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LA ENSIMISMADA CORPORACÍON DE MOMO Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 9 mar. 2012 3:36 por Semanario Voces
 

 

 

¿Se acuerdan de aquellos viejos versos?

 

“Murga es una golondrina

que en su romántico vuelo

barriletes de emoción

va remontando en el cielo”

 

Suenan ingenuos, ¿no?. Como hechos de satín azul y lentejuelas, de brillos falsos y azúcar pintado.

No es que sean mentira. De alguna manera, la murga sigue siendo una golondrina callejera que, en sus mejores momentos, eleva la emoción del barrio hasta bien cerquita del cielo. El asunto es que ya no es sólo eso (probablemente nunca lo fue).

La murga, el carnaval todo, ya no es lo que era.

No me refiero al dinero que se le invierte, ni a las empresas que  compiten por organizarlo, “esponsorearlo” y transmitirlo. Tampoco al megaestpectáculo en que se ha transformado el concurso del Teatro de Verano, ni al montón de programas de radio y televisión que medran y aportan, a la vez, con y a la cultura carnavalera. No me refiero siquiera a los complejos debates técnicos y luchas generacionales que han suscedido a las polémicas entre las murgas “de la Teja” y “de la Unión”, o al asunto de la “murga-murga” y los intentos, a menudo infelices, por renovarla. No hablo del papel formidable que jugaron las murgas y el carnaval en la salida de la dictadura, ni tampoco de la posible rivalidad entre las murgas clásicas y la “murga joven”

No hablo, entre otras cosas, porque no estoy calificado para hacerlo. En esos temas “toco de oído”. Los registro, nomás, como los registramos todos los que, desde hace varias décadas, nos damos una vuelta de cuando en cuando por el tablado y seguimos el concurso por radio o televisión.

¿De que hablo, entonces?

Hablo de algo que es más nuevo y que me sorprende año a año como espectador. Hablo de un cierto ensimismamiento del carnaval y de los carnavaleros, algo que se nota en particular en la murga.

En sus orígenes (según cuenta gente más vieja o que sabe más), la murga era una expresión irreverente del sentimiento popular y barrial. La parodia de un coro. Una voz un poco “terraja” (valga el anacronismo), y a veces un poco cruel,  que cantaba, reía, hacía morisquetas, criticaba y se burlaba de todo y de todos. Despreocupada de la “corrección moral” e ignorante de la “corrección política” (que todavía no se había inventado), “discriminaba” alegremente, parodiándolos, a las mujeres, a los gauchitos, a los homosexuales, a los judíos, a los “tanos”, a los “gallegos”, a los políticos, a los artistas y a cualquier minoría o mayoría que se le pusiera a tiro. Recién al final de la función, en la retirada, solía apelar a algún sentimiento ennoblecedor, y a menudo cursi, como el amor a los niños o el respeto a los ancianos.   

Años después –si no recuerdo mal, por fines de los años 60 o principios de los 70- empezaron a aparecer las murgas “comprometidas”. Las que hacían cuestión de mostrar un compromiso conciente con las causas populares, generalmente desde una perspectiva de izquierda.

¿Qué es lo nuevo, entonces?

Lo nuevo es que, desde hace pocos años, el propio carnaval es, cada vez más, tema del carnaval. Fíjense, en los repertorios de este año, ¿cuántas alusiones al concurso del Teatro de Verano hacen los conjuntos? ¿Cuántas canciones carnavaleras aluden al concurso o a la actuación en los tablados y al sentir del carnavalero en esas circunstancias? ¿Cuántas letras de murga incluyen referencias, satíricas o no, a los jurados, a otros conjuntos, a los presentadores, a los periodistas, a la vida del murguista?

Cabe preguntarse si el público entiende plenamente esas alusiones, o ¿si los murguistas cantan para sí y para sus colegas y rivales?

¿Es posible que el carnaval haya dado un nuevo giro y, como un estómago que se digiere a sí mismo, se haya tomado a si mismo como tema?

¿La murga, esa voz jocosa que antes miraba y cantaba burlona al mundo, al  país y al barrio, ahora se mira y se canta también a sí misma? ¿Metalenguaje murguero? ¿De la murga “en sí” a la murga “para sí”?

No hay en esto que digo ningún juicio de valor. El carnaval crece y se jerarquiza como expresión cultural. La murga deja de ser parodia satírica de otros géneros para convertirse en género artístico autónomo. Hay murgas que actúan todo el año y famosos murgueros solistas que venden discos y cantan en teatros y bailes. La murga cambia también su función. Se convierte en espectáculo artístico “serio”, por más que siga haciendo reír. Por eso, también, en algún lugar (¿nuevas murgas poco ortodoxas? ¿las murgas clásicas en una suerte de desdoblamiento? ¿otro género nuevo?),  habrá quien se burle de la naciente solemnidad del carnaval y del género “murga”.

Para terminar, me pregunto si ese ensimismamiento no es también expresión de una creciente tendencia nacional. La de encerrarnos cada cual en nuestro propio universo. La de priorizar la óptica y los intereses de la propia corporación. La de mirarnos el ombligo un poco más de la cuenta.

¿La del carnaval es una mirada autorreferente, o un saludable ejercicio de autosátira?

El tiempo lo dirá  Y perdonen los carnavaleros este atrevimiento de un simple espectador.

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