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La inevitable rotación por Juan Grompone

publicado a la‎(s)‎ 16 nov. 2016 15:08 por Semanario Voces



 

En cuatro oportunidades, el 26 de febrero, el 6 de mayo, el 30 de septiembre en la radio y semanas atrás en Caras y Caretas anticipé y fundamenté el triunfo de Donald Trump por la rotación de los partidos. Por esta razón he recibido toda clase de argumentos y hasta una apuesta. Quiero compartir mis argumentos, especialmente luego de oír volteretas en el aire y tantas explicaciones que nada explican.

          La rotación histórica

En toda la historia de Estados Unidos las únicas veces que hubo más de dos períodos del partido Demócrata fue en 1829-1841 y 1933-1953. Una vez por siglo. En el siglo 20 influyó en la tercera y cuarta reelección de Roosevelt que el país estaba en guerra. A partir de ese momento se consagró el máximo de dos períodos del mismo presidente, lo cual ayudó a la rotación.

 

La rotación de partidos es habitual: cada dos períodos de gobierno de un partido gana el otro partido. Esto no es una peculiaridad norteamericana, es algo esencial para el capitalismo tal como veremos.

          Encuestas y politólogos

¿Por qué fallan los politólogos y las encuestas? El supuesto básico de las encuestas es que analizando un cierto número de individuos se puede predecir la conducta grupal. Este supuesto tiene dos grandes errores.

El primer error consiste en ignorar que el todo es más que la suma de las partes. También se puede decir que el aumento en cantidad (de individuos en este caso) termina por crear un cambio en calidad (el resultado en este caso), una ley de la dialéctica. Los científicos saben, desde el siglo 19, que la materia tiene una conducta más compleja que el movimiento de sus átomos y moléculas. Por esta razón existe la Mecánica Estadística, disciplina de la física aceptada universalmente recién a comienzos del siglo 20. Los politólogos terminarán algún día por aceptar la idea para las ciencias sociales.

Por mi experiencia de haber dado soporte de cálculo a muchos programas de elecciones de Luis Eduardo González sabía que él empleaba lo que llamaba “el olfato”. Una semana antes me entregaba un documento con el proceso de cálculo. Pero yo sabía que cambiaría varias veces algunos coeficientes de ponderación de la muestra. Llegó a cambiarlos el propio día de la elección, basado en su “olfato” y en las encuestas de boca de urna. De allí sus reiterados aciertos.

La predicción del ganador en Estados Unidos implica anticipar 50 ganadores, uno para cada estado, y en una elección de votación no obligatoria. Con algunos resultados parejos se genera un error grande en la composición del colegio electoral y esto hace muy errático el pronóstico final.

El segundo error ya lo había señalado Henri Poincaré, un insigne matemático francés de fines del siglo 19, cuando desconfiaba de los métodos estadísticos. Cito de memoria: “Los físicos emplean la estadística porque creen que es una teoría matemática, los matemáticos estudian la estadística porque están convencidos que sirve para la física”. Éste es el círculo vicioso que los físicos ya han superado pero que todavía confunde a los cientistas sociales.

Por todo esto, algunas veces fallan las encuestas y los errores (el discutible 3%) son mayores a los anunciados.

          Es la economía, estúpido

La tesis central de El Capital es simple, pero ha sido distorsionada muchas veces: la economía es la causa; la ideología, la religión y la política, son la consecuencia. No discutiré aquí esta idea, solamente la aplicaré.

 

En el capitalismo los partidos políticos tienden a clasificarse en izquierda y derecha.  Llamemos derecha a los partidos que priorizan el crecimiento económico y, por lo tanto, favorecen a empresas, empresarios y disminuyen los impuestos. Izquierda, por el contrario, son los partidos que priorizan los trabajadores, las obras sociales y aumentan los impuestos. Esta definición no tiene nada que ver con la idea de revolución anticapitalista del siglo 19.

 

Los Demócratas hacen obras sociales y aumentas los impuestos, los Republicanos encauzan la economía y bajan los impuestos. De acuerdo con la definición, los primeros son de izquierda y los segundos, de derecha.

 

Un largo período de gobiernos de derecha aumenta la riqueza pero no la distribuye. A la larga lleva a un estallido social. Un largo período de gobiernos de izquierda aumenta el bienestar social pero frena el crecimiento de la economía. Como el capitalismo no se suicida, éste es el fundamento de la rotación entre derecha e izquierda. Esto desmiente la conocida interpretación de la democracia: el acto electoral no premia o castiga al gobierno anterior; luego de un cierto tiempo, simplemente lo cambia.

 

En Estados Unidos la globalización le hizo perder millones de puestos de trabajo de la manufactura y éste fue el punto que aprovechó Trump (y el capitalismo) para forzar el cambio de partido. La decadencia general del imperio americano en lo económico y en lo militar fue el segundo elemento decisivo. De allí el lema: hacer USA grande otra vez.

 

Por esto, discutir el resultado por los aciertos o errores de una campaña electoral no es muy diferente de discutir el sexo de los ángeles.

          Globalización y sincronización

La rotación, unida a la globalización, crea un fenómeno nuevo: la sincronización de los ciclos. La rotación de los partidos en Estados Unidos es, promedialmente, de 8 años, dos períodos del mismo presidente. Ocasionalmente un presidente sólo dura un período. En el Reino Unidos la rotación es más larga debido al régimen parlamentarista y se encuentra alrededor de 10 años. Se pueden citar otros casos.

Aceptemos, como experimento intelectual, que los países capitalistas desarrollados rotan sus gobiernos con un período entre 8 y 12 años. Estos países determinan buena parte del comercio mundial. Como consecuencia los ciclos de liberalismo y proteccionismo comercial también alternarán con este período. Esto lleva a que sus países “satélites” o proveedores se vean forzados a sincronizarse con este ritmo. En la física esto se llama sincronización de los osciladores. Esto es lo que está ocurriendo en el último medio siglo.

La sincronización no es un fenómeno imperialista o de conspiraciones, es la economía nuevamente. Ya Marx en “El Capital” había empleado este concepto para explicar las crisis periódicas de la economía capitalista en el siglo 19. Hoy nadie duda de este ciclo económico de 10 años pero no se lo asocia al resultado de la política. Es bastante claro que el período de rotación de los gobiernos está determinado por el ciclo económico del capitalismo. Si se acepta que hay una vinculación económica entre los países capitalistas, podremos entender las rotaciones que están ocurriendo en el mundo.

Conclusión: cuando veas al “pato” Donald ganar, pon tus plumas en remojo.



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