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La práctica puso a prueba la teoría Por Carlos Varela Nestier

publicado a la‎(s)‎ 17 jun. 2011 4:17 por Semanario Voces



 La izquierda uruguaya ha generado y genera valores culturales trascendentes que han impregnado nuestro sentido común como sociedad y han explicado los avances políticos que nuestro pueblo ha tenido en las últimas décadas.                                                                       Hace ya unos cuantos años  Antonio Gramsci sostenía que “ninguna ideología puede imponerse por la fuerza” aunque su voz se levantara en soledad en medio de un mundo que recorría un camino que iba en el sentido contrario a su definición. Además sostenía que para realizar un cambio ideológico profundo y duradero era necesario comenzar por la modificación del modo de pensar en la sociedad civil, a través de pequeños y progresivos cambios, realizados a lo largo del tiempo en el campo de la cultura.                                                                                                   La izquierda uruguaya desde mucho tiempo antes de la creación del Frente, recorrió esa senda,  sin la cual difícilmente se hubiese concretado el crecimiento de las organizaciones políticas y sociales que fueron generando nuevos valores que se contraponían con los que se establecían desde la hegemonía de los partidos tradicionales.                                                                             Más allá de las condiciones económicas y sociales que fueron deteriorando el predomino de blancos y colorados, si el pensamiento de izquierda con toda su escala de valores no hubiese ido ganando el espacio cultural de la sociedad uruguaya, el gobierno progresista aún sería hoy una ilusión.                                                                                                                                             Valores como compañerismo, solidaridad, participación, unidad, igualdad, honestidad, justicia social,  etc, fueron poco a poco asimilándose en la cabeza de cientos de miles de uruguayos y uruguayas con el concepto de izquierda y con la esperanza del cambio. No fue solamente mérito de los partidos y organizaciones sociales progresistas los avances en ese sentido.  El compromiso con las causas populares de referentes de la intelectualidad, la ciencia, la investigación y el arte potenciaron la incorporación de valores alternativos a los hegemónicos en la sociedad uruguaya.                                                                                                                          La herencia del pensamiento del primer batllismo fue un campo fértil para el desarrollo de una escala de valores progresistas, que supo capear los temporales de la dictadura cívico militar y de la embestida neo liberal de los 90 luego, de la caída del llamado socialismo real.                          La llegada del Frente Amplio, al gobierno primero de la capital y luego del país no ha significado un parate a la generación de valores pero  la dura experiencia de la práctica puso a prueba la teoría.                                                                                                                             Desde mi punto de vista, más allá de las sombras que acompañan toda peripecia humana, la izquierda en su gestión de gobierno avaló los valores culturales que gestó en el pasado y potenció otros vinculados con la ética de la gestión, la igualdad de géneros o la participación ciudadana a través de la descentralización, apostando a  ampliar y profundizar la democracia. Pero, el problema es si alcanza con unos períodos de gobierno para cambiar al país o la cuestión está planteada en el terreno de la cultura en la más amplia definición de la misma.(1)                      Hace ya unos cuantos años el politólogo Samuel Huntington sostuvo en un simposio internacional que “es la cultura y sus valores, más que la política, lo que determina el progreso de las naciones y del ser humano en general”                                                                             Nuestros gobiernos han sacado al país de una profunda crisis, han reducido la pobreza y la indigencia y han generado expectativas positivas en el futuro.  Eso se ha transformado entre otras cosas en un aumento del consumo que es bienvenido en términos económicos y de confort pero paradojalmente genera comportamientos y valores ajenos a los que siempre hemos impulsados.

Hoy nuestra sociedad sobrestimula el consumo y la propiedad.  Si hoy los ciudadanos son valorados más por lo que tienen que por lo que son como personas, si la apariencia o el poder muchas veces se convierten en valores superiores a la responsabilidad, ¿es porque no generamos valores, o porque los mismos no pueden oponer un modelo alternativo cultural, no político,  al dominante?                                                                                                                                     En el Uruguay ningún sector político de importancia se define como derecha, sin embargo podríamos llegar a la  conclusión de que nuestra gente vota a la izquierda pero piensa como la derecha. Entonces la  lucha por el futuro se manifiesta en el campo político pero se define en el cultural. Durante décadas nuestra izquierda creó condiciones para que sus valores prevalecieran, hoy aún es así, pero tal vez no sea suficiente.  La fuerza política tiene por delate el colosal desafío de superar las coyunturas para refrescar ideológicamente su capacidad de sostener en el tiempo los cambios que se han dado en las estructuras sociales y económicas de la sociedad, pero aún no en nuestras cabezas. Tal vez nos demos el tiempo y los recursos para ello. Tal vez.

 

(1)“La cultura…puede considerarse…como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social.  Ella engloba, además de las artes y las letras, otros modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las  creencias.”

 


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