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LA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA DEL GOBIERNO DEL PEPE Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 7 jun. 2012 15:49 por Semanario Voces
 

En las últimas elecciones nacionales, el electorado pareció haber emitido una voluntad bastante clara. Por un lado, el Frente Amplio seguiría en el gobierno. Por otro, adoptaría una inflexión ligeramente distinta a la del gobierno de Tabaré Vázquez. Lo que se dio en llamar “un giro hacia la izquierda y hacia lo popular”.

La elección de José Mujica como presidente parecía expresar muy bien esa aspiración. Con su pasado guerrillero, su imagen apaisanada y su jerga entre barrial y carcelaria, prometía la irrupción de un nuevo sentido común en la política. El sentido común del hombre y la mujer de pueblo, el sentido común del barrio y de la chacra. Ya no más políticos encorbatados que hablan “en difícil”, sino un presidente “como uno”, dispuesto a llamar al pan “pan” y al vino “vino”. Su énfasis en “el país productivo”, su contacto directo con trabajadores y pequeños productores, sus apelaciones al viejo taller y a la vieja chacra, hacían pensar que podría devolverle a la economía una escala y una cara humanas, ligadas al trabajo y al desarrollo del tejido social, tan castigado durante los años de neoliberalismo.     

 

¿GOBIERNO EN DISPUTA?

La primera sorpresa vino cuando, apenas asumido el gobierno por Mujica, se repartieron los ministerios y los cargos de confianza. Fue claro que la economía –toda la economía- quedaría a cargo de Astori y de su gente. Muchos votantes de Mujica tratamos de hacer de tripas corazón. “Bueno”, nos dijimos, “quedan muchas otras cosas; está la educación, las políticas sociales, la seguridad pública, la salud, la vivienda, el funcionamiento del Estado”.

La segunda sorpresa fue más lenta. Vino cuando, pasado uno y luego dos años del gobierno de Mujica, se vio que no había planes para ninguno de esos temas. Nada para la educación, nada nuevo en materia de políticas sociales, nada efectivo en seguridad pública… en fin… nada.

Mientras tanto, el equipo económico se mostró eficiente. Atrajo cada vez más inversión extranjera y le concedió cada vez más exoneraciones tributarias, más puertos, más zonas francas y más privilegios.

En síntesis, la economía profundizó su carácter conservador, plutocrático, oligárquico, mientras que el resto de la gestión de gobierno cayó en la inoperancia, la falta de planes, la mala gestión y el pésimo manejo de la institucionalidad.

En lugar del “giro hacia la izquierda y hacia lo popular”, hubo un giro hacia la inversión extranjera y hacia la ineficiencia.

 

LA RESPONSABILIDAD DEL PEPE Y DEL MPP

Al abandono de la economía y la incapacidad para introducir reformas en las áreas de gobierno que teóricamente conservan en sus manos, el presidente y su organización política le suman dos ideas y dos prácticas nefastas.

La primera es la idea –muy común entre ciertos cuadros del MPP- de que gobernar es asegurarse parcelas de poder, controlar cargos y espacios de la administración pública, aunque no se sepa muy bien que hacer con ellos y desde ellos.

La segunda es la noción –muy típica del Pepe- de que gobernar es mediar entre, y negociar con, los intereses reales que se mueven en cualquier área de la vida nacional.

Esa noción es particularmente peligrosa. Es decir, negociar con todos los intereses (buenos, malos y feos), y abrazar a todas las culebras, puede ser una buena estrategia cuando uno lidera a una organización clandestina. Pero, cuando uno es el Presidente de la República, hay ciertos intereses con los que no debe negociar y ciertas culebras a las que no debe abrazar. Más bien debería arrancarlos/as de raíz.

La lógica de negociador “realista” es peligrosa cuando se ejerce el poder. Porque termina legitimando a intereses que no se deben legitimar y haciendo que el país se llene de mafiosos “con patente”.

El Uruguay está hoy lleno de intereses y organizaciones inconfesables. Tenemos “capos y capitos” mafiosos en la policía, en el fútbol, en la salud, en la enseñanza, en el carnaval, en los taxímetros, en casi todo. Y varios de esos “capitos” dialogan y negocian directamente con el Presidente.

¿Nos hace bien eso como sociedad? Es decir, el hecho de que el Presidente no obtenga nada para sí en esas negociaciones (hasta ahora nadie tiene razones para dudar de la honestidad material de Mujica), ¿evita que esa práctica sea errónea y perjudicial para el conjunto de la sociedad? 

Tiendo a creer que no, que el poder político legítimo debe promover la transparencia y combatir a todas las formas mafiosas de poder. No por puritanismo, sino porque la señal que se envía a la sociedad es muy fuerte y esos malos ejemplos cunden y se reproducen.

 

TIEMPOS DIFÍCILES

Estamos en un momento crítico. Ya casi sobre la mitad de este período de gobierno, ronda en el aire la crisis económica mundial y aun no hemos dado ningún paso significativo en materia de educación, ni de seguridad pública, ni de solución para la marginalidad social y cultural, ni en cuanto a la reestructura del Estado.

¿Y qué ha hecho el Frente Amplio?

Sí, una elección interna. Varios meses de propaganda, cientos de miles de dólares gastados y cero debate en profundidad.

El resultado es a medias conocido. Votaron cincuenta mil frenteamplistas menos que en 2006. Hubo además un número –inconfesado hasta ahora, pero seguramente muy alto- de votos en blanco o anulados. Y el triunfo se lo llevó, hasta donde se sabe, una alianza del Frente Líber Seregni (es decir de quienes respaldan al equipo económico) con el Partido Socialista. Es decir un nuevo girito a la derecha.

Pero la cosa no termina allí.

¿Qué hizo el Presidente antes incluso de conocerse el resultado oficial de la interna?

Destituyó a dos o tres altos funcionarios del sector rival, empezando por un ministro exitoso que estaba claramente enfrentado a una conocida estructura mafiosoide.

¿Y qué hizo el sector rival?

En tanto festeja casi sin disimulo el triunfo pírrico que parece haber obtenido en las internas, pidió una entrevista reservada con el Presidente, tras la cual se hizo público que habrían acordado negociar de otra manera las destituciones futuras.

 

LOS DIOSES CIEGAN A LOS QUE QUIEREN PERDER

Es difícil imaginar una situación más desconcertante.

Mientras la crisis ronda y las encuestas demuestran la creciente insatisfacción de la población con problemas como la seguridad y la educación, las dos fracciones más grandes del Frente Amplio se enfrascan en una guerra intestina que parece consumir toda su atención y todas sus energías.

Echarle la culpa a la prensa, o a la derecha política, o a la izquierda extrafrentista, no ayudará en nada. Ellos cumplen su función. Pero este gobierno frenteamplista está más cercano a la implosión, es decir a la demolición por causas internas, que a la destrucción por causas externas. Lo que está comprometiendo su futuro es su propia incapacidad para satisfacer las demandas sociales y para cumplir los objetivos para los que fue electo.

 

 

 

 

 

 

  

 

 

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