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LA MEJOR LEY DE PRENSA…Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 31 may. 2013 15:09 por Semanario Voces
 

 

Está a estudio del Parlamento el proyecto de ley de regulación de los servicios de comunicación audiovisual, presentado por el Poder Ejecutivo.

Nuestro país necesita regular numerosos aspectos de la comunicación audiovisual, en especial porque los medios que la realizan utilizan frecuencias de radio y televisión que son patrimonio común de todos, por lo que el uso que de ellas se haga interesa a todos y puede y debe ser regulado por la sociedad.

La concesión de las frecuencias, la admisibilidad o inadmisibilidad de la transferencia de las mismas, los contenidos que por ellas se emiten, los pagos y beneficios con que sus concesionarios deberían compensar a la sociedad por el privilegio que se les otorga, la disponibilidad de información veraz y, al mismo tiempo, la protección de la privacidad de las personas, las formas que adopta la publicidad y los límites a la concentración de medios de comunicación en determinadas manos, son todos temas de vital interés para la sociedad.

 

BIENINTENCIONADO PERO TÍMIDO

Este proyecto en concreto tiene una virtud importante: no está pensado para un gobierno en particular. Basta leerlo para percibir que sus disposiciones podrían ser aplicadas por gobiernos de muy distinto signo ideológico, sin que los opositores, fueren quienes fueren, tuvieran por qué sentirse constreñidos o amenazados.

Eso no significa que el proyecto sea perfecto, ni mucho menos. De hecho, desde distintas perspectivas ideológicas, pueden objetársele distintas cosas.

Por ejemplo, desde cierta perspectiva, que comparto, es un proyecto tímido y corto en lo que hace a la regulación de la concesión de frecuencias. De hecho, nada en él parece conmover a la antigua realidad uruguaya de que unas pocas familias controlen desde hace décadas las principales frecuencias de televisión y de muchas radios. Se dirá que  no existe la posibilidad o la voluntad política de modificar esa realidad. Puede ser. Pero esa es la realidad.

También puede objetarse que se conserve el dudoso derecho a heredar y a transferir las frecuencias. ¿Cómo es posible que se patrimonialice o se gane dinero transfiriendo un bien que es de todos?

Otro problema del proyecto, representativo de una tendencia difundida en la legislación regulatoria uruguaya, es el carácter declarativo y retórico de muchas de sus disposiciones y la creación de múltiples estructuras técnicas o burocráticas de control, lo que suele determinar que el sistema se vuelva lento o se obstruya por luchas o dudas de competencia entre los organismos encargados.

 

LOS CONTENIDOS

Sin embargo, la intención de este artículo no es analizar todo el proyecto.

Me interesa centrarme en lo que hace a la regulación de los contenidos que podrán emitir los medios de comunicación audiovisual.

En varios de los ciento ochenta y pico de artículos del proyecto, se insiste en prohibir la discriminación. Algunas veces el término “no discriminación” está usado en el sentido de asegurar que todas las personas puedan acceder a la información y a la difusión de sus ideas. Pero otras veces está usado como una limitante de los contenidos que pueden ser difundidos.

Así, el artículo 27, entre otros, prohíbe la difusión de “percepciones estereotipadas, sesgadas o producto de prejuicios sociales” en relación con la imagen de las personas. Y el mismo artículo prohibe también realizar cualquier clase de discriminación en razón de “género, raza, etnia, orientación sexual, edad, discapacidad, identidad cultural, estado civil, lugar de nacimiento, credo, ideología, filiación política o condición socio económica”.

Basta ver la lista de prohibiciones para saber que esa norma es inaplicable. Por ejemplo, impediría exhibir películas sobre la Segunda Guerra Mundial (en las que los nazis suelen ser estereotipadamente crueles y sádicos). Tampoco podrían difundirse contenidos ideológicamente marxistas, porque la idea de lucha de clases es claramente discriminatoria por razones de “condición socioeconómica”. Ni que hablar de las limitaciones que impondría a los materiales de tema sentimental o amoroso. ¿”La Ilíada”, “El Quijote” y “Ana Karenina” son suficientemente “no discriminatorios” en materia de género, raza, etc.? Me temo que no. ¿Y “La tía Julia y el escribidor”? ¿Y toda la obra de Onetti?

El carácter restrictivo –e inviable- de este aspecto del proyecto se acentúa cuando, en el artículo 31, encara la protección de los niños respecto a los contenidos mediáticos.

Ni violencia excesiva, ni sexo, ni drogas, ni narcotraficantes exitosos, ni truculencia, ni conflictos sociales o culturales pueden incluírse en los programas dedicados a los niños y adolescentes.

Ahora, ¿en qué mundo viven nuestros niños y adolescentes? ¿Acaso la violencia, el sexo y las drogas sólo los ven por televisión? ¿Qué pasa en la calle, en las casas, en los liceos, en los barrios? ¿Qué información reciben por internet?

¿Tiene sentido crear una burbuja mediática para frenar realidades de la vida que igual llegan por mil otros caminos?

 

DOS FORMAS DE PROTEGER

Hay dos maneras de proteger y protegerse ante ideas o conceptos considerados dañinos.

Una es la modalidad de la burbuja. Aislar al sujeto protegido del impacto de realidades o ficciones calificadas como impropias o perjudiciales.

Tratándose de adultos, esta modalidad es inadmisible. Es decir, limitar lo que puede exhibirse ante adultos es un acto de autoritarismo insostenible. Por eso, la pretensión del proyecto de ley de limitar contenidos mediáticos por su carga ideológica es algo que debería ser seriamente revisado. Por otra parte, ¿quién es el iluminado que puede juzgar cuándo un contenido es “políticamente incorrecto” para otros adultos? En realidad, el único límite a los contenidos mediáticos debería ser el Código Penal..

Tratándose de niños y adolescentes, la modalidad de la burbuja es inútil y a la larga perjudicial.

¿De qué le sirve a un niño o a un joven que los medios formales de comunicación le pinten un mundo de color rosa? ¿Qué sentirá cuando vea que la realidad es muy distinta y que lo aprendido en los medios no le sirve para nada?

Hay otra forma de proteger contra contenidos agresivos, malamente discriminatorios, o socialmente inconvenientes.

Es la modalidad de la inmunización. Funciona en base al mismo principio que las vacunas. Es decir, uno no se protege de los gérmenes aislándose de ellos. Se protege entrando en contacto con ellos y generando los anticuerpos protectores.

Traducido a medios de comunicación y a su relación con los menores de edad, la alternativa consiste en dejar que los niños entren en contacto con la realidad a través de los medios de comunicación y, al mismo tiempo, incluir en los medios y en los programas de enseñanza los conocimientos necesarios para decodificar los mensajes mediáticos e interpretarlos con cabeza propia.

Creo que el proyecto se equivoca al basar la protección a los niños (de los adultos ni hablemos) en la limitación de los contenidos que les son destinados. Más que limitar debería agregar. No decir “esto no puede tratarse en programas para niños”, sino “los niños deben tener acceso a estos conocimientos para poder manejarse con los medios de comunicación”. Porque existen formas adecuadas de comunicar a los niños aun los temas más complejos y duros

Lamentablemente, la “corrección política” tiende casi instintivamente a la prohibición.

Estamos a tiempo de que el nuevo proyecto no incluya algunos aspectos inadmisibles en materia de contenidos. Y sobre todo estamos a tiempo de seguir pensando en el tema, que no es otro que el de la educación y la libertad.

 

 

 

 

 

      

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