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LA LEY DE IMPUNIDAD NO SE TOCA Por José Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 14 may. 2011 14:22 por Semanario Voces



Sucesivamente, y en breve lapso, la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional la ley Nº 15.848, de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado para los crímenes de la dictadura, y la Comisión  Interamericana de Derechos Humanos, conforme los tratados pactados por la República a nivel internacional, condenó al Estado uruguayo a inaplicar dicha ley toda vez que represente un obstáculo para investigar y castigar tales crímenes -fallo que es obligatorio cumplir-.

Con estos antecedentes, el Poder Ejecutivo puede y debe, por razones de legalidad, anular los viejos decretos de Sanguinetti y Lacalle que mandaron archivar los 88 casos presentados. No hay cosa juzgada en materia administrativa; la retroactividad ni se plantea; sólo importa adecuarse a la legalidad vigente en el momento que se verifique la falencia, haya pasado el tiempo que haya pasado. Sayagués básico, Maestro de todos los profesores que andan en la vuelta.

Pepe, ¿firmaste el decretazo anulatorio?; ¿qué estás esperando?; ¿qué te demora?; hace mucho que debió tomar estado público.

Además, tendrías que impulsar, ¡ya!, ¡anteayer!, un pronunciamiento de la SCJ sobre la inaplicabilidad de la Ley de Caducidad, en virtud del fallo de la CIDH y lo preceptuado por el artículo 239, numeral 1º, de la Constitución de la República, desde que a aquélla le corresponde: “Juzgar (…) en las cuestiones relativas a tratados, pactos y convenciones con otros Estados”. La SCJ seguramente declarará por esta vía, y de modo general para todos los jueces y todas las denuncias, futuras  la incompatibilidad del engendro 15.848 con los preceptos de derecho internacional sobre Desaparición Forzada de personas –convertidos en juridicidad interna merced a los convenios otorgados por Uruguay-, disponiendo, implícitamente o no, su consiguiente inaplicabilidad-.

No se trata de politizar la justicia, sino de aplicar el Derecho, a través de los órganos y medios competentes.

Mujica, indocto pero baqueano, ultra receloso con las empanadas jurídicas (para eso están los legistas, ¿no?; ¡consultalos!) y, desconfiado hasta de tu sombra, te quedás en las casas, arropado con las cobijas y el porrón, en lugar de salir a camperear. En esto no cuelan el papel de ´filósofo ni las quejas clandestinas. Sos “el que lleva el estandarte, mejor dicho, el que lo lleva”. El Presidente de la República. Lo quisiste. Lo conseguiste. (No escribí “jodete” por respeto institucional). ¿Y…?

Es preciso evitar que asunto serio y doloroso como pocos (“¿Yo qué le voy a decir a esa señora Luisa Cuesta?; ¿qué no me voy a ocupar de seguir buscando a su hijo?, se azoró Lucía Topolansky), devenga lucha sectorial y/o ley que interprete originalmente, mil años después, que “no”, significa “sí”. La impaciencia tendrá que sofrenarse. Ya se recurrió a la democracia directa, ¡y así nos fue! Faltan datos. Corazón caliente y cabeza fría. Neurocirugía al paso, mientras se va caminando, no es para  barras bravas. A esperar un nada más. Que se pronuncien los sabios en el trato con las normas jurídicas, fértiles en ardides y buenos juicios, que conocen las infinitas acechanzas de la ciénaga, y, libres de preconceptos, aventen –una impunidad que nos marca en el concierto de naciones. Los adversarios, la contra, también hacen su juego.

Tampoco se trata de torcidas injerencias. El Poder Ejecutivo tiene deberes que cumplir; la SJC tareas que exclusivamente le competen; el Legislativo ya sabemos qué; y el Frente Amplio, actuar cual fuerza política, seria, responsable, ajena a facilismos, que no se deja fagocitar por los que andan por ahí, canibaleando, ni envenenar por los fanáticos del curare en las cerbatanas que soplan. Si hay dudas, pongamos biombos entre los distintos ámbitos de decisión.

Estuvo bien Pablo Iturralde, diputado del Partido Nacional (era amigote de su padre; lo sigo recordando y queriendo mucho): “Quizás debamos pedir que los catedráticos vayan derecho a Colonia y Ejido”. Sí; que vayan todos (antes que la ignorancia incandescente de la manada salvaje  laude). Korzeniak. Risso. Pérez Pérez. Gamio. Cassinelli. Es algo verdaderamente riesgoso (para el concierto nacional). No será fácil desactivar la bomba. Importa que los doloridos no tengan razón.

Mientras el palo va y viene, el lomo descansa.

Después, la SCJ habiéndose pronunciado, las cosas más claras, semáforos en verde, llegarán las demandas de todos quienes deseen rendir tributo de verdad y justicia a los mártires –únicos agonistas de esta jodida historia-. Las graves violaciones a los derechos humanos y la desaparición de personas son delitos imprescriptibles. El artilugio se volverá tapera por inveterada inaplicabilidad.

Por ahora, la Ley de Impunidad no tiene por qué toquetearse. Ni hay tsunami con los plebiscitos –uno del miedo, otro impulsado por la tilinguería kamikaze de quienes aún creen que las consignas, así como así, mueven a la gente-. Paramos. Miramos. Escuchamos. Salimos del laberinto en que nos metió la puja de algunos, Toro Aburrido, Mandarina Agitada, Gran Jefe No Caca, por ser más macanudos, o sea, más combativos, coherentes y orgánicos que el resto de la indiada.

Las razones no se ladran. Las ideas no se improvisan. Las soluciones que afectan a un pueblo (los que si y los que no) requieren parsimonia y habilidad (jurídica y política).

 

Pepe, hacé lo que tenés que hacer, ocupate del hoy, que el mañana viene solo, y “lo que no tiene arreglo, ya está arreglado”. 


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