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LA ESTUPIDEZ ES CONTAGIOSA Por José Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 10 oct. 2011 9:35 por Semanario Voces
 

 

 

 

 

Entre otros elementos de juicio, el sólo hecho de ventilar imbecilidades y escribir esta nota demuestra el diagnóstico.

 

Bordaberry ha señalado reiteradamente que el gobierno acordó exonerar del nuevo impuesto a la tierra a “Montes del Plata”. Gratuitamente. Sin prueba alguna. Afirmado en su impunidad senatorial. Mostrándose como el fiscal de la Nación.

“Mientras los militantes del MPP pintaban muros combatiendo el latifundio, el gobierno firmaba un convenio secreto y confidencial, prometiendo a una multinacional que no se le pondrían impuestos” – declaró a El País-. Ventosidad mefítica.  Difamación e injuria. Actuación delincuencial. Miente más que puta vieja con novio nuevo.

¿Quién le hace los libretos? ¿Sanguinetti?

Con tono pausado sigue envenenando el ambiente. Dichos que perjudican al país sin llegarle al gobierno. Su deslealtad  compromete al Partido Colorado 

 

Por otro lado, los blancos, ensalzando el papel del Partido Nacional contra la dictadura, se reunieron en Casa de los Lamas. Hablaron: Heber, presidente del directorio, Carlos Julio Pereyra, líder semi rural del MNR y el previsible Gonzalo Aguirre,

Heber recriminó a los dirigentes tupamaros –sin nombrarlos- que “muchos jóvenes perdieron la vida” como consecuencia de la manija de instarlos a tomar las armas. 

Recordó el retorno de Ferreira Aldunate desde Buenos Aires, el 16 de junio del 84 (cuando ya el proceso cívico militar estaba retirándose). Lo acompañó en el barco. “Con un estado emocional, con un fervor partidario, con una rabia interna de que nos llevaran a Wilson preso (por su exclusiva voluntad), que si en aquel momento algún dirigente del Partido me hubiese dicho a mí, que era joven, impetuoso, con ganas de pelear, con rebeldía, me hubiese golpeado la espalda, me hubiese puesto un revólver y me hubiera dicho tirá, hubiese disparado”. (A todo correr, ¿no?). ¡Un chico tan bien!

 

A través de los años la estulticia nos penetra como plomo en campo minado. Privilegios/ pituquería/ buen pasar debilitan defensas. Sin darnos cuenta llegamos a ser lo que somos. Ningún cincuentón sospecha de lo que es portador y lo que, si le da por hablar de sí mismo, quiera o no,  llega a mostrar.   

 

Valoró que esa rabia “no fue aprovechada por los dirigentes mayores, que cuidaron mi rabia, que sujetaron mi impetuosidad, que no me dijeron tirá, y ahí no había democracia, era dictadura, más que justificada estaba”. ¡Cuanto nervio nervioso, bebé! ¿Adónde y a quiénes ibas a tirar? Hubiera sido batalla agua-tierra. A toda bala; a todo disparar. Uno contra todos. Cinematográfico. ¡De matinée!  “Hubo conciencia –siguió Pecos Bill- y yo quiero agradecer hoy a nuestros dirigentes del Partido, que si bien nos dieron el espacio en la clandestinidad, no nos dieron manija”.

Ración de insidia. Los buenos con los buenos y los malos con los malos. “¿Dónde está la responsabilidad de aquéllos que empujaron al abismo, que no sujetaron para canalizar las mejores energías?”.  

Complete el sueño del pibe, mijo: vaya a la Justicia y denúncielos.

Que no lo detenga ni la inoportunidad, ni el espantoso mal gusto de las comparaciones, ni la estolidez del recitado, ni que los empujantes sean hoy gobierno, ni que gracias a ello, los demás partidos participen en la administración pública, con equidad insólita en el país, ni el hecho de tener la batea al tope.

 

Está el olvido y el desolvido.

 

Escribí (Crónica desaforada, pág. 239): “Esta jugada de Wilson sí que no la entendí –y sigo sin entenderla-. Cruzada Libertadora no fue: vino con anuncio previo, en el vapor de la carrera y lo esperaba una multitud en el puerto. ¿Gesta revolucionaria?, tampoco; los que llegaron y los que aguardaban, quietos, más bien fiesteros, ni amagaron juntarse cuando la foto. ¿Detonante subversivo?, menos: todos eran gente bien, de orden, desinquieta –con alguna mano metida por ahí, en copas, quizá, bocachona sí, con un fierro en la sobaquera, puede ser,  pero, ¡ojo al gol!, sin ofender a nadie: gente re-pacífica y despeligrosa, por no decir oligarcona. ¿Entonces? No sé. ¿Se sintió intocable? No sé. ¿Acaso creyó que su sola presencia haría caer al régimen’ No sé. Es el único caso de un futuro preso que viene a entregarse, en excursión y con flor de alharaca. Después los blancos se quejaron  de que lo metieran en cana: ¡pero si viajó para eso!  Cero conmoción”.

Lincoln R. Maiztegui Casas estampó en Orientales,T. 4, págs. 809-810: “...cabe preguntarse si (Wilson) estaba equivocado y hasta qué punto. Los hechos demostrarían que, en lo inmediato, en lo coyuntural sí lo estaba (por notoria desubicación). Su retorno no provocó el estallido popular que había previsto”…  ¿Entonces? 

Luego, mentando una Historia con mayúsculas (palabras…, palabras) se menorea con la letra chica del sectarismo y la idolatría y, como queriendo anular el acto fallido de su prócer, nos introduce en el campo del ditirambo/ mito/ vacuidad insigne/ composición La Primavera –recurso en el que pueden incurrir aún los mejores, cuando chocan como contra un acantilado rocoso con la mera realidad-.     

 

Siempre una cosa trae la otra.

 

Oponerse, así como el evocar el pasado, tiene sus leyes.

Debe ser ruido con carozo.

La ira pasa y lo que fue sigue.

 “Sólo el silencio es grande, lo demás, debilidad”.

 

Abro la ventana. Entra el fresco de la mañana.

 

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