales y algunas otras cosas más. Pero además, pagan por su seguridad, por su salud, por la educación de sus hijos, sus casas carecen de saneamiento, de alumbrado y de pavimentos como la gente, etc., etc., sabiendo además, que de lo aportado para su jubilación, van a ver apenas unos garbancitos.

O sea, re-pagan más y reciben menos.

Pero lo peor de todo, lo que sería el súmmum del macaneo, si no fuera indignante, está en el cangrejo debajo del argumento: “que paguen más los que tienen más”. Muy bien, concedámoslo. Si me dicen a quién va toda esa plata que pagan los que se suponen, tienen más.

¿Acaso va a los que tienen menos?

Cerca del 80% de lo que se le saca a los presuntos riquitos no va “a los que tienen menos”.

Hay que ser muy gil para dejarse embaucar en esta kermesse.

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