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LA GESTIÓN DE LA CRISIS DE 2002: EL CASO URUGUAYO (·) Nada para aplaudir Por José Manuel Quijano

publicado a la‎(s)‎ 16 sept. 2011 11:06 por Semanario Voces
 

 

 

 

 

 

 

La “crisis sistémica”  de Uruguay se fue gestando a lo largo del primer semestre de 2002. Lo que en un comienzo pudo ser una “crisis limitada”  a  tres  instituciones bancarias pronto se convirtió en una crisis que abarcó al sistema. 

 

Un breve repaso de los principales  acontecimientos, entre enero y julio de 2002, pone en evidencia que  durante 2001 y en el primer mes de 2002 los depósitos argentinos huían de su país y, en parte (10% aproximadamente) se   depositaban en Uruguay o se orientaban a la adquisición de títulos públicos uruguayos.

Tal como otras veces en el pasado, Uruguay era plaza de refugio.

Pero en febrero comenzó la corrida en Uruguay: salida de depósitos y venta precipitada de títulos; el valor de estos cae y el riesgo país se eleva. ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Cómo se explica este cambio  de conducta del depositante?

El inicio de la corrida se explica, principalmente por los siguientes factores:

·        Persistencia y magnitud de la crisis argentina, más severa que  las crisis  anteriores

·        Fin de la convertibilidad decretada a comienzos de enero de 2002 

·        Serios problemas de liquidez en Argentina, por el “corralito”, que llevó a  depositantes de ese país en Uruguay a retirar depósitos

·        Serios problemas de tres bancos radicados en Uruguay pero expuestos en títulos públicos y privados argentinos

 

De limitada a sistémica

 

La gestión de la crisis  que realizó el gobierno de Uruguay   contribuyó, de manera  importante,  a  que  tomara un ritmo incontenible y se transfigurara de “limitada” en “sistémica”.

En honor a la verdad, puede alegarse que desde el momento que comenzó a generalizarse la desconfianza de los depositantes argentinos, poseedores de algo más de  mil millones  en un universo de casi 15 mil millones de dólares (en diciembre de 2001), los días fastos de la plaza financiera estaban contados. Pero si hubo algo por hacer –  con excepción  de solicitar préstamos  al FMI tal como Argentina  el año precedente – el gobierno no lo hizo, mas bien  desacertó  donde metió mano.

Convengamos  que, en este caso,  la gestión tiene  los siguientes componentes claves: a) el diagnóstico de la situación; b) el tratamiento de la reactivación productiva y la solución del tema fiscal; c) el tratamiento del  dilema cambiario;    d) la asistencia y la capitalización de los bancos  en dificultades.

 

 El diagnóstico

 

  El equipo económico uruguayo  tuvo fuertes desaciertos de diagnóstico, al menos desde 1999. Esos desaciertos – y aquí se hace referencia tan solo a los más evidentes -  lo han conducido a una pasividad muy costosa. El desacierto inicial refirió a la devaluación brasileña de enero de 1999. El equipo económico  consideró  que la devaluación sólo tendría impacto en variables nominales y que la inflación interna rápidamente anularía los efectos reales de la devaluación.  Pronto se comprobó que ese diagnostico era equivocado y que Brasil  recuperaba competitividad cambiaria, pero ninguna medida correctiva (por ejemplo, acelerar el ritmo devaluatorio en Uruguay) fue adoptada.

 El segundo error de diagnostico  se refirió al  tipo y duración de la crisis que se inició en 1999. Argentina y Uruguay dejaron de crecer en ese año y no volvieron a hacerlo en los tres siguientes. Pero de manera reiterada, año tras año, se insistía en el carácter coyuntural de la crisis y se esperaba que la reactivación argentina arrastrara también, al alza, a la producción uruguaya. Nada de eso ocurrió y tampoco fue adoptada medida correctiva alguna.

 El tercer error de diagnostico, relacionado con el anterior, se refirió a la convertibilidad argentina: todavía a fines de 2001 el equipo económico uruguayo estaba convencido de que Argentina mantendría la convertibilidad razón por la cual no pasó por su imaginación  que estábamos en la puerta de una crisis cambiaria y bancaria (muy evidente desde que Cavallo redujo administrativamente las tasas activas y pasivas)  de enorme  magnitud

 

La reactivación y el  tema fiscal.

 

  Desde que se hizo evidente, a partir de 1999, que Uruguay no enfrentaba un descenso coyuntural sino una depresión prolongada, resulto también claro que los recursos fiscales  eran cada vez mas menguados y el déficit fiscal  tendía a ser mas agudo  a medida que el tiempo transcurría. Dos estrategias se plantearon, entonces, en el debate nacional.

Una primera, basada en el fundamentalismo fondomonetarista  y compartida por el  equipo económico uruguayo,  consideraba que era necesario recurrir a un ajuste fiscal para que las cuentas cerraran. Cada ajuste tenía  componentes, en combinaciones diversas, de más impuestos y menos gasto publico. El 13 de febrero el gobierno anunció  un fuerte ajuste fiscal y el 27 de febrero el parlamento  aprobó el primer  ajuste fiscal del año. .Pronto se vio que el ajuste no daba resultado, minando la confianza en el gobierno,  y el 28 de mayo el parlamento votó un segundo ajuste fiscal  de resultados tan inciertos como el primero

 El resultado ha sido que, realizado el ajuste, la producción se fue deprimiendo aun más en el periodo siguiente, lo que conducía al equipo económico a una curiosa reflexión: el ajuste anterior no había sido todo lo profundo  que las circunstancias requerían y había que insistir con un nuevo ajuste. En esta secuencia de ajustes el gobierno fue perdiendo credibilidad, fenómeno particularmente grave en el primer semestre de 2002.

 Una segunda  estrategia, desechada por el equipo económico pero apoyada en setenta años de reflexión económica y gestiones de crisis (y en la propia experiencia reciente de EEUU) insistía en que era necesario reaccionar ante la depresión prolongada otorgando concesiones de obra pública y fomentando la exportación. Incluso desde un enfoque meramente “fiscalista” sólo si se detiene la caída del  nivel de actividad y del empleo es posible sostener  la recaudación y aminorar el desequilibrio en las cuentas públicas. Uno de los hechos más sorprendente de esta crisis que asola a Uruguay es que, desde el año 2000, el gobierno uruguayo anuncia, de manera reiterada, que  esta a punto de llamara a licitación para concesionar obra publica y,  en casi tres  años, no lo hizo nunca. En cuanto a la exportación, otra sorpresa: en uno de los tantos ajustes para  corregir el ajuste insuficiente anterior el equipo económico propuso eliminar la devolución de impuestos indirectos a los exportadores con el argumento de que contribuiría a equilibrar las cuentas públicas.

 

El tratamiento del tema cambiario.

 

 Tres días después de que Argentina decretara el fin de la convertibilidad el gobierno uruguayo anunció, el viernes 4 de enero de 2002,  que la pauta cambiaria  se elevaba  de 1.2% a 2.4% mensual. La medida estaba destinada  a mantener una política cambiaria de adaptación gradual, en una economía fuertemente dolarizada tanto en los depósitos como en los créditos. Entre acelerar la devaluación (y obtener ventajas desde el lado de la competitividad exportadora) y ajustar moderadamente la variación cambiaria (evitando que los endeudados en dólares enfrentaran una situación insostenible y los bancos quedaran sometidos a un incremento de la mora), el gobierno optó, acertadamente en mi opinión, por este segundo camino, al ver que los bancos enfrentaban una crisis por salida de depósitos.

 Pero el 20 de junio, en un momento álgido de la crisis bancaria, y por presión del FMI (que no quería facilitar recursos para sostener el tipo de cambio)  el equipo económico modificó drásticamente  las expectativas  al abandonar la banda y la pauta cambiaria para dejar flotar libremente el  dólar.  Desde entonces  resultó evidente que la crisis bancaria se expresaría en los dos extremos: como  salida de depósitos, cuyo ritmo no se desaceleraba, y como  creciente dificultad para recuperar los préstamos concedidos en moneda extranjera

 

 La asistencia a los bancos. 

 

Varias instituciones recibieron asistencia del Banco Central  desde que comenzó la crisis. Los problemas de liquidez parecen haber sido bastante generalizados en la plaza y, en algunos casos, sobre todo en las instituciones con exposición en títulos y bancos de Argentina,  empezaron a sospecharse o incluso a ser evidentes, problemas de solvencia.  .

El primer dilema se planteó con el Galicia, un banco que nunca debió ser autorizado, cuyas sucursales uruguayas aplicaron en enero una extensión del “corralito” que operaba en el país vecino. La respuesta de las autoridades uruguayas consistió en remitir, al banco y a sus depositantes, a un acuerdo privado. Se puede afirmar  que ese fue el detonante que precipitó la huida explosiva de los depósitos de no residentes. ¿Pudo hacer el BCU otra cosa? No  hay una única respuesta a esa pregunta

El segundo dilema se planteó con el Comercial.  La exposición de ese banco en la plaza argentina  no debió haber sido tolerada por el BCU, al menos desde 2001 cuando la situación del vecino se agravaba a ojos vista. El BC estaba expuesto, sin hacer previsiones, en depósitos y títulos de la plaza argentina. Cuando el BC comenzó a derrumbarse el gobierno fue en su ayuda, violando las disposiciones banco centralistas pues la institución tenía patrimonio negativo. Después, se inició la negociación   con los  tres bancos extranjeros propietarios del BC para que capitalizaran a la institución. Se anunció en marzo, falsamente, que los dueños estaban dispuestos a capitalizar (y después se supo que no capitalizaron sino que, increíblemente, prestaron y en 2003 han iniciado un juicio al estado uruguayo reclamando la devolución del préstamo.

El tercer dilema fue el Banco de Montevideo, que a su vez acababa de adquirir, con autorización del BCU, al Banco Caja Obrera. El Montevideo estaba también muy expuesto (sin previsiones) en Argentina. El Banco Central, que venía prestando asistencia financiera al Montevideo, no actuó a tiempo para evitar maniobras fraudulentas de desvíos de fondos, maniobras de grave perjuicio para los depositantes  la sociedad. Después se supo s = como debió saberlo entonces el BCU = que ya en marzo los problemas eran muy serios pero eso no impidió que el Banco de Montevideo, engañando a la opinión pública, obtuviera el 25 de junio de 2002, en la calificadora Moodys, poco antes de ser intervenido, un “grado de inversión” a todas luces reñido con la verdad, ante la vista y pasividad de un BCU que, por decir lo menos, fue omiso.

En este marco, no es un tema menor los anuncios que realizó el gobierno respecto al sistema bancario, a los bancos en dificultades y a lo que las autoridades se proponían hacer con ellos.

En el primer semestre de 2002 el gobierno hizo anuncios y contra anuncios sobre los bancos gestionados que generaron confusión y gran desconcierto en la sociedad.  Estos  cambios en las reglas de juego – mezcla de  improvisación  y de imposición foránea -   tuvieron, sin duda, un efecto dañino sobre la evolución de la crisis bancaria y la generación de expectativas

 

Quizá la enseñanza mas relevante de este periodo triste de la historia económica del Uruguay es que la regulación mostró vacíos y, cuando la norma estaba disponible, en ocasiones no se aplicó; también es de señalar que algunos bancos, principalmente extranjeros, presionados por  el BCU, capitalizaron pero otros, incluidos tres extranjeros, optaron por maniobras dilatoria al borde de lo fraudulento; y no puede ignorarse que el gobierno prestó asistencia, en ocasiones con desatino y pasando por encima de sus propias normas, y aumentó el endeudamiento externo, intervino instituciones bancarias y se comprometió a devolver depósitos sin que, a la postre, lograra hacer honor al  compromiso.

 

Casi una década después de que ocurrieron estos hechos el sistema financiero uruguayo se ha recuperado parcialmente. El BROU, que fue afectado por la crisis y debió reprogramar los depósitos, ha recuperado la solidez y su papel activo en la sociedad.  Pero el sistema bancario  se mantiene  altamente líquido (82.1% de los depósitos a la vista) y sumamente dolarizado (73.2% de los depósitos en dólares) y lo que ha quedado de banca privada – toda extranjera – ha tenido un papel muy secundario en el financiamiento de la prosperidad del periodo 2004- 2011 como consecuencia de los precios internacionales de los productos primarios de exportación. No debe sorprender: un “espectro de liquidez” más  líquido  menos disponibilidad de crédito.   

 

(·) Este artículo es una versión corregida de una parte del trabajo del autor titulado “Algunas enseñanzas de las crisis bancarias recientes: el caso uruguayo.” Publicado en Investigación Económica, Vol. LXIV, 252, México,

 Ab-jun 2005

 

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