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Laguna, balsa, puente y Fukushima. Por Pedro Mosca

publicado a la‎(s)‎ 10 jun. 2011 6:29 por Semanario Voces


Si les digo que en Fukushima se van a olvidar de la crisis nuclear antes de que nosotros nos olvidemos del debate en torno al puente sobre la Laguna Garzón, me van a tomar por loco, y, lo que es peor, voy a entrar en el descrédito más profundo.

 

Acuérdense de Chernóbil, ¿quién se acuerda de la crisis del 86? Pocos, pero no deberíamos. Sólo entre a la Wikipedia, da escalofríos. ¿Cuánto tiempo hace falta para mitigar una crisis nuclear? ¿50 años? ¿100?                                                                                                                 De 1986 a 2011, 25 exactos años, hicieron entrar en razón al gobierno alemán para suspender el programa nuclear. Alemania se pone a la vanguardia de las decisiones razonablemente ecológicas, una vez más. Siguen ustedes sin entender qué tiene que ver con el puente sobre la laguna. Voy.                                                                                                                                  El viernes pasado me colé en la audiencia pública sobre el puente, calladito la boca. Digamos que pasaba por ahí. El espectáculo fue bastante curioso: conchetos y cajetillas enfrentados, unos por la tranquilidad, otros por la guita. Los rochanos, esperanzados de que el puente les traiga prosperidad y trabajo. Los fernandinos, esperanzados de que el puente les permita cruzar para seguir “puntadelesteando” la costa: buen negocio. A pocos les interesó la opinión de Vida Silvestre, que estuvo muy bien, muy objetivos a pesar de la pasión.

Puente versus balsa, un debate tonto.

El mal ya está hecho, con el plan de las lagunas ya se puede urbanizar. Poco importa si en puente o en balsa, que al final sólo van pautar la velocidad de ocupación. En balsa, más lento; por puente, más rápido. Pueden estar felices el arquitecto Olivera y sus socios, de Rocha: logró ponerle la lápida a lo que iba a ser un territorio liberado, sacándole presión a la inversión en la costa más norteña del departamento. Si había algún capital formalizado que quisiera invertir en Aguas Dulces, o en Punta del Diablo, o en La Coronilla, ahora va a esperar a que se cuajen las condiciones ideales para hacerlo en Las Garzas. Valdrá la pena esperar, es Punta del Este, en casa.                                                                                                                                                   Una pena que el debate se centrara en torno a puente o balsa: el tema era otro.                                  El espectáculo lo empezaron los ingenieros del MTOP. Como siempre, demuestran gran ignorancia y/o desfachatez en la materia (ya los habíamos encontrado a propósito de la perimetral, diciendo disparates). Gran argumento: dos accidentes en la historia de los cruces en balsa. No hablaron de los accidentes en las carreteras y los puentes (muchos diseñados por ellos mismos) que salen en los noticieros. Suponemos que por ser tan conocidos y difundidos por la prensa, lo consideraron innecesario. La semana pasada les comentaba justamente que Rocha está a la cabeza de muertos en carretera, récord nacional. Presentaron un estudio de impacto ambiental que haría avergonzarse a un escolar con su XO. Estos ingenieros andan con los boletines muy, muy vencidos.                                                                                                      Después vino Bervejillo, el as de los informes. Es un tipo capaz de convencer a cualquiera de cualquier cosa. Un “especialista”, siempre atrás de las causas del capital: torres, barrios privados, mega-shoppings, todo resuelve, siempre tiene un argumento para justificarlo todo. De prosa envolvente, aunque al final me aburrió, y a la platea también. Pero cuidado, es honesto, arrancó de la base del asunto, sin ambages: para urbanizar y ganar dinero, se puede ser “amable” con el ambiente. Textualmente, para él puede ser viable el desarrollo y el ambiente, si los inversores tiran alto, con chacras marítimas y barrios cerrados. Fortalezas para ricos. Las condiciones: una buena normativa, leyes que no se cambien, certeza legal. Nada de esto ha sido posible hasta ahora, no sé por qué lo será a partir del puente. El plan de las lagunas ya es                         malo (burdo, carente de detalle, excesivamente permisivo en materia de densidad y sin normas sobre trato del suelo, ni ideas sobre un trato paisajístico consistente), la tendencia municipal es hoy por hoy, de empeorarlo para la gente, y mejorarlo para los capitalistas. Pasa en Punta del Este, pasa en Montevideo, pasa en Colonia… ¿por qué no va a pasar en Rocha?              Después, que no te digan que no te avisé.

Después, y complementando porque algo siempre hay que agregar, las arengas de los políticos y los arquitectos. Ni los de Rocha, ni los de Maldonado, son confiables: ya han demostrado que cuando hay que tomar decisiones, toman las peores. El “chueco” Barrios no se pudo aguantar, y se mandó un discurso encendido defendiendo el trabajo de los rochanos y la certeza de lo indescifrable. A mí no me saldría tan lindo, pero no van a estar para demostrarlo. Estas cosas de lo urbano van más lentas de lo que una vida puede apreciar.

Afuera lloviznaba, y se me ocurrió lo del título. Cuando los japoneses estén recuperándose de Fukushima, los rochanos que hoy no nacieron van a estar pensando qué hicimos sus abuelos para estropearlo todo. El Cabo loteado, las lagunas puenteadas, los humedales desecados, la napa subiendo cargada de caca, la playa estropeada. Y lo menos visible, pero más jodido: el sistema destruido.                                                                                                                               Es que la depredación de la mancha urbana no se recupera, y minga que se mitiga. La urbanización no tiene vuelta atrás, sólo va para arriba, y sólo una catástrofe nuclear podría –eventualmente- pararla. Lo tenebroso de Hiroshima, es que hay gente que vive ahí, todavía.


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