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La derrota ideológica que permitió el triunfo político Por Juan Carlos Doyenart

publicado a la‎(s)‎ 26 mar. 2011 12:22 por Semanario Voces

Cuarenta años es sólo un microscópico punto en la historia de la humanidad, pero casi toda la vida para una persona o una generación.

 

 Cuarenta años atrás, exactamente un 26 de marzo, nacía públicamente el Frente Amplio. Casi todas las fuerzas políticas de izquierda se unían en una misma expresión electoral más allá de sus diferencias ideológicas, que eran muchas. En aquel momento la creación del FA para muchos de los jóvenes (y no tan jóvenes) que estábamos allí el 26 de marzo implicaba una esperanza para todas aquellas aspiraciones de cambio social, económico y político aunque a través del túnel del tiempo uno pueda decir que muchos de los planteos del FA eran un total disparate. Ello era secundario, para las generaciones post guerra, aquellas que habíamos nacido en un mundo desesperanzado, corrupto y ferozmente dividido entre dos ideologías que habían establecido una guerra fría donde todo se nos presentaba como blanco o negro, que vivíamos en un país que nuestros mayores nos relataban como esplendoroso pero que nosotros vivíamos como bloqueado y desesperanzador, el FA implicaba abrir un nuevo camino, que no resultaba muy claro pero que emanaba aire fresco para nuestras aspiraciones de cambio. Porque el cambio, vale por sí mismo, más allá de sus propios contenidos.

 

Algunos de quienes integraban el FA creían que se estaba gestando la vieja idea de los Frentes Populares impulsados por la URSS, para otros era la alternativa democrática y pacificadora que se daban las izquierdas en respuesta al desgaste de los partidos históricos y de una trasnochada guerrilla que pretendía importar una revolución que nada tenía que ver con el Uruguay y, mucho menos con los uruguayos, mientras que para otros, el FA era un complemento de la verdadera revolución, que pasaba por la confrontación armada pero requería de los “frentes de masas”. Por el contrario el FA era la vía democrática, electoral, de cambio en paz, como tanto le gustaba decir a Seregni. Es cierto, que no sólo surge el FA en el 71, también desde un partido tradicional, conservador, históricamente atado a los intereses del agro, surge el “ferreirismo” que también supuso una alternativa de cambio democrático desde otra perspectiva. Si se sumaba el apoyo que tuvo el FA con el de Wilson, casi la mitad de los uruguayos querían ese cambio. Incluso alguno de los sectores que conformaban el FA estaban ideológicamente mucho más cerca de Wilson que del PCU o la guerrilla.

Esas tres visiones o interpretaciones de lo que se estaba gestando con el FA, en realidad convivieron poco tiempo. La dura realidad de las dictaduras militares que campeaban por todo nuestro continente también nos llegó, a sólo dos años de creado el FA. Luego de 40 años uno puede comprender que el cambio no vendría por el lado del socialismo, por el contrario ello nos hubiera terminado de hundir. Pero no debemos olvidar que en aquel momento existía una lucha por la Democracia contra los autoritarismos de ambos lados y que el Frente canalizó a la izquierda hacia la apuesta democrática. Como uno de los tantos actores de ese proceso soy un total convencido que la vida política del FA, igual, resultaría muy corta, la irrupción militar que coartó la vida de varios frentistas y no frentistas también permitió que aquella coalición –muy dividida- pudiera sobrevivir doce años, aggiornarse a las nuevas realidades y manteniendo su aureola de alternativa de cambio aprovechar el creciente descontento de los uruguayos y hacerse con el gobierno nacional con un apoyo electoral de más del 50%. Cuarenta años después se hace muy difícil reconocer algunos de los actores de aquellos tiempos que hoy sobreviven y ocupan cargos de responsabilidad muy importantes. Claro que en estos 40 años pasaron muchísimas cosas, tanto que estamos frente a una nueva era del capitalismo, tanto que si alguien piensa igual que hace 40 años (y los hay) debería trabajar sobre sus bloqueos sicológicos. Este 26 de marzo no estará Seregni, tampoco estarán tantos otros; el FA hoy es algo totalmente diferente a lo del 71, porque el mundo lo es. En realidad, de aquellas tres visiones originales, finalmente triunfó una de ellas, muchos de quienes hoy gobiernan perdieron una gran batalla ideológica para ganar la batalla política. Hoy el FA, en sus aciertos y en sus errores, es una fuerza política democrática, conciente que la libertad del hombre es tan importante como la igualdad.

 

 

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