Artículos‎ > ‎

LA INSEGURIDAD: ¿MODELO DE CONSTRUCCIÓN MEDIÁTICA? Por Wladimir Turiansky

publicado a la‎(s)‎ 13 feb. 2012 6:17 por Semanario Voces
 

 

 

No sé si la inseguridad es una sensación o si es el reflejo del auge real de la delincuencia y de su grado de virulencia, pero si sé, porque soy adicto a los informativos televisivos, que es una perversa construcción mediática, bombeada hasta límites intolerables por los informativos de los tres canales abiertos privados de la televisión uruguaya.

 

Al unísono, casi como el coro en el antiguo teatro griego, relatan el crimen del día, se regodean con él, recogen testimonios, todos los cuales, casualmente, dicen siempre lo mismo, reclaman siempre lo mismo: ¡el gobierno no hace nada, la policía no hace nada, el ministro no hace nada!. ¡Que renuncie, que se vaya! No importa que en ese mismo tiempo el ministro informe de los importantes cambios que se vienen operando en la policía, en el aumento de sus efectivos, de sus medios de transporte, en su armamento, en la modernización de su estructura. No importa que se convoque a conferencias de prensa para dar cuenta de esos cambios. A los periodistas que hacen la crónica policial poco les importa eso. Recogen el clamor desesperado del vecino agredido  Lo repiten un día y otro día, lo convierten en el tema, en el centro de la información.

Y atención, porque es nítida la intención de lo que de tal andanada informativa tipo crónica roja debe quedarnos como saldo y resumen: la culpa la tiene el gobierno, no cualquier gobierno, no los gobiernos anteriores en lo que pudiera corresponderles, sino precisamente estos gobiernos, el actual y el anterior, el de Pepe Mujica y el de Tabaré, es decir, los gobiernos del FA, a cuyos ministros del interior, desde José Díaz hasta el bicho Bonomi se los tilda de todo menos de servir para algo.  

 

¿Que por qué lo hacen?

Lo hacen porque los grandes medios de difusión masiva son funcionales a la derecha, son ellos mismos derecha, y se proponen contribuir desde su trinchera a la derrota del FA y su programa de progreso, de profundización de la democracia, de inclusión social  y de una más justa distribución de la riqueza generada por el trabajo.

Lejos de mi la ilusoria idea de que a través del programa, y solo con su aplicación consecuente, habremos de resolver el problema de la delincuencia. Siempre viene a mi memoria una frase de Antonio Gramsci en respuesta a cierto ideólogo del llamado ultra izquierdismo, quien cuestionaba y despreciaba todo aquello que no sonara a pura fraseología revolucionaria en la práctica cotidiana del gobierno que emergiera de la revolución rusa de 1917.

“Para la revolución escribió Gramsci - son necesarios hombres de mente sobria, hombres que no dejen sin pan las panaderías, que hagan marchar los trenes, que surtan las fábricas con materias primas y consigan cambiar los productos industriales por productos agrícolas, que aseguren la integridad y la libertad personal contra las agresiones de los malhechores, que hagan funcionar el complejo de servicios sociales y no reduzcan al pueblo a la desesperación y a la demencial matanza interna. El entusiasmo verbal y la fraseología desenfrenada hacen reír (o llorar) cuando uno solo de esos problemas tiene que ser resuelto aunque solo sea en una aldea de cien habitantes.”   

Quienes sueñan y se entusiasman con la construcción, un día, de la sociedad del pan y de las rosas, y que hoy aportan su esfuerzo en tareas que parecen tan alejadas de aquel bello sueño, no harían mal en recortar ese texto y tenerlo a la vista cuando el desaliento pudiera invadirles.

De manera que la lucha contra el delito es también tarea de la izquierda en el gobierno, tanto como la lucha contra la miseria y la exclusión social. No es una obligación impuesta por la presión de la derecha. Al fin de cuentas la fortuna de los poderosos suele estar a buen recaudo en las cajas de caudales de los bancos. El delito golpea a los humildes, a los trabajadores, a los pequeños comerciantes, precisamente al pueblo, a cuyo bienestar va dirigido el programa y el accionar del gobierno frenteamplista.

Dicho esto, no es posible guardar silencio ante la hipocresía con que la derecha, sus medios de difusión masiva, y algunos dirigentes políticos puestos a su servicio manejan este tema. Olvidan que fueron gobierno y que fueron ellos los que de manera obsecuente aplicaron en el país el modelo económico neoliberal y las recetas del FMI, modelo y recetas que llevaron a la República al borde del despeñadero, y que hoy se repiten con tozudez digna de mejor causa en la comunidad europea. Y si alguien les recuerda a esos políticos ex gobernantes, estas verdades, pues se molestan, y airados exclaman: ¡el FA ya lleva 7 años en el gobierno!, dejen pues de hablar de la herencia de los gobiernos blancos y colorados!

¿Pero alguien puede pensar, con un mínimo de honradez intelectual, que es posible en 7 años revertir la herencia de 70?  ¿Es posible ignorar, fingir ignorar, que esos niños y adolescentes que sin reparo moral hoy asaltan, roban y matan, provienen de hogares arrojados dos y aún tres generaciones atrás a la exclusión, a la desocupación y la miseria, como producto de la crisis económica que la aplicación del modelo neoliberal descargó como una maldición sobre nuestro pueblo, y que alcanzó ribetes dramáticos en los comienzos del presente siglo? ¡Asuman su responsabilidad, señores, hagan su autocrítica, y podrán al menos tener derecho a llamar a responsabilidad al ministro del Interior, promover campañas por la rebaja de la ley de imputabilidad y demás instrumentos de represión que se les ocurra!

Pero recuerden que recién a partir del 1º de marzo de 2005 hubo en este país un gobierno, el de Tabaré Vázquez, que asumió la responsabilidad de hacerse cargo del daño que la política del Estado de la época provocó sobre casi un millón de compatriotas, y asignó recursos, antes destinados exclusivamente a cubrir las pérdidas de los bancos, para atender la situación de los más necesitados, con el plan de emergencia primero, con el plan de equidad luego, y con una política económica que posibilitara abrir cientos de miles de puestos de trabajo.  Aunque yo creo que sí, que lo recuerdan, y por eso uno de los ejes de tanta bambolla periodística va dirigida al olvido ciudadano de estas cosas.

Nuestra actitud, la del FA, la de sus dirigentes, la de sus militantes, es no vacilar en nuestra obligación de ejercer la coerción del Estado para la protección del pueblo trabajador, en su trabajo, en sus bienes y en su vida, pero al mismo tiempo contribuir a la memoria colectiva, señalar las responsabilidades de quienes hoy claman al cielo por el clima de inseguridad, clima que reproducen y amplifican los medios  de forma tan descarada que terminan por asquear. Como asquea, y dicho sea de paso, el modo como invaden las tardes montevideanas con tanta basura importada desde la vecina orilla por la chismopornografía de los famosos y famosas de aquel peculiar mundo del espectáculo.

Comments